La crisis del coronavirus

Los últimos en cuarentena: “Esto es peor que la cárcel”

Los mayores en residencias de Madrid soportan ya 90 días de un largo encierro que les está pasando factura

Mohamed Oulad, interno en la residencia de mayores de la Comunidad de Madrid Goya, el pasado 20 de mayo.
Mohamed Oulad, interno en la residencia de mayores de la Comunidad de Madrid Goya, el pasado 20 de mayo.KIKE PARA

Mohamed Oulad llama al periódico desde su residencia cerca del centro de Madrid para pedir auxilio porque ya no sabe a quién recurrir. “Me están matando poco a poco. Llevo aquí encerrado más de 80 días en la habitación y esto es peor que la cárcel”, dice con voz fatigada.

Vive en la residencia de mayores Goya, en una zona de la capital con tanto ajetreo de coches y peatones que parece haber vuelto a la normalidad a pesar de que estamos todavía en la fase 1 de la desescalada. Hace tiempo que niños, deportistas e incluso mayores que residen en sus domicilios particulares gozan de libertad, pero los ancianos en residencias son los últimos que siguen en cuarentena absoluta. Tienen totalmente prohibido salir a la calle y en muchos casos permanecen confinados en sus dormitorios.

A Oulad, de 72 años, la reclusión le ha afectado anímica y físicamente. Antes de la pandemia solía pasar mañanas y tardes fuera de la residencia, pero ahora le cuesta andar y se siente enfermo. Comparte una pequeña habitación en la cuarta planta de su residencia, un centro público de la Comunidad de Madrid. Tiene un balcón desde el que puede ver la calle Doctor Esquerdo. Desde ahí saluda con la mano, antes de relatar por teléfono a este periódico su padecimiento. No puede salir ni siquiera a los pasillos, así que pasa la mayor parte del tiempo tumbado en la cama escuchando la Cadena SER o Radio Nacional. La comida se la dejan los cuidadores en la puerta y como no tiene mesa en la habitación tiene que comer sobre la cama.

“Mis amigos me dicen que aguante, que ya queda poco pero yo ya estoy cansado de aguantar”, dice él.

El prolongado aislamiento está pasando factura a todos los mayores que han sobrevivido a la pandemia en las residencias en Madrid y por ello las asociaciones de familias han pedido un plan de choque para que sean tratados por profesionales. “Las residencias deberían tener un programa urgente de tratamientos con psicólogos y fisioterapeutas, pero en su lugar están recortando personal", denuncia Carmen López, presidenta de la asociación Ademaf.

Hijos y nietos no han podido visitar a los mayores desde mediados de marzo, cuando las autoridades regionales decidieron prohibirlas para frenar la expansión del coronavirus. En las videollamadas que han sostenido durante este período muchos han notado el grave deterioro. Como muchos trabajadores han caído enfermos, la atención ha empeorado. Virginia Viguera, una residente de 91 años en el centro Isabel La Católica-La Ventilla, fue ingresada en el hospital con graves úlceras en los pies. Durante días nadie le hizo los necesarios cambios posturales, según la denuncia que su hija Mayte Caballero ha interpuesto ante la Fiscalía. Su madre ingresó en el hospital el 11 de mayo.

“Cuando prohibieron las visitas dije que dios nos pille confesados. A ver lo que nos encontramos cuando abran”, lamenta Caballero. “Y mira, no tuve que esperar a la reapertura”.

La Comunidad de Madrid trabaja en un plan de desescalada para las residencias que contempla visitas de familiares a partir de la fase 2, según un documento visto por EL PAÍS. El plan de 14 páginas ha sido enviado a las residencias para que hagan observaciones.

Son ya 90 días de cuarentena desde que el 9 de marzo se cerraron las puertas y por ahora no hay visos de cambio. El documento de la Comunidad no dice nada sobre cuándo podrían salir a la calle los residentes no dependientes.

Hay familias que han sacado a sus mayores de las residencias a pesar de que en muchos casos son grandes dependientes y tienen escasos recursos para cuidarles en casa. Durante días, al principio de la crisis, esa escapatoria estuvo prohibida pero a finales de marzo la Comunidad y los centros dieron esa opción cuando ya estaban desbordados.

Oulad, que llegó a España desde Marruecos en los años 60, no tiene familiares en Madrid ni otra vivienda a la que ir. Una trabajadora de la residencia dice que es peligroso dejarles salir porque pueden traer el virus desde la calle. Por ahora no le queda más opción que seguir viendo la ciudad desde el balcón y esperar a que Madrid avance en su desescalada para recobrar la libertad.

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