Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

EL PSPV-PSOE quiere un congreso a la búlgara

Con el ‘abalismo’ desnortado desde la caída en desgracia de su referente Jose Luis Ábalos no existe una oposición interna organizada en el partido que pueda generar conflictos relevantes

El secretario general de los socialistas valencianos, Ximo Puig, durante el 40º Congreso del PSOE celebrado en Valencia
El secretario general de los socialistas valencianos, Ximo Puig, durante el 40º Congreso del PSOE celebrado en ValenciaMònica Torres

El acrónimo DAFO responde a las primeras sílabas de las palabras Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades. En origen, el análisis DAFO servía como instrumento de diagnóstico en el ámbito empresarial. Su implementación ayuda a clarificar las ideas para diseñar estrategias que garanticen ventajas competitivas, especialmente en contextos de incertidumbre.

Sus orígenes se remontan a la década de los años 50 del pasado siglo y a la Escuela de Diseño de la Harvard Business School. Con el tiempo, el DAFO ha ido ganando adeptos en otras esferas, como la política. Los profesionales al servicio de los partidos lo utilizan para definir tácticas y fijar mensajes que permitan a los líderes de los partidos desempeñarse con éxito en las turbulentas épocas de las campañas electorales. Se trata, en definitiva, de disponer de un mapa de vulnerabilidades y ventajas para poder responder de modo adecuado a los embistes del contrario.

La demoscopia que venimos conociendo en las últimas semanas perfila un escenario político de tremenda perplejidad, tanto en el ámbito nacional como autonómico. En resumen, lo que nos dicen los estudios sobre intención de voto es que el PP avanza insuficientemente, el PSOE resiste, C’s desaparece, Unidas Podemos busca oxígeno, y Vox se afana en atraer hacia su lado de la frontera a miles de indecisos. En la Comunidad Valenciana, el actor Compromís mantiene su suelo electoral con la incógnita por despejar de bajo qué fórmula y en qué compañía concurrirá a las próximas convocatorias electorales. Atención a la cita que el próximo sábado reunirá en Valencia, convocadas por la vicepresidenta Mónica Oltra, a destacadas dirigentes políticas. Convertida en nueva musa de la izquierda a la izquierda del PSOE, la participación en el acto de la también vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, da alas a la imaginación e invita a pensar que sí, que una nueva plataforma política empieza a definirse para pelearse los votos con el PSOE.

En este contexto, los socialistas valencianos celebrarán el próximo fin de semana en Benidorm (Alicante) su 14 Congreso. Una quisiera pensar que en los prolegómenos del gran conclave los responsables del PSPV-PSOE andan aplicando el método DAFO para presentar un informe de gestión y una hoja de ruta solvente con la que encarar lo que resta de legislatura autonómica. Pero, por las informaciones que nos llegan, están más aplicados, calculadora en mano, a sumar adhesiones de delegados congresuales para asegurarse un resultado tan exitoso —a la búlgara— como el que obtuvo hace unas semanas Pedro Sánchez en el 40 Congreso Federal del PSOE. ( “A la búlgara”: cuando en una votación se obtiene una mayoría tan abultada que solo se explica por una férrea disciplina de voto, dictada por la lealtad o por el temor a represalias. Ver resultados de los Congresos del Partido Comunista Búlgaro entre los años 60 y 70 del pasado siglo.)

Ximo Puig, presidente del Consell, será reelegido por aclamación en Benidorm secretario general de los socialistas valencianos, en ausencia de candidato alternativo; pero la prueba de fuego de la cohesión y unidad interna en torno a su figura radica en los avales que reciba el informe de gestión y el apoyo que suscite la nueva ejecutiva que designe. El 95 por cien de soporte que recibió la nueva ejecutiva federal del PSOE presentada por Pedro Sánchez ha situado a Puig frente a un listón muy alto. Cualquier porcentaje que se aleje de ese reconocimiento suscitará lecturas adversas para el barón socialista valenciano. Sus homólogos en otras autonomías también se han aplicado a ello, y ahí está el barón socialista castellano manchego, García Page, exultante de felicidad tras coronar su reciente Congreso regional con un respaldo del 99 por cien de los votos para su recién estrenada ejecutiva. A la búlgara.

¿Puede haber un voto de castigo a Puig? Puede. Todo dependerá de la habilidad de él y de sus propios para satisfacer los egos de quienes reclaman un reconocimiento presente —puestos en los nuevos órganos de gestión del partido— o futuro —presencia en las candidaturas electorales—.

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Con el abalismo desnortado desde la caída en desgracia de su referente, el exministro y ex secretario de Organización del PSOE Jose Luis Ábalos no existe una oposición interna organizada en el PSPV-PSOE que pueda generar conflictos relevantes. Pero sí existe una legión de descontentos —cada cuál por sus motivos— dispuestos a poner en valor la importancia de su voto si no son tenidas en cuenta sus aspiraciones. El incierto futuro electoral alimenta la inquietud.

Gestionados los egos y superado el Congreso, el PSPV-PSOE deberá poner en práctica el método DAFO y no estaría de más que se tuviera en cuenta el reciente barómetro del Consell dado a conocer hace unos días. Resulta paradójico que a los ciudadanos valencianos nos preocupe entre poco y nada la financiación autonómica —gran reclamo electoral socialista— y, en paralelo, destaquemos como los principales problemas de la Comunidad Valenciana el desempleo, la sanidad y la economía.

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