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‘Tenemos 17 años’: superficiales en las redes, sin filtros con los amigos

El CCCB ofrece un retrato colectivo realizado por y para jóvenes a imagen y semejanza del libro de los amigos de Johan van der Keuken

Ainara, Anna, Júlia, Berta, Àxel y Carla, en L'Hospitalet de Llobregat, por Sandra Vergara. © A Bao A Qu - Institut Bellvitge

Tienen 17 años, reconocen que son superficiales en las redes sociales, donde enseñan siempre la mejor versión de sí mismos; pero viven sin filtros con sus amigos, a los que consideran fundamentales en esta etapa de su vida. Este podría ser el único resumen fiable del retrato colectivo en el que han participado 300 jóvenes de Cataluña, Lituania y Rumanía, pero es que ellos mismos solo ven un rasgo que les une a todos: su edad. Sin prejuicios y sin premisas, los protagonistas de esta exposición, que se puede ver en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) hasta el 17 de mayo, exploran quiénes son, qué sienten y cómo ven el mundo a través de la fotografía, el cine y la palabra.

Nunca antes los jóvenes se habían retratado tanto como ahora, pero tampoco habían fingido al mismo nivel para lanzar una imagen idealizada de su vida. Tenemos 17 años. Un retrato colectivo viene a desmitificar esta etapa con la participación de 300 jóvenes que muestran sus rostros, sus habitaciones, sus barrios y sus amigos; pero también sus pensamientos, sus sueños, sus frustraciones y sus bajones, sin entrar en cuestiones políticas.

“Aquí no hay una proyección falsa, no queremos encajar, transmitimos quienes somos”, admitió Paula Quimbayo, alumna del centro Doctor Puigvert de Barcelona, el día de la presentación, un recorrido por todas las salas en el que una decena de estudiantes hicieron de guías. Axel Vicente, estudiante del instituto Bellvitge de L’Hospitalet de Llobregat coincidió con su compañera de proyecto en que dan “una visión más realista, no la que ofrecen los medios de comunicación”.

Ha sido un trabajo de muchos meses que no han hecho solos. Les han acompañado profesionales del cine y la fotografía, artistas y dramaturgos que les han enseñado a narrarse a través de la imagen. Además, han tenido como faro el libro que el director de cine y fotógrafo Johan van der Keuken publicó en 1955, con retratos de sus amigos de entre 14 y 19 años, cuando estaba en el último curso en el Liceo Montessori de Ámsterdam, y que se pueden ver por primera vez en Barcelona. Paralelamente, hasta el 4 de marzo, la Filmoteca de Catalunya ha programado un ciclo retrospectivo dedicado al cineasta.

Entre los profesores de cine estaba Jaume Claret Muxart, director de la película Estrany riu, con una narrativa a las antípodas de las que acostumbran a consumir los chavales de esta edad. Aroa del Amo, del instituto Doctor Puigvert, cuenta que con él ha aprendido que “el silencio puede expresar muchas cosas” y ha podido valorar un film muy personal, donde reconoce plenamente al que ha sido su maestro, con el que se ha dado cuenta de que la mayoría de audiovisuales que consume “son muy dopamínicos”.

Con una estética que recrea el mundo juvenil, en todas las salas hay colchones para que los visitantes puedan acomodarse para ver la exposición. Si en la primera sala los retratos en primer plano centran la mirada en la individualidad, después de un espacio donde se pueden escuchar conversaciones entre ellos y otro dedicado a sus dormitorios y los espacios que transitan habitualmente, los amigos lo son todo en las siguientes estancias del recorrido. Charlas en la playa, historias en el parque o confesiones a medianoche forman parte de esta captura generacional que no romantiza la juventud, sino que la muestra con sus altibajos.

La muestra, comisariada por la Asociación Cultural A Bao A Qu y la investigadora Érika Goyarrola, es el resultado de un proyecto colectivo que incluye dos instalaciones sonoras de Xavier Bobés y Albert Coma, un proyecto audiovisual de Martí Madaula, un mural de la ilustradora Núria Inés (Tintafina) y una película creada en el marco del programa Cinema en Curs, montada con Meritxell Colell.

Se cierra Tenemos 17 años con una instalación audiovisual, que se puede entender como una fiesta final con composiciones musicales de los mismos jóvenes, que han realizado acompañados por la escuela de música Xamfrà; y una pieza audiovisual creada por estudiantes del Institut de Tècniques Audiovisuals i de l’Espectacle. Aquí, la oscuridad se intensifica, la música se eleva y los visitantes pueden dejar su mensaje en una pared, igual como lo hacen en los baños de las discotecas. Como cantaba Cindy Lauper en los ochenta, no será extraño que muchos dejen ese lema de girls just want to have fun. A la vista está que la juventud sigue siendo, y que dure, una etapa de diversión.

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