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GABRIEL RUFIÁN
Opinión

No hay política catalana fuera del gran juego español

Gabriel Rufián, portavoz parlamentario de la izquierda independentista, ha desencadenado un movimiento en medio al heterogéneo y disperso espacio político

Charla sobre la unidad de la izquierda entre el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, y el diputado de Más Madrid en la Asamblea Emilio Delgado. En el centro, la tertuliana Sarah Santaolalla.Álvaro García

El pánico entre los partidos de la izquierda empezó a crecer cuando se vislumbró la posibilidad de que la persistente subida de PP y Vox lleve a las derechas a alcanzar mayorías de tres quintos en el Congreso y el Senado en las próximas elecciones generales. Si para la izquierda es malo que de las elecciones salgan mayorías parlamentarias de derechas, es todavía peor que PP y un Vox muy crecido se hagan con la llave de una reforma constitucional, que está en esas mayorías reforzadas.

Puesto que una de las propuestas de Vox es ilegalizar a los partidos independentistas, para lo que se requeriría una reforma de la Constitución, no debiera sorprender que quien haya dado el toque de alarma sea precisamente el portavoz de la izquierda catalana independentista en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián.

No debiera sorprender, pero sorprende. La retórica habitual de los independentistas destaca siempre que su prioridad son los intereses de Cataluña y no los problemas políticos de España, un ente al que suelen referirse como algo ajeno. Pero después de casi una década en el Congreso de los Diputados, Rufián ya ha aprendido que no hay política catalana digna de tal nombre fuera del gran juego de la política española.

En vista del retroceso conjunto de las expectativas del PSOE, de Sumar y de Podemos en los sondeos y en las elecciones recientes de Extremadura y Aragón, el portavoz de ERC lanzó hace dos semanas el toque de alarma para los partidos del ala izquierda de la mayoría parlamentaria que sostiene al Gobierno de Pedro Sánchez. Rufián tocó el silbato, advirtió que algo habría que hacer. Y sugirió algo así como un frente de izquierdas. El líder de ERC, Oriol Junqueras, respondió inmediatamente que Rufián había hablado a título personal. Pero entonces empezaron los debates en el ámbito de lo que ahora se denomina, con no poca exageración, la izquierda confederal.

Los galleguistas del BNG, los vascos de EH Bildu y Podemos no dijeron ni si ni no, y rechazaron integrarse en coaliciones. Al cabo de una semana, los cuatro partidos principales de la plataforma Sumar -Más Madrid, Comuns, IU y Movimiento Sumar- escenificaron en un mitin conjunto en la capital de España su disposición a mantener y adaptar para las elecciones de 2027 las alianzas entre sí y con el PSOE, es decir, la fórmula que en 2023 les permitió frenar a las derechas y formar el Gobierno actual. Cuatro días después, la impulsora y líder del Movimiento Sumar, Yolanda Díaz, comunicó su decisión de no concurrir como candidata para las próximas elecciones. Despejó así una de las incógnitas que sobrevolaban estos debates al tiempo que abría otro sobre el liderazgo de este sector de la izquierda.

Que el desencadenante de estos movimientos haya sido justamente el portavoz parlamentario de la izquierda catalana independentista muestra el vacío de dirección en este heterogéneo y disperso espacio político. Pero todos los partidos que lo integran saben que la única fórmula para arrancar en las elecciones de 2027 por lo menos un diputado en las numerosas provincias donde el tercer o cuarto escaño se disputa con Vox es unir sus votos en una candidatura. No hacerlo es asegurar la victoria de las derechas. De eso depende luego todo lo demás. Incluidas importantes conquistas del pacto constitucional. También para Cataluña, dice incluso Rufián.

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