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Ada Colau comienza a elaborar su lista condicionada por la limitación de mandatos de su código ético

La militancia votará si pueden continuar los concejales, comisionados o asesores que llevan en el cargo desde 2015

Clara Blanchar
El pleno de Barcelona en comú, en mayo de 2022, cuando aprobó por unanimidad que Ada Colau opte por tercera vez a la alcaldía de Barcelona.
El pleno de Barcelona en comú, en mayo de 2022, cuando aprobó por unanimidad que Ada Colau opte por tercera vez a la alcaldía de Barcelona.BCOMÚ (Europa Press)

La alcaldesa de Barcelona, alcaldable y líder de los comunes, Ada Colau, comienza esta semana (miércoles y jueves) encuentros con militantes de Barcelona en comú en vistas a decidir su lista, la candidatura a las elecciones de mayo. En el gobierno desde 2015, a Colau le resulta cada vez más difícil elaborar la lista y pensar en su equipo sin tener que consultar a la militancia la continuidad de sus concejales o altos cargos. El código ético de Barcelona en comú fija que los “cargos electos o de libre designación” deben “limitar su mandato a dos legislaturas, excepcionalmente prorrogables a un tercero si se da un proceso de discusión y valoración ciudadana”.

La militancia ya votó y apoyó que Colau opte a un tercer mandato y ella ha pedido a buena parte de sus concejales que sigan. Aunque el cansancio de dos mandatos se acumula entre concejales y asesores. Si quisieran repetir, ahora también deberían someter el tercer mandato a consulta Janet Sanz, Laura Pérez y Eloi Badia, concejales desde 2015. Preguntados los tres, no han respondido a este diario sobre sus intenciones.

Más allá de los políticos, el código ético afecta también a los cargos de libre designación si llevan dos mandatos en el puesto: jefes de gabinete, asesores, comisionados o consejeros de distrito elegidos por la organización. Solo eventuales (asesores en alcaldía o de los concejales, jefes de gabinete) son una docena de personas, personas de máxima confianza de Colau y sus regidores, que forman parte del sottogoverno.

La continuidad de estos cargos que llevan dos mandatos ha abierto un debate en el partido, sobre todo en el marco de la Coordinadora, un organismo de 40 personas que se reúne quincenalmente y en el que a menudo participan Colau o ediles. El dilema que se plantea es prescindir de personas que durante ocho años han aprendido el complejo funcionamiento de la maquinaria municipal; o hacer excepciones al código ético y confiar que la militancia lo entienda, apuntan las voces consultadas. El pragmatismo institucional empuja a aparcar el purismo del código ético. También cuenta la opinión pública, siempre ávida de explicaciones: los comunes siempre han rechazado que los políticos se eternicen en la silla.

Aunque no suma a efectos de código ético, si decidiera presentarse de nuevo, el de la teniente de alcalde Janet Sanz sería el cuarto mandato. Se estrenó en 2011 como concejal, pero por Iniciativa per Catalunya. El concejal de presidencia y teniente de alcalde de Cultura y Educación, Jordi Martí, también acumula mandatos de concejal, aunque con los comunes el actual es el primero. En el pasado mandato fue gerente municipal. Y anteriormente, ocupó cargos técnicos y directivos y fue concejal con el PSC en el mandato 2011.

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“El tema es a qué se da prioridad: si al conocimiento del funcionamiento municipal o al discurso de que no queremos caer en aferrarse al cargo”, apunta una voz de Barcelona en comú. “En un mundo ideal está muy bien el código ético, pero la realidad nos supera, y ahora, con las elecciones encima, no tenemos tiempo de reformularlo”, añade. “Las normas se pensaron en 2014-2015 para estar en la oposición, somos muchos los partidarios de tocar el código ético”, apunta una segunda fuente. Y una tercera voz no duda de que todo el mundo que quiera optar a un tercer mandato “debe pasar por el tubo de la votación, sobre todo si incluso la Alcaldesa lo ha hecho”.

No es la primera vez que la realidad choca con el código ético de Barcelona en comú. Redactado en un escenario en el que la victoria y gobernar parecía lejos, en el mandato pasado se retocó su reglamento en materia salarial, por ejemplo. Se instauraron complementos a los 2.200 euros limpios de salario mensual que fija el documento para la alcaldesa, concejales y comisionados, sobre todo si tienen hijos. En parte, el código ético fue redactado junto a la CUP cuando los dos partidos (Guanyem, el embrión de los comunes) se plantearon presentarse juntos. Al final no hubo alianza y la CUP tiene un código ético todavía más estricto y sí amortiza dirigentes a velocidad de vértigo.

En el caso del ejecutivo municipal que lidera Colau, en el debate sobre la continuidad de los jefes de gabinete o asesores, ha habido voces que han defendido “no mandar a casa a gente que son pesos pesados y que han trabajado 24 horas al día, puteados por el código ético, por ejemplo con el límite salarial... y que conocen la maquinaria como nadie ahora en la organización”. Quien defiende que se marchen, apunta esta fuente pueden ser dos perfiles: “O activistas de la organización que están fuera de la institución y conservan el purismo del código ético; o bien gente que considera que ha llegado el momento de relevar a los cargos, porque también ellos esperan turno”. “El problema”, concluye esta voz, “es que las cuestiones más acuciantes del código ético se han resuelto por arriba, concejales y comisionados, pero no por abajo, y hay cansancio”.

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Sobre la firma

Clara Blanchar
Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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