La inacción ante la pérdida de arena condena a las playas de Barcelona

El litoral barcelonés pierde al año en torno a 50.000 metros cúbicos de tierra desde 2010

La playa de Sant Sebastià, en Barcelona, es una de las más afectadas por la pérdida de arena
La playa de Sant Sebastià, en Barcelona, es una de las más afectadas por la pérdida de arenaMassimiliano Minocri (EL PAÍS)

Barcelona tiene cinco kilómetros de litoral en los que se distribuyen nueve playas de arena, el Port Olímpic y los peculiares baños del Fòrum ―el acceso al agua se realiza desde una plataforma de pavimento―. La última que se incorporó al catálogo, en 2008, fue la de Llevant. Hasta entonces, las autoridades combatían la pérdida crónica de arena extrayéndola del lecho marino. El Gobierno central es quien tiene la competencia en la línea marítimo-terrestre y, desde 2010, no se descarga material para compensar los efectos de la marea. Desde entonces, las playas son cada vez más pequeñas e imágenes antes inimaginables ―como la del chiringuito de la playa de Llevant encima del paseo marítimo porque no cabe en su sitio tradicional― ya son cotidianas.

El Ayuntamiento de Barcelona hace años que alerta de la situación crítica, que afecta a uno de sus principales atractivos tanto para vecinos como para turistas. El Ministerio para la Transición Ecológica ―que no ha respondido a las preguntas de este diario sobre el tema― ha abierto una licitación para reponer arena a las playas en 2024. Los técnicos municipales creen que será un parche y que la cuenta atrás para su desaparición sigue avanzando.

Patricia Giménez, directora de playas en la empresa pública municipal Barcelona Ciclo del Agua SA (BCASA), tiene muy claro lo que sucede con la arena en las nueve playas de la ciudad: “Desde 2010 hacemos dos estudios anuales y calculamos que se han perdido 50.000 metros cúbicos de arena cada año. Los primeros años se perdió mucha arena, desde 2015 hasta ahora calculamos que se pierden 17.000 metros cúbicos anuales”. BCASA calcula la evolución de las playas con unas cámaras instaladas en la torre Mapfre. “Aquellas playas donde hay menos de 25 metros entre la orilla y el paseo consideramos que cada vez pierden más su función y hemos optado por no colocar infraestructuras intermedias en estas zonas”, explica. Este es el motivo por lo que el chiringuito de la playa de Llevant no está en el área de arena. Los vecinos y turistas estarán condenados este año a tener que apiñarse como puedan en pequeñas franjas de arena.

En 2010, justo cuando se hizo la última carga de arena, la playa de Llevant tenía una amplitud de 27.000 metros cuadrados, hoy es de 11.000. No es la única playa que ha perdido terreno. La de Bogatell en 2010 tenía 36.000 metros cuadrados y hoy 15.000, la Barceloneta tenía, y tiene, la misma cantidad de arena que Bogatell con una particularidad. “Esta playa la alimentamos con las arenas que quedan estancadas en la bocana del Port Olímpic, si no, estaría incluso peor”, señala Giménez.

Los tres puntos donde se pierde más arena son las playas de Llevant, Mar Bella y Sant Sebastià. Toda esta información la comparten Ayuntamiento, Generalitat y Ministerio de Transición Ecológica dos veces al año en las reuniones del Plan de Gestión Integrada del Litoral de Barcelona (PGILB). Unas reuniones en las que, desde 2010, el Consistorio solicita la recarga de arena.

El concejal de Emergencia Climática y Transición Ecológica, Eloi Badia, asegura que el ministerio está licitando los trabajos y que se notará la recarga de arena en 2024. La arena ya está aquí porque, según el propio Badia, proviene de solo unos cuantos metros adentro del mar, una zona que, como el resto, es competencia estatal.

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Hasta que sean efectivos los trabajos de recarga, el Consistorio sigue improvisando año a año. “Se da la circunstancia de que mucha de la arena que se pierde se acaba concentrando en la bocana del Port Olímpic hasta el punto de que, si no se draga, no permite la entrada y salida de barcos. Este año hemos conseguido sacar de allí 8.000 metros cúbicos que nos han permitido poner parches e irla distribuyendo”, advierte la directora de playas. Giménez sostiene que la perdida de arena no tiene una solución fácil. “Los espigones y las escolleras han funcionado y, sin ellos, Barcelona casi no tendría playas, pero no es la solución perfecta. En 2008, cuando se hizo uno de los últimos diques, comprobamos que lo que ganábamos por un lado lo perdíamos en la calidad de las aguas. Aun así, es cierto que en la playa de Bogatell hay un trozo de dique roto y convendría que el ministerio lo arreglara porque es un lugar donde se pierde arena”, lamenta.

Badia sostiene que los estudios sobre cambio climático alertan de que en menos de 80 años la playa de Sant Sebastià habrá desaparecido. “Nuestro deber es actuar y revertir esa tendencia. Por un lado, reponiendo arena pero, además, hay que repensar el paseo marítimo y diseñarlo en forma de gradas de bancales para, si desaparece la arena, poder utilizar la playa de forma funcional”, admite el edil, que apuesta por intentar retrasar el cambio climático y, a la vez, adaptarse a la situación.

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