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Una Barcelona desdibujada

La ciudad revive el debate sobre oportunidades perdidas mientras no acaba de avanzar proyectos pendientes como la Sagrera, Montjuïc o el Besòs. El último gran referente, el 22@, tiene ya 20 años

Icono del último gran proyecto alcanzado por Barcelona, el 22@, la Torre Glòries debía ser la sede de la Agencia Europea del Medicamento.
Icono del último gran proyecto alcanzado por Barcelona, el 22@, la Torre Glòries debía ser la sede de la Agencia Europea del Medicamento.Carles Ribas (EL PAÍS)

Oriol Bohigas estaba convencido de que la Torre Agbar (hoy, Glòries) se erigiría en el icono de la Barcelona moderna. Así ha sido, pero dieciséis años después de su inauguración, el problema radica en que ese edificio de Jean Nouvel y el distrito 22@, del que se ha convertido en faro, forman parte del último gran proyecto urbanístico de éxito de una ciudad a la que no sólo le cuesta esbozar los planos de su futuro, sino que es incapaz de retener iniciativas irresistibles a ojos de otras urbes. El frustrado planteamiento de levantar una franquicia del Hermitage por la oposición del gobierno municipal es el ejemplo más reciente. Pero fiascos similares —en este caso sí consensuados— ocurrieron con el Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Plazo Medio, que irá a parar a Bonn, o la Agencia Europea del Medicamento, con Ámsterdam como destino final. O el debate —o su ausencia— sobre la ampliación del aeropuerto de El Prat, que ha terminado con 1.700 millones de euros de inversión en el aire, aparte del adiós de Nissan y su factoría en la Zona Franca.

En este trayecto, el éxito de la marca de la ciudad se ha ido desdibujando también por la pujanza de Madrid, desinhibida aprovechando su efecto, el poder político, económico y financiero acumulado en las últimas décadas y las hectáreas libres para desarrollar a su alrededor. “Barcelona está siendo lenta en tomar decisiones”, afirma un veterano del PSC afincado en Madrid para trabajar en un ministerio, que identifica el problema pero se niega a simplificarlo señalando culpables. ¿Ha sido el procés? “Ha pesado en algunas decisiones, pero no es el causante de todo”. ¿El gobierno de Ada Colau? “Tampoco se le puede culpar de todo, sería injusto”. ¿Y entonces? “Han coincidido muchas cosas, pero los mecanismos de decisión en toda Catalunya se han hecho muy complejos, sobre todo porque cada administración va a lo suyo. Con los Juegos del 92 las diferencias se fueron arreglando, pero ahora…”.

Ahora parece imperar la indefinición, mientras se invoca la Gran Barcelona, otro ejemplo de lentitud: el Plan Director Urbanístico Metropolitano, el sustitutivo del venerado Plan General Metropolitano (aprobado hace 46 años y que sigue vigente) no acaba de ver la luz después de años de trabajos. Y esa parálisis se sucede en el proyecto de la Sagrera, que debía ser un nuevo nodo barcelonés, pero que vive pendiente de la evolución de las obras de la estación de tren, uno de los desalentadores del planeamiento.

Y más inconcretos son otros proyectos que harían las delicias de los urbanistas. Como conseguir planificar la fachada barcelonesa del río Besòs, ahora que su cauce ha ganado el verde y las personas han vuelto a disfrutarlo. O la reforma del Morrot. Y mirando más allá de la frontera de la ciudad, dar forma y contenido a las tres chimeneas de Sant Adrià, que en otro tiempo iluminaron Barcelona (con la electricidad de sus generadores) y que desde 2011 son otra sombra de su futuro.

Andreu Ulied, experto en planificación estratégica, opina que “las decisiones de las administraciones catalanas podrían ser más prácticas y realistas”, al tiempo que cuestiona la continua competencia con Madrid: “Que supuestamente vaya muy bien y tenga grandes proyectos no debe ser negativo para Barcelona. ¿Por qué debería serlo? Sin embargo, en Madrid hay un alcalde gobernando la misma población y territorio que aquí gobiernan 36 alcaldes. Hay una única provincia, ninguna comarca. Tenemos pendiente una reforma administrativa desde hace más de 40 años”.

El Ayuntamiento contará este año con los presupuestos más expansivos de la historia, “una oportunidad”, como dice el exarquitecto jefe del Gobierno de Xavier Trias (CiU), Vicente Guallart. “A todo esto le falta un dibujo. Tenemos una capacidad de inversión brutal, pero debe plasmarse en dibujos para saber qué queremos tener al menos dentro de 15 años”, dice, insistiendo en la necesidad de planificar.

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Tenemos una capacidad de inversión brutal, pero debe plasmarse en dibujos para saber qué queremos tener dentro de 15 años”
Vicente Guallart, exarquitecto jefe de Barcelona

Ramon Gras, investigador de Innovación Urbana de la Universidad de Harvard, evidencia que “Barcelona ha agotado la visión urbanística y de desarrollo del último cuarto del XX. Desde la vertiente económica, de hecho, ha sido una continuidad de la época del desarrollismo”. Pero vislumbra dos ideas de cómo pasar página: “Superar la visión urbanística agotada en 2020 con la visión de la metrópoli fractal e impulsar la economía del conocimiento con distritos de innovación situados estratégicamente”. En su opinión, Barcelona debería focalizar esfuerzos en las industrias de la robótica, la biomédica, el urbantech, las industrias creativas y el diseño digital teniendo en cuenta su legado histórico.

Gras, como otros, apuesta por un modelo de ciudad fractal, con diferentes zonas que mantengan elementos comunes para el ciudadano, pero con niveles de especialización económica diferente, dependiendo de la actividad que ya tengan implantada y aprovechando la modelización que aportan las tecnologías del XXI. La ciudad de los 15 minutos, donde la mayoría de los servicios quedan cerca. “Es básico acertarla porque si se hace mal serán décadas perdidas. Debemos evitar tanto las ocurrencias como las defensas dogmáticas de posiciones irracionales”, dice.

Superar la visión urbanística agotada en 2020 con la visión de la metrópoli fractal e impulsar la economía del conocimiento con distritos de innovación situados estratégicamente”
Ramon Gras, investigador de Innovación Urbana en la Universidad de Harvard

Éstos serían los planteamientos que Barcelona debería desarrollar en breve para crear nuevos 22@.

La Sagrera, un desarrollo sin “novia”

Cuando el entonces alcalde Jordi Clos presentó en 2004 el proyecto de la Sagrera, uno se perdía: 1,6 millones de metros cuadrados en una píldora donde iría la nueva estación de la Sagrera (con una inversión prevista de 2.250 millones de euros, sumando las infraestructuras necesarias), un pasillo verde de 38 hectáreas y otro edificio emblemático, diseñado por Frank Gehry, de 148 metros de altura denominado popularmente La novia. Diecisiete años y una profunda crisis después, esos sueños para poner fin a una gran herida creada por las vías del tren son otra cosa. Pese a este retraso, es el proyecto más avanzado, en opinión de Guallart: “Tiene un plan muy definido y es un proyecto muy excepcional”. El pasado julio, la sociedad que gestiona toda la operación ferroviaria, Barcelona Sagrera Alta Velocidad, adjudicó los proyectos de arquitectura de la estación. Gras, después de haber realizado una modelización urbanística y económica de la región metropolitana de Barcelona a través de Aretian (start-up de Harvard de la que es cofundador), cree que en esta zona se podría aprovechar para impulsar la economía vinculada con la robótica aplicada a la logística.

Montjuïc, la montaña que debería recuperar la magia

El objetivo del Ayuntamiento de Barcelona es convertir la montaña en lo que ya debería ser: un gran parque urbano de la ciudad. Lo que fue el escenario de la Exposición Internacional de 1929 no ha conseguido, en pleno siglo XXI, que los barceloneses disfruten y exploten a diario la montaña más cercana a la ciudad, lo que debería ser su Central Park. Los vecinos reivindican más usos colectivos en los edificios de Montjuïc y resolver obstáculos, como la inseguridad, el cambio en la movilidad —centrada todavía en el uso del coche— o la compatibilidad de la celebración de eventos con la vida de los barrios colindantes.

Una de las claves de Montjuïc es que el parque y la montaña bajen a la ciudad”
Marc Serra, concejal del distrito de Sants-Montjuïc

El concejal del distrito de Sants-Montjuïc, Marc Serra, advierte de que buena parte del futuro de la montaña está escrito en el llamado Plan de Actuación del Parque de Montjuïc 2019-2029, redactado en base a 232 propuestas realizadas por entidades y asociaciones de vecinos. “Es un plan muy extenso con el que no sólo fijaremos y recuperaremos caminos históricos, sino que conectaremos barrios, priorizando los accesos en autobús, bicicleta y a pie a la montaña. También pretendemos reforzar el evidente valor cultural de los equipamientos de la montaña y la creación de un centro de interpretación histórico de Montjuïc en el mismo castillo”, asegura. “La clave de Montjuïc es que el parque y la montaña bajen a la ciudad. Con la pandemia parece que la ciudadanía la ha redescubierto. Ahora necesitamos preservarlo, rehabilitarlo e intentar que el uso no lo acabe de estropear”, admite la teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz.

El proyecto de Montjuïc es uno de los que ha tenido más avances en planificación, pese a continuar retrasado tras años de declaraciones.
El proyecto de Montjuïc es uno de los que ha tenido más avances en planificación, pese a continuar retrasado tras años de declaraciones. Ignacio Adeva

Una de las metamorfosis evidentes de la zona fue anunciada el martes por el consistorio: el cambio del recinto histórico de Fira de Barcelona. Una reforma que transformará en 500 viviendas públicas de alquiler parte de los edificios que la Fira tiene en la calle Lleida. Se instalará un ambulatorio en la Casa de la Prensa (el edificio de los medios que cubrieron la Exposición de 1929), una biblioteca y el antiguo pabellón de Italia será un centro deportivo. El proyecto es ambicioso: el palacio de congresos irá al pabellón de Alfonso XIII y se ampliará el Museo Nacional de Arte de Cataluña en el pabellón de Victoria Eugenia. Y se abrirán nuevos viales que atravesarán el antiguo recinto ferial.

“Pero además de la Fira, los ejes verdes de Montjuïc deben ser los conectores hacia una plaza Espanya que debe dejar de ser un nudo viario; y lo conseguiremos cuando dejemos de meter coches. El Paral·lel ya está reformado. Ahora faltará la calle de Sants y la Gran Via, que debemos transformar en una avenida metropolitana con carriles exclusivos para autobuses. Tenemos que dejar de tener autopistas urbanas y eso nos va a permitir una plaza Espanya diferente”, dice Sanz.

Litoral, Morrot y la Marina: expansión y nuevas centralidades

Es una de las partes del litoral que aguarda su transformación, aunque los proyectos se han repetido para intentar resolver otra reivindicación histórica. “Necesitamos un paseo que conecte la Marina con el resto de Barcelona y eso debe hacerse a través de la ronda del Litoral que hay ahora”, defiende la concejala de Urbanismo. Sanz sabe que debe mover piezas del rompecabezas para llegar a lo que pretende. “Primero trasladaremos la estación del tren del Morrot al antiguo cauce del Llobregat. Después, debe deprimirse la ronda del litoral actual y bajarla en la cota del puerto; y en el espacio que ahora ocupa la ronda, daremos un paseo para autobús, peatones y bicicletas. Con esto conseguimos que la Marina esté a siete minutos de Colón”, verbaliza. “En la Marina está prevista la construcción de 28.000 viviendas, pero además hay muchos más proyectos: la pacificación del paseo de la Zona Franca o la construcción de un parque central de más de dos hectáreas”, reivindica el concejal de Sants-Montjuïc, Marc Serra.

Serra también recuerda que en esta zona de la transformación de la antigua estación de Magòria es donde se va a construir un ambulatorio. “Ahora los vecinos, o van de urgencias al Clínic o se van al CAP de Manso”, lamenta Serra. “Estamos trabajando en lo que llamamos nuevas centralidades. Un ejemplo es la plaza de las Glòries. Queremos lo mismo con Can Batlló, donde haremos un gran parque”, explica Serra.

Las Tres Chimeneas, un polo digital metropolitano

Al final del río Besòs, en Sant Adrià, se encuentran las tres chimeneas de la antigua central térmica de Fecsa, zona a transformar desde hace décadas. A principios de enero, la Generalitat hizo pública su intención de entrar en el Consorcio del Besòs para conseguir transformar una zona que los ayuntamientos de Barcelona, Sant Adrià, Santa Coloma de Gramanet, Badalona y Montcada i Reixac no tenían suficiente músculo económico para transformar.

Sanz destaca que este espacio es el gran polo de atracción económica, sobre todo digital, que necesita el área metropolitana. La zona alojará un nudo digital y audiovisual de los mayores de Europa. Un movimiento político con el que se pretende poner freno a la desigualdad cronificada en los municipios y barrios del Besòs.

El Besòs: mirar hacia el otro río

Es una de las transformaciones vitales. “Hacer el Besòs es esencial, hay que resolver el hecho de que Barcelona tenga siete kilómetros de fachada en el río ocupados por naves abandonadas (Poblenou) y carreteras (el Nus de la Trinitat). Es lo que harían Londres y París”, señala Guallart. Se ha iniciado parte de la renovación del Bon Pastor, donde se rehará el espacio de la antigua fábrica de Mercedes para construir viviendas, industrias y albergar la Facultad de Diseño e Ingeniería de Elisava y la Universidad de Vic. Esta operación enlaza con la transformación de la Sagrera, y Gras apuesta por centrarse en industrias innovadoras en manufacturas de polímeros y componentes metálicos avanzados.









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