Àngel Casas: “No tengo miedo a la muerte, tengo miedo al dolor”

El periodista lamenta la situación del sector: “¡Me han llegado a ofrecer 35 euros por escribir un artículo!”

El periodista Àngel Casas. FOTO Y VÍDEO: Massimiliano Minocri

Àngel Casas (Sants, Barcelona, 75 años) defendió la música de artistas que no iban por los caminos más andados, fue padrino de la Nova Cançó y formó parte de la tropa del Nuevo Periodismo en España. Ahora, saliendo de una pesadilla de enfermedades y dolor con la amputación de sus piernas que, como dice, lo ha dejado más bajito... trabaja otra de sus facetas: la de escritor. En febrero saldrá L’agonia de Bakunin.

Pregunta. TV3 ha recordado al Casas periodista y showman; en el Ateneu Barcelonès se hizo una lectura de su obra literaria; la Acadèmia Catalana de la Música lo ha premiado... ¿Hay un Àngel Casas sin suficiente reconocimiento?

Respuesta. La televisión es lo que me ha dado más popularidad y reconocimiento. Lo único que tengo pendiente es acabar de consolidarme como escritor. Ahora en febrero saco un nuevo libro, L’agonia de Bakunin. Creo que he escrito libros que tienen gracia. La última novela, por ejemplo, fue muy mal, pero claro, me pilló la pandemia.

P. ¿Por qué dejó de escribir sobre música?

R. Los setenta son mis años musicales, pero no quería cumplir 50 años y seguir escribiendo sobre música. No me apetecía. Dejé la revista Vibraciones, que creé yo mismo. En televisión hacía el Popgrama en Madrid y el Musical Express en Barcelona. Ya entonces había propuesto a los directivos de TVE-Cataluña hacer un talk-show, pero no quisieron y fue lo que después se vio en TV3. Y escribía en Fotogramas, revista que creó el Nuevo Periodismo en España. Después vinieron más, pero en Fotogramas se escribía diferente. Elisenda Nadal es la mejor directora que he tenido. Ahora apenas escucho música. Let it be, Satisfaction... ya no se pueden hacer, están hechas. Tienen que inventar otras. ¡Tanto tiempo dándole vueltas para acabar en el hip-hop y el reguetón! Todo empezó con el chumba-chumba de la música disco y ha ido evolucionando a peor. Y los textos... lamentables. Cuando estaba solo en el hospital y las noches se hacían largas, tenía puesta la discografía de Joan Manuel Serrat. ¡Lloraba pensando cómo lo ha contado este hombre! Hay una canción, Los recuerdos, que tiene una enorme mala hostia explicando cómo los recuerdos te los haces a medida, los estiras, los encoges... Joan es el autor de canciones más importante que ha habido en España en la segunda mitad del XX.

P. Cuando escribe, a veces se enfada. Por ejemplo, con los poderosos: “Habéis dinamitado nuestro futuro [...] Reíd, reíd, malditos” (epílogo de Carta d’una desassossegada)...

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R. Aquí hay ideología. Viene de lo que cuento en el último relato. Me fastidió mucho un acto de menosprecio de un hombre muy poderoso y conocido. Fui testigo de ello.

P. Por sus cuentos, lo han emparejado con Quim Monzó y Sergi Pàmies.

R. Me gustan mucho, pero somos diferentes. Es porque publiqué en Quaderns Crema y Jaume Vallcorba era muy bueno como editor. Me corregía y aprendía mucho con él.

P. La Iglesia: el “negocio del miedo”, escribe.

R. Respeto que la gente tenga fe, pero no entiendo que después de dos mil años nos sigamos tragando determinadas historias. Esade debe tener la Iglesia como business case. Cojan el creacionismo: ya empieza la misoginia allí. Por culpa de Eva, expulsan a la pareja del Paraíso. Para que esto funcione, después de la expulsión, los creyentes, que tienen un tema muy grande con la sexualidad, deben tragarse y creerse que hubo sexo entre hermanos, con hijos, incestos, etcétera, porque si no... es imposible que de una pareja se multiplique la humanidad de esta manera. Me sorprende que gente muy inteligente crea. Lo puede explicar el hecho de la muerte. Cuando estás cerca de la muerte te das cuenta de que no quieres morir y hay quien se consuela creyendo que puede comprar un pedacito de alguna cosa allí, en la eternidad, donde alguien te da la mano... Este miedo hace crecer las religiones, la cristiana, la musulmana, la judía...

P. ¿Tiene miedo a la muerte?

R. No. Tengo miedo al dolor. Lo conozco. Tener dolor es muy bestia. Una amiga me contaba la muerte de su padre. Le estaba cogiendo la mano y la última cosa que dijo fue: “Mierda”. En un próximo relato cuento una historia parecida. En los cuentos copio mucho y miento mucho.

P. Sobre periodismo (en Glòria & The in excelsis Deo), un personaje dice: “Esta bendecida profesión de mierda. Esta profesión falaz y corrupta, envenenada”. ¿Entiende el desprestigio que sufre el periodismo?

R. Lo veo. ¡Me han llegado a ofrecer 35 euros por escribir un artículo! ¡Si me lo han ofrecido es porque están pagando esto! No acepté por la dignidad profesional de mis compañeros, de los críos que salen de la facultad. Los están aplastando.

P. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

R. Mala gestión de los periódicos; un redactor debe hacer una noticia para el papel, la radio y la web; hay más periodistas de los que se necesitan...

P. ¿Está decepcionado con la situación política?

R. Me fastidia mucho. Antes de tener todo lo que he tenido, hablamos en casa de ir a vivir a Portugal: no tendría los problemas de conciencia que tengo aquí, porque no es mi país y no tendría que estar pendiente de los tejemanejes que constantemente salen a la luz y que son una vergüenza. Sientes vergüenza de tus contemporáneos. Siempre hablo de la España antipática y de la Cataluña virtual. Tengo un amigo que dice que entre las dos no sabe qué hacer. No me interesa esta política. Todos son poco serios, pero me gustaría que los míos, los de aquí, lo fueran más. Como mínimo, como los vascos. No puedo más con tanta estupidez política. Eso que tenemos no nos sirve. Ahora los políticos estudian y entran en el partido. Eso es lo peor que le puede pasar a una persona. Un presidente que solo ha hecho vida de partido... no puede saber qué es la vida.

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