DANZA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El ‘Terrassa azul’ de Acosta Danza

El grupo cubano de danza contemporánea hipnotiza al público de la Temporada de Danza de la ciudad vallesana

Un momento de la coreografía de 'Satori', del grupo Acosta Danza.
Un momento de la coreografía de 'Satori', del grupo Acosta Danza.(Kike) Enrique Smith Soto (DANZA)

El grupo cubano de danza contemporánea Acosta Danza volvió este pasado fin de semana a tierras catalanas, concretamente a la Temporada de Danza de Terrassa y, como es habitual, no defraudó. La fuerza, la energía y el excelente ejercicio de sus bailarines hipnotizaron al público, claro, desde el primer minuto.

El programa comenzó con Satori, una intrigante coreografía del joven bailarín y coreógrafo cubano Raúl Reinoso. Se trata de un viaje hacía la espiritualidad, un peregrinaje hacía el interior del ser humano. Las escenas se encadenan con una agilidad sorprendente, a lo que ayudan unas largas telas azules que se convierten en mares de pensamientos y bailes sinuosos que no hacen más que destilar la fuerza del pueblo cubano y de sus creencias. El trabajo coral es impecable y mantiene al espectador clavado en su butaca. A destacar la bailarina cubana Zeleidy Crespo, mezcla de Judith Jamison, la mítica bailarina de Alvin Ailey, y de la actriz Grace Jones, una auténtica diosa de ébano con un hermoso movimiento de brazos y un cimbreo hechizante.

Lo mejor fue el paso a dos que bailó Carlos Acosta junto a Liliana Menéndez en Mermaid, del afamado coreógrafo belga de origen marroquí Sidi Larbi Cherkaoui. Su coreografía recrea el intento de una sirena de caminar fuera del agua. El cuerpo a cuerpo entre los dos intérpretes aceleró el corazón del espectador. Esa mujer/sirena se enrolla, con sus magníficas y largas piernas, en el cuerpo del hombre como una serpiente temblorosa pero a la vez arrogante no quiere pisar la arena. Acosta demostró su madurez como intérprete y sus cualidades como portador en una Mermaid que es una pieza voluptuosa, poética y tierna. La música coreana de Woojae Park, de Sidi Larbi y un fragmento de las conocidas Gymnopédies de Erik Satie acaban convirtiendo la pieza en una joya.

Llegó luego el turno de Paysage, soudain, la nuit, del coreógrafo, bailarín y cineasta sueco Pontus Karl Johan Lidberg, que se acerca a la cultura cubana a través de la rumba, tomando como punto de partida la música del compositor cubano Leo Brouwer. Es una pieza alegre, ágil, que de nuevo evidencia la calidad artística de sus intérpretes.

La función acabó con una divertida pieza del español Jorge Crecis, con música de Vincenzo Lamagna; donde todos los miembros de la compañía juegan a tirarse botellas de agua: demuestran gran pericia y agilidad porque no cayó ninguna al suelo.

En cualquier caso, esta excelente compañía necesita otro tipo de creaciones como grupo para aprovechar su virtuosismo; asimismo, debe cuidar de la iluminación y la escenografía del espectáculo, ya que es pobre y poco actual, lo que ensombrece su belleza. Aún así, al final el público y la compañía se unieron en emotivos aplausos.

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