Hipra, la inesperada protagonista contra la covid

La potencial primera vacuna española ha proyectado a una desconocida multinacional veterinaria de Girona

Un tecnico de Hipra trabajando con bioreactores.
Un tecnico de Hipra trabajando con bioreactores.EL PAÍS

Hace treinta años que los profesionales de Hipra recorren el planeta asesorando a granjeros y a veterinarios. Cuando pocos fuera del sector ganadero habían oído hablar de esta compañía, sus técnicos se pateaban el mundo rural de los cinco continentes, de China a Argentina, de Alemania a Brasil, para mostrar las bondades y la aplicación de sus vacunas para animales. La empresa, de la provincia de Girona, está en el top diez de las multinacionales de vacunación animal. Ahora Hipra quiere dar el salto al escenario más difícil para un laboratorio: el de la lucha contra la covid-19.

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Muchos se preguntaron el pasado 16 de abril qué compañía era aquella que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y dos de sus ministros visitaban en Amer, el municipio natal del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. En el corazón del nuevo carlismo rebelde contra el Estado, el que lidera el jefe de filas de Junts per Catalunya, Sánchez recorría la planta de producción de Hipra y se deshacía en elogios hacia la familia propietaria, los Nogareda, y hacia sus empleados: “Esperemos que España tenga pronto su propia vacuna, y vemos en Hipra, en las dos vacunas que estáis trabajando, uno de los proyectos más esperanzadores, y quiero trasladaros que el Gobierno de España va a apostar por vosotros”.

El Gobierno de Vietnam ha comprado 50 millones de dosis

Dijo Sánchez que estaba “impactado por la cultura de trabajo y las cifras de Hipra”. El presidente del Gobierno no se refería únicamente a sus 2.000 empleados, a sus 39 filiales internacionales, a una facturación de más de 300 millones de euros —el 84% de las ventas conseguido en el mercado exterior—. Sánchez se refería sobre todo a los más de 30 millones de euros —el equivalente al 10% de la facturación— que la compañía asegura invertir en Investigación y Desarrollo (I+D), y al 16% del total de la plantilla que trabaja en este ámbito.

La “cultura de trabajo” de Hipra es un retrato al óleo de lo que habían sido las características tradicionales de la buena labor de la burguesía catalana: esfuerzo, discreción casi obsesiva, cautela y empeño cuando hay que jugársela. El esfuerzo lo encarnan el medio siglo que el presidente de honor de Hipra, Joan Nogareda, picó piedra reinventando las sociedades familiares o elaborando nuevos medicamentos, fuera un suero contra la peste porcina o la Galli bron, una vacuna superventas en la década de los sesenta para la bronquitis aviar. La discreción la demuestra el hecho de que poco se había oído hasta hoy de esta compañía, y que ni Joan Nogareda ni sus hijos, el presidente de Hipra, David Nogareda, y la directora general, Maria del Mar Nogareda, concedan entrevistas, tampoco a este diario. La alergia a los focos no impide a David Nogareda despuntar en una de sus aficiones, las carreras de coches clásicos: en 2018 ganó con su compañero Sergi Giralt el mítico rally Costa Brava a bordo de su Porsche 911 S.

La firma, radicada en Amer, invierte en I+D el 10%
de su facturación

En su trayectoria empresarial, los Nogareda se la jugaron en varias ocasiones, pero nunca como ahora: han aplicado la experiencia en el desarrollo y producción de vacunas para animales para tirar adelante una vacuna contra el SARS-CoV2. El producto, que ya se está ensayando en humanos, se espera que pueda producirse a partir de finales de este año. Solo siete vacunas han recibido la autorización de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para ser suministradas a la población. De momento Hipra ya ha conseguido un contrato para vender 50 millones de dosis al Gobierno de Vietnam.

Hipra es el acrónimo de Hidalgo y Prado, un laboratorio fundado en Madrid que en 1971 adquirieron los Nogareda para tener la licencia farmacéutica veterinaria que la burocracia franquista tardaba demasiado en concederles, según explica Joan Nogareda en una de las pocas entrevistas que ha concedido, en el libro Capitans de la indústria, del periodista Francesc Canosa. Nogareda, químico, farmacéutico y veterinario, no era un recién llegado en este sector: en 1954 había fundado con su hermano Ernest, su cuñado y el técnico de laboratorio Manuel Sobrino los Laboratorios Sobrino. Su sede se ubicaba en la Garrotxa, la misma región de la que procedían los Nogareda. Joan quería crecer y es aquí donde Hipra entró en juego. Pero en vez de continuar en la capital de España, la empresa se trasladó al Amer natal de los Nogareda. La familia tomó el control mayoritario de Hipra en 1991, cuando decidieron que había que poner toda la carne en el asador de la globalización. “Somos europeos y así nos ve todo el mundo”, aseguró David Nogareda en una reunión con diputados del Parlament en 2013.

David, el capitán de los tres hijos de Joan Nogareda que llevan las riendas de la compañía, ha destacado también por su implicación en la fundación de empresarios Femcat. Esta entidad se ha significado por su actividad como lobby económico, pero también como defensor de planteamientos próximos al nacionalismo catalán. En septiembre de 2017, tras aprobarse las leyes de desconexión de España en el Parlament, vulnerando el Estatuto de Cataluña y la Constitución, Femcat emitió un comunicado en el que exigían un referéndum de autodeterminación y en el que denunciaba que el Estado “esté llevando a una situación de limitación de derechos y de libertades públicas”. Pero los Nogareda también lucen altas dosis de pragmatismo, y no solo por la sintonía que han demostrado con el Gobierno durante la pandemia: la directora general de Hipra, Maria del Mar Nogareda, fue miembro del patronato de la fundación Princesa de Girona.

Sobre la firma

Cristian Segura

Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario Avui en Berlín y posteriormente en Pekín. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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