LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Cataluña plantea abrir las comarcas y confinar por veguerías

Barcelona y diferentes territorios de la comunidad piden al Govern ampliar el confinamiento perimetral

Control de tráfico en la salida de Barcelona, el pasado 9 de abril.
Control de tráfico en la salida de Barcelona, el pasado 9 de abril.Albert Garcia / EL PAÍS

La Generalitat estudia una reorganización del confinamiento perimetral tras la contención de la pandemia. El Govern plantea limitar la movilidad a áreas superiores a las comarcas —como podrían ser las llamadas veguerías— tras encadenar cuatro días de descenso en la positividad y comprobar que el auge de la cuarta ola ha crecido a un ritmo muy inferior al de la segunda y la tercera. El objetivo es oxigenar las zonas más densificadas, como el área metropolitana de Barcelona, y adaptar las medidas según la situación de cada zona. El consejero de Interior, Miquel Sàmper, admitió este miércoles que podría haber “soluciones” próximamente.

El primer teniente de alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, recriminó la pasada semana a la Generalitat haber confinado Barcelona dentro de su comarca —una de las más densas de Europa— y exigió que se abriera el confinamiento a toda el área metropolitana. “Esta semana hemos mantenido más contactos con la Generalitat y parece que se nos empieza a escuchar. No solo es una cuestión de salud y de economía, la gente tiene fatiga pandémica y si solo hay movilidad en la comarca del Barcelonès los ciudadanos se lanzan directamente a las playas y parques y se satura el espacio creando una situación muchísimo peor y con más posibilidad de contagios”, denuncia el teniente de alcalde. Según Collboni, “se está replanteando y se está hablando del ámbito de la veguería”.

Pese a la petición de confinamiento del área metropolitana, todo apunta a que la Generalitat no apoyará esta división y pretende recuperar la jurisdicción administrativa medieval de las veguerías que divide Cataluña en ocho zonas. Todo ello sin contar que en la veguería de Barcelona —integrada por las comarcas del Barcelonès, los dos Vallès (Oriental y Occidental), Baix Llobregat y Maresme— se concentra el 63% de la población de Cataluña, más de 4.807.670 personas.

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El Govern reactivó el 7 de abril el confinamiento comarcal hasta el lunes 19 para mitigar los efectos que la movilidad podría tener en unas UCI que ya están a niveles de gran tensión. “Si los casos positivos crecían a un 10% semanal y el ritmo de ingreso en cuidados intensivos era como el de la semana pasada, existía el riesgo de afectación hospitalaria”, resume Enric Álvarez, miembro del grupo de investigación BioComSC de la UPC, experto en la proyección de la pandemia. Las UCI catalanas sumaban ayer 511 críticos, un 30% más que hace menos de tres semanas.

Los índices epidemiológicos, en cambio, mantienen cifras similares a los de los últimos días. La positividad actual es del 7,22%, una cifra próxima a las de principios de este mes de abril; y lo mismo ocurre con la incidencia acumulada a 14 días, que ayer era de 218 puntos, según el Ministerio de Sanidad. Algunos de estos datos, sin embargo, sufren cierta desviación por el parón acumulado en el número de pruebas realizadas durante los días festivos. Álvarez asegura que Cataluña no llegará a una tasa de reproducción real de 1,3 (una persona contagia, de media, a 1,3 personas más), al contrario que en el resto de olas, y presupone que no habrá una avalancha de positivos en los próximos días, aunque aún faltan algunos datos de la Semana Santa para completar las proyecciones.

La incidencia en Cataluña es superior a la media de España (201), pero está por debajo de Madrid (347), el País Vasco (345) y Andalucía (222). Las restricciones decretadas por el Govern, sin embargo, son más limitantes que en la mayoría de comunidades, y fuentes del departamento de Salud admiten haber recibido “demandas fundamentadas” de diferentes zonas de Cataluña para flexibilizar el confinamiento comarcal.

Los epidemiólogos apoyan limitaciones de movilidad por regiones sanitarias

El epidemiólogo de ISGlobal Quique Bassat lamenta que en esta toma de decisiones haya tanta política y tantos “argumentos basados en tan pocos elementos científicos”. “Está claro que cuanto más pequeña es el área de movimientos más se limita el número de contagios. El concepto veguerías es meramente político y nadie en Cataluña lo entiende. Ahora mismo el confinamiento óptimo es el comarcal, ya que, después de Semana Santa, sigue subiendo el número de contagios”, sostiene Bassat. “Muchos aseguran que si cierras un espacio denso como Barcelona hay más transmisión dentro del espacio, pero yo no compro ese argumento porque es mucho peor si abres ese espacio denso, por ejemplo el fin de semana, y diseminas el contagio por otros lugares”, sostiene el epidemiólogo. “Aún así, creo que en el caso de Barcelona el confinamiento debería ser metropolitano porque es donde se efectúan los movimientos naturales los días laborales”, advierte Bassat.

Para el jefe de epidemiología del Hospital Clínic, Antoni Trilla, la apertura comarcal de Barcelona implica “más movimiento y, por tanto, más contagio”. “También es cierto que si los vecinos de Barcelona solo podemos movernos dentro de la ciudad somos casi dos millones e iremos a los mismos sitios, las mismas playas, los mismos ejes comerciales… mientras que si salimos fuera lo haremos en coche y en nuestras burbujas. No sé qué es mejor. Tampoco es lógico hacer divisiones administrativas que te impiden pasar una calle porque cambia la comarca. La única convicción que tengo es que creo que si dividen por veguerías solo va a servir para que la ciudadanía conozca los límites de esta división administrativa ahora desconocida”, ironiza.

Joan Caylà es el exjefe del servicio de epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona y el actual presidente de la Fundación de la Unidad de Investigación en Tuberculosis de Barcelona. “Sería mucho mejor delimitar la movilidad por regiones sanitarias. De esta forma, tendríamos siete zonas en lugar de las ocho veguerías. Las regiones sanitarias además quedarían divididas en sectores sanitarios y en áreas básicas de salud. Esta manera de confinar tiene una orientación más sanitaria y permite una cirugía de confinamiento mucho más fina. El problema con el que nos encontramos es idéntico al de la veguería y es que la región sanitaria de Barcelona implica más de cuatro millones de personas”, opina el Epidemiólogo.

Caylà mantiene que el problema principal no es el de la movilidad. “Puede haber problemas si hay hacinamiento como en las playas de la Barceloneta, pero el principal inconveniente es que hay gente que sigue sin usar mascarilla y realizando reuniones de no convivientes”, denuncia. Marc Sáez, catedrático de estadística y econometría de la Universidad de Girona, pertenece a un grupo que investiga estadísticamente cómo se comportan los contagios. “La dinámica de la enfermedad solo depende de los contactos y por tanto la movilidad puede afectar, pero no depende exclusivamente. En junio del año pasado la gente se movió mucho, esta Semana Santa también, pero fueron a segundas residencias y lugares de vacaciones. En Navidad la gente, directamente, se juntó en reuniones y eso sí que afectó a la proliferación de los contagios”, advierte el estadista. Sáez también es partidario de la apertura del confinamiento comarcal de la capital catalana. “Es evidente que Barcelona está altamente poblada y si no te mueves es obvio que la gente se junta más, hay más contactos y, por lo tanto, más contagios”, lamenta el catedrático.

Pau Miret es consultor de estadística de los estudios de documentación de la Univesitat Oberta de Catalunya (UOC). “Todas las zonas urbanas tienen una densidad de población muy elevada y Barcelona no es una excepción. En concreto, distritos como Gràcia y el Eixample son los que tienen mayor densidad. Pero el problema no es ese, sino las relaciones sociales y que estas se desarrollen en unos espacios en concreto. No me refiero a lugares como salas de conciertos que ya han demostrado que pueden ser seguros, sino a fiestas y reuniones descontroladas”, advierte Miret. “La densidad no causa nada, es el comportamiento de la gente lo que hace proliferar los contagios”, sostiene el consultor de la UOC.


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