Crisis del coronavirus

Los docentes salvan del caos el arranque del curso escolar

Escuelas y familias se quejan de instrucciones poco claras y reclaman más recursos materiales y de personal

Una clase en una escuela de Barcelona.
Una clase en una escuela de Barcelona.consuelo bautista

El miedo al contagio por parte de las familias, las quejas de los sindicatos por la improvisación por parte de la Generalitat y unas órdenes y directrices cambiantes que han mareado a las direcciones han marcado el inicio del curso escolar más insólito. Pero al final, la maquinaria se ha puesto en marcha y ha rodado sin grandes problemas. Los llantos y los abrazos han vuelto, las aulas se han llenado y libros y portátiles se han abierto. Familias y sindicatos coinciden en achacar a los docentes este éxito. “Los profesores lo han dado todo para que los niños no noten los efectos de la pandemia”, destaca Lidón Gasull, directora de la Fapac.

El inicio de curso ha sido una mezcla de ilusión e inquietud. Había muchas ganas de recuperar la presencialidad, pero las condiciones de seguridad hacen que tengamos poca confianza en el futuro”, valora Xavier Díez, portavoz del sindicato Ustec, mayoritario en el sector. “Los equipos directivos están colapsados, haciendo todo lo que puede hacer y más, pero no tienen los recursos necesarios”, añade el responsable de Educación de CC OO, Manuel Pulido. “A los profesores se les criticó durante la pandemia, pero ahora demuestran el gran esfuerzo que están haciendo. Mucha gente dudaba que se podría abrir las escuelas con normalidad, pero se ha visto que no es así”, añaden Lidón Gasull, directora de la Affac (antes Fapac), la federación que agrupa las asociaciones de familias.

Para las direcciones, el gran quebradero de cabeza es la falta de instrucciones claras. “El gran descontrol es que unos dicen una cosa y otros, otra. Y los directores estamos en medio, pero somos los que damos la cara ante las familias. Las direcciones están asumiendo tareas que no les toca y las responsabilidades. Han pasado solo dos semanas y las direcciones ya están agotadas”, abunda Isabel Sánchez, presidenta de la asociación de directores Axia.

Pero la lista de quejas de la comunidad educativa es larga. Empezando por la reclamación de más profesores y la habilitación de espacios para reducir las ratios en las aulas, algo que no todos los centros han logrado. Aquí la secundaria ha sido la gran damnificada. “No existe la distancia de seguridad. Tenemos clases con 36 alumnos en ESO y hasta 42 en Bachillerato, separados por un palmo. Así, ¿cómo convencemos a los adolescentes que al salir de clase deben mantener la distancia y no hacer grupos de más de seis personas? Es contradictorio”, espeta Xavier Massó, portavoz del sindicato de profesores de secundaria, ASPEPC.

Los sindicatos también se quejan de que a los centros no han llegado todo el material de protección necesario y que no se ha incrementado el presupuesto de limpieza. Y reprochan a Educación y Salud los cambios de última hora en los protocolos y las instrucciones. Aquí se incluyen la catalogación de trabajadores vulnerables. “Se hizo una primera valoración y salía que el 11% del profesorado era vulnerable. Eso desbordó el departamento. Todavía hay gente que no ha sido evaluada y los criterios dependen de cada servicio territorial. Es un caos”, lamentan desde Ustec.

En la secundaria lamentan especialmente la pérdida de las especialidades. “Nos dijeron que podían entrar un máximo de cinco profesores en un aula, pero los alumnos tienen hasta 12 especialidades. No le puedes decir al profesor de inglés que imparta música”, critica Massó. Desde Ustec lo califican como una “infantilización” de la secundaria. “Quieren hacer a los profesores más polivalentes y no especialistas, como en la primaria”.

Las asociaciones de familias también se quejan de la gestión de los comedores escolares, especialmente por la falta de monitores que permitan mantener los grupos estables y no mezclar alumnos de diferentes clases. Y piden a Educación que actúe contra el absentismo. “Si el departamento se cree que las escuelas son seguras, tiene que actuar para que los niños puedan disfrutar del derecho a la educación y que no sean los padres los que lo decidan”, reclama Gasull. Educación reconoció el miércoles que hasta el 24% de los centros ha registro más del 10% de absentismo.

La preocupación por la situación sanitaria también es omnipresente. Los primeros 15 días del nuevo curso escolar se saldan con 789 grupos confinados (lo que se traduce en 16.408 personas entre alumnos, profesores y monitores). En estas dos semanas se han detectado 1.504 positivos, la mayor parte (1.314) entre los estudiantes, según recogía ayer la web de seguimiento sobre el impacto de la covid-19 en los centros educativos catalanes, Traçacovid, con datos cerrados hasta el jueves.

Asimismo, hay cuatro centros totalmente cerrados, todos ellos escuelas infantiles: dos en Barcelona, una en L’Hospitalet y otra en Almenar (Segrià). También el instituto Lluís Domènech i Montaner, de Canet de Mar (Maresme) ha tenido que clausurar todas las clases de ESO y Bachillerato, tras detectar un alud de casos (ya tenían nueve grupos en cuarentena), y solo ha quedado abierta el edificio donde se imparte la FP.

Con todo, las autoridades esperan a ver la progresión de los datos en los próximos días para valorar el impacto de la apertura de las escuelas, ya que parte de los positivos corresponden a contagios previos al 14 de septiembre.

En términos epidemiológicos, la vuelta a clase no ha disparado los contagios. Aunque las aulas confinadas siguen creciendo, el Departamento de Salud insiste en que estas cifras entran dentro de lo previsible. “Desde un principio nos preparamos para un gran volumen de sospechas y casos. El protocolo está diseñado para esto”, expuso el miércoles el secretario general del Departamento de Salud, Marc Ramentol.

Para Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo del centro de investigación ISGlobal, “las escuelas están haciendo muy bien las cosas y no parece que estén contribuyendo a la transmisión del virus”. “Los colegios traducen y nos explican el nivel de transmisión del país, pero las escuelas no tienen por qué ser grandes focos ni peligros potenciales”, señala el experto. La incidencia entre niños, agrega, “es más alta, pero hay un sesgo de detección muy claro: se está detectando más porque se están haciendo muchas más pruebas”.

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