Matalascañas también seca Doñana

La macrourbanización con 150.000 veraneantes se suma a la sequía y al expolio de los pozos ilegales, que han eliminado las lagunas del espacio protegido

Viviendas con piscina en Matalascañas, con el parque nacional de Doñana al fondo.
Viviendas con piscina en Matalascañas, con el parque nacional de Doñana al fondo.PACO PUENTES
Javier Martín-Arroyo
Matalascañas (Almonte, Huelva) - 12 sep 2022 - 03:18

El último humedal permanente de Doñana desapareció hace una semana y ya no hay agua dulce en todo el espacio protegido. Desde el cielo, la sequía ha provocado que las aguas no se renueven, pero el daño evitable está bajo tierra, donde el acuífero se vacía a toda mecha, esquilmado por los pozos ilegales para regar fresas. Pero no solo los agricultores dañan el frágil ecosistema de Doñana, también la macrourbanización de Matalascañas. Los científicos han demostrado que dos de los cinco sondeos legales que nutren a sus 150.000 veraneantes, situados a menos de un kilómetro de las primeras lagunas, subirían el nivel freático de los humedales hasta 1,3 metros si desaparecieran, al dejar de extraer 121 litros al segundo de agua subterránea.

En 2018, el Instituto Geológico y Minero de España (IGME, perteneciente al CSIC) demostró que Matalascañas contribuye a vaciar algunas lagunas —ya copadas por la vegetación—. Ahora por fin, cuatro años después, el Gobierno ejecuta las obras para trasladar los dos sondeos más próximos a la reserva natural, a solo 700 metros de la laguna del Brezo. Mientras esas extracciones tan dañinas para Doñana desaparecen, las piscinas se renuevan sin control, los niños juegan a tirar el agua en las duchas de la playa y el césped se riega con agua potable porque es bonito y no está prohibido.

La valla que delimita la reserva natural está a escasos 50 metros de los primeros pisos y chalés. Al otro lado, este verano se han censado 87.500 aves acuáticas cuando el año pasado se contaron 470.000 ejemplares. El peor conteo de los últimos 40 años.

Para explicar el declive de Doñana, el foco ha estado siempre sobre los pozos ilegales para regar los frutos rojos, cuyo robo un estudio estimó entre 70 y 80 hectómetros cúbicos al año y que provocaron que en 2020 el acuífero se declarara “sobreexplotado” por el Gobierno. Pero el IGME ya lo dejó claro tras realizar simulaciones: “Con el traslado de los sondeos y las extracciones hacia el oeste [dirección Huelva] se reflejan notables ascensos de niveles en la zona de Charco el Toro (de hasta +1,3 metros) y moderadas en la zona de la laguna de Santa Olalla (+0,23 metros) (…) Se constata que el alejamiento de las extracciones con respecto a las lagunas conllevaría unos ascensos de los niveles, principalmente en las lagunas más próximas”, resaltaba el instituto del CSIC en su estudio hidrogeológico para la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), del Ministerio para la Transición Ecológica.

La Estación Biológica de Doñana vigila de cerca todas las lagunas y a sus científicos les llamó la atención cómo el progresivo deterioro de Santa Olalla, la mayor y última laguna en secarse a finales de agosto, se truncó el pasado 1 de septiembre. Ese día que acabaron las vacaciones y los veraneantes volvieron a la ciudad, volvió a brotar un hilo de agua en uno de los laterales de la laguna, al recuperarse de pronto el nivel freático.

Agua que brotó en la laguna de Santa Olalla de Doñana el 1 de septiembre. / ESTACIÓN BIOLÓGICA DE DOÑANA
Agua que brotó en la laguna de Santa Olalla de Doñana el 1 de septiembre. / ESTACIÓN BIOLÓGICA DE DOÑANA
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Gabriel Felipe vive en Ávila y estos días veranea en Matalascañas: “Estuve en el Rocío y vi los caballos achicharrados. Veranear aquí te crea mala conciencia y puede que deje de venir. Pero si las Administraciones vieron que se estaba secando, debían haber intervenido, igual que lo han hecho en el mar Menor, donde tengo una casa y ahora no puedo ir. Tengo hijos y nietos y quiero dejarles un planeta en condiciones”, comenta sombrilla en ristre a las puertas del campo de golf, cerrado en 2020 y hoy un secarral.

Una calle más abajo, el constructor Francisco Medina ejemplifica el descenso del acuífero: “Antes siempre veía el agua a 40 centímetros de profundidad en El Rocío, ahora he visto hasta dos y tres metros para construir garajes. Las parcelas están jalando demasiado del suelo y el agua baja tela”.

Hace un año el Tribunal de Justicia de la Unión Europea condenó a España por desproteger Doñana. En la sentencia destacaba Matalascañas como argumento: “La Comisión ha demostrado suficientemente la probabilidad de que las extracciones excesivas de agua para el abastecimiento urbano de la zona de Matalascañas hayan ocasionado alteraciones apreciables en los hábitats protegidos de la zona protegida de Doñana”, reprochaba el tribunal.

El presidente de la Confederación, Joaquín Páez, defiende que decidió reubicar los sondeos antes del fallo de Luxemburgo, cuando recibieron evidencia científica del daño, y que ahora el Gobierno gastará 200 millones hasta 2027 para nutrir a Matalascañas solo de aguas superficiales. “Las cosas no son automáticas en la gestión del agua, hay que estudiar y planificar las acciones a tomar, ver sus consecuencias y posibles resultados y la posibilidad de acometerlas”, alega sobre los cuatro años transcurridos entre la primera alerta del IGME y el reciente encargo de la obra este verano, con una pandemia entre medio. Ya en 1988, tres científicos avanzaron cómo el desarrollo de la urbanización dañaría los cotos, lagunas y corrales del parque, como así ha ocurrido.

¿Por qué han reaccionado tarde las Administraciones?

“No lo sé, todos tenemos nuestra responsabilidad. Estamos viendo la posibilidad de prohibir el vaciado de piscinas y ahora solo se riegan las zonas verdes cuatro horas por la mañana. Para el verano que viene quitaremos las duchas y solo dejaremos los lavapies”, alega Rocío del Mar Castellano (Mesa de Convergencia), alcaldesa de Almonte, municipio al que pertenece Matalascañas. A pesar de la declaración de sequía, este es un verano normal para los veraneantes, que no sufren restricciones ni ven carteles que avisen de la situación extrema en el Valle del Guadalquivir, con los pantanos al 21%.

Uno de los cinco sondeos que surten a Matalascañas, a menos de 50 metros del comienzo del parque nacional de Doñana.
Uno de los cinco sondeos que surten a Matalascañas, a menos de 50 metros del comienzo del parque nacional de Doñana. PACO PUENTES

Entre los cuatro enormes hoteles de la urbanización, pisos, adosados y chalés, rodeados por montañas de basura estos días por una huelga de limpieza ya terminada, destaca el campo de golf, icono de los despropósitos urbanísticos. Inaugurado en el año 2000 como un ecocampo por regarse con agua reutilizada, siete años después el Ayuntamiento de entonces (PSOE) pagó al promotor 7,5 millones para tornarlo municipal con posteriores concesiones que tampoco fueron viables. El Consistorio lo cerró tras comprobar que se había regado gracias a un pozo ilegal y el proceso judicial posterior por una supuesta compra municipal fraudulenta se archivó sin culpables. “Fue todo un engaño al pueblo, solo para enriquecer a los empresarios. Tremendo”, resume la alcaldesa.

Como en el resto del país, los turistas de esta zona también están más concienciados ahora y gastan menos agua. De consumir 3,12 hectómetros cúbicos en 2005 pasaron a 2,4 en 2021, según datos de la Confederación. De momento, las aguas fecales siguen sin depuración terciaria y contribuyen a la multa que España pagará a la Comisión Europea hasta 2025 y que ya acumula 63 millones. La depuradora estará operativa en 2026 si no hay nuevos retrasos.

Una pareja atraviesa un parque con césped en Matalascañas, el pasado jueves.
Una pareja atraviesa un parque con césped en Matalascañas, el pasado jueves.PACO PUENTES

Mientras, al norte de Matalascañas la situación es de tensa calma en el campo. Esta primavera los agricultores legales se enfrentaron a los ilegales después de que en enero la derecha andaluza anunciara un plan para ampliar los regadíos y beneficiar a estos últimos, suspendido tras las pasadas elecciones autonómicas de junio y que el PP, que gobierna Andalucía con mayoría absoluta, ahora prevé repescar. “Está todo el mundo asustado porque cada vez hay menos agua en el subsuelo y los embalses, mientras hay ciertos sectores insaciables que piden ampliaciones de regadío”, dice un agricultor bajo anonimato. De momento, solo han sufrido restricciones de agua los que riegan con superficiales, y los cortes para las subterráneas se esperan a final de año.

La Junta andaluza instauró en 2014 un plan para frenar el expolio del acuífero y hace un año y medio la organización ecologista WWF denunció que el 83% de las medidas del plan están incompletas. Preguntada para que explique las medidas actuales para recuperar la reserva natural, la Consejería de Sostenibilidad, Medio Ambiente y Economía Azul ha rechazado contestar. Teresa Gil, responsable del programa de agua para WWF, censura: “Doñana ya no puede esperar más, es como tener un cáncer y esperar a la metástasis para el tratamiento. Llegaremos a un punto de no retorno”.

Santa Ollala solo se secó en 1983 y 1995 tras periodos de grave sequía. “Ahora la situación es peor porque las previsiones de la Aemet a largo plazo para Andalucía Occidental dan una menor disponibilidad de agua y lluvias de tipo torrencial, lo que va en perjuicio del ecosistema, que será cada vez más desértico”, expone con crudeza Javier Bustamante, biólogo responsable del programa de seguimiento de la Estación Biológica de Doñana, iniciado en los años 70.

Sobre la firma

Javier Martín-Arroyo

Es redactor especializado en temas sociales (medio ambiente, educación y sanidad). Comenzó en EL PAÍS en 2006 como corresponsal en Marbella y Granada, y más tarde en Sevilla cubrió información de tribunales. Antes trabajó en Cadena Ser y en la promoción cinematográfica. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y máster de EL PAÍS.

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