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La estrategia de Vox se estrella en Euskadi

Abascal apela a la identidad vasca para enfrentarla a la inmigración, pero su mensaje no cala en un territorio con baja desafección política

El presidente de Vox, Santiago Abascal (3i), en la localidad alavesa de Oion durante un acto electoral, en abril de 2024. ADRIAN RUIZ HIERRO (EFE)

La menor polarización y desafección política, y el rechazo al nacionalismo español y al neofranquismo son las claves que hacen de Euskadi una excepción en el creciente arraigo de la extrema derecha en España, según coinciden en señalar los expertos consultados. Los datos son elocuentes. Mientras Vox obtuvo un 12,4% de los votos en las elecciones generales de 2023, en Euskadi ese porcentaje bajaba al 2,9% y en las autonómicas quedaba en apenas el 2% con un 74,4% de los ciudadanos vascos que asegura que no les votará nunca. Lo señalan los profesores de la Universidad de Deusto Sonia Alonso y Matthias Scantamburlo en el libro La democracia en Euskadi (Editorial Dykinson), de próxima publicación.

Vox intenta penetrar en Euskadi apelando a la identidad vasca para enfrentarla a la inmigración con carteles en Vitoria que rezan: “En 2039 habrá más extranjeros que vascos”. Es la continuidad de la campaña que protagonizó en verano: “Vitoria 2039. Más burkas que txapelas. Más árabes que vascos”. El partido de extrema derecha incide en Álava porque es donde cuenta con su único parlamentario vasco en una cámara de 75.

Aunque los sondeos siguen sin ofrecerles señales de crecimiento, Vox no ceja en sus pretensiones. Ha convocado para este lunes un acto en el campus universitario de Vitoria que ha provocado una contramanifestación de Gazte Koordinadora Socialista (GKS) —las juventudes comunistas radicales, escindidas de Bildu— y la suspensión de las clases por el Rectorado apelando a la seguridad. Una suspensión cuestionada por parte del profesorado.

El director del Deustobarómetro, Braulio Gómez, explica así el escaso arraigo de la formación de extrema derecha en Euskadi: “La década del surgimiento y desarrollo de Vox ha coincidido con una valoración positiva de los partidos del establishment y sus instituciones. La confianza en el Gobierno vasco es de las más altas de Europa”. Alonso y Scantamburlo corroboran la menor desafección política en Euskadi. En contraste con los datos de España en su conjunto, la clase política no figura entre las grandes preocupaciones de los vascos —está en noveno lugar—; el porcentaje que asegura que no cree nada en los partidos es del 9% frente al 44% del conjunto de España y valoran considerablemente mejor a las instituciones vascas sobre las españolas.

A su vez, la despolarización vasca, señala Gómez, ha hecho que se acumulen los partidos en el carril central, lo que limita las opciones polarizadoras como Vox. Los autores del informe lo corroboran: el 82% de los vascos se sitúa en el centro-izquierda. Sólo el 9% en la derecha.

La identificación nacional vasca también juega en el rechazo a Vox. Alonso y Scantamburo señalan que esa identificación “se asocia con más implicación política y mayor confianza en partidos e instituciones”. También perjudica al partido de Santiago Abascal la disminución de la desafección política en Euskadi “con la normalización y consolidación institucional de la izquierda abertzale, que le permite competir con el PNV y generar alternancia”. Gómez destaca la desactivación en Euskadi del alarmismo que suele generar Vox sobre la ruptura del país. “Aquí nadie se preocupa de que España pueda romperse”, señala.

José Antonio Pérez, historiador y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV), incide en que el nacionalismo español y el neofranquismo de Vox son una barrera para vascos que puedan sintonizar con los discursos del miedo a la inmigración y al feminismo que trata de inocular la extrema derecha. La figura de su líder, Santiago Abascal ―criado en Álava y nacido en Bilbao,y conocido por su pasada militancia en el PP vasco―, perjudica aún más a Vox en Euskadi.

Pérez considera que Abascal tiene mala fama en la comunidad vasca, a la que visita muy poco. En el PP vasco no destacó y se marchó a Madrid, dónde contó con ayuda institucional de los populares mientras organizaba Vox. Este historiador cree que no dará la campanada en Euskadi, pero detecta que existen algunos sectores juveniles en sintonía con los miedos a la inmigración y el feminismo que Vox agita: “Euskadi no es totalmente inmune a la identificación de inmigración y delincuencia. Incluso se han constituido patrullas ciudadanas en algunos momentos en barrios de Bilbao, San Sebastián o Irún”.

El profesor de la UPV estima que el Gobierno vasco, especialmente su consejero de Interior, el peneuvista Bingen Zupiria, es consciente del reto. Zupiria, presionado por la Ertzaintza e incluso por sectores del PNV, ha tomado una medida cuestionada por el Gobierno central: la publicación de la nacionalidad de los delincuentes detenidos, con el argumento de que la transparencia combate los bulos. El lehendakari Imanol Pradales respalda a Zupiria.

En el PNV no preocupa Vox. Otra cosa es el inesperado auge de Aliança Catalana, el partido nacionalista y de extrema derecha que preside Silvia Orriols y que amenaza seriamente a Junts. El informe de Alonso y Scantamburo, que han estudiado lo sucedido en países de estructura federal, reconoce que en regiones subestatales nacionalistas se reduce el espacio de una derecha radical estatal, pero puede existir una derecha radical basada en el nacionalismo minoritario, como ocurre en Cataluña.

Pérez cree que el fenómeno de Aliança Catalana y su rechazo a la inmigración, sobre todo la latina, para preservar la identidad catalana no calará en Euskadi. Además de los principios humanistas del PNV, que le distancian de la formación de Orriols, la dificultad del euskera salvaguarda la pérdida de identidad tan temida por los vascos más ultranacionalistas, apunta el profesor.

El coordinador de Bildu, Arnaldo Otegi, que, en el pasado, mostró preocupación por la identidad vasca y la inmigración, hoy se limita a reclamar la soberanía para que Euskadi regule sus competencias. GKS, carente de preocupaciones identitarias, airea su vocación internacionalista para exigirle mayor contundencia contra el racismo y la extrema derecha. Lo ha mostrado enfrentándose con manifestantes falangistas en Vitoria en otoño y con la marcha contra el fascismo del 31 de enero en Bilbao y Pamplona.

Alonso y Scantamburo señalan en su informe que entre los jóvenes de 18 a 24 años hay mayor inclinación a la derecha que la media vasca: 12,8% frente a un 9%. Pero, señala Gómez, las preocupaciones de los jóvenes vascos, prioritariamente sociales y no identitarias, le alejan de Vox. Tras el fin del terrorismo y la crisis de 2009 emergió un nuevo votante joven, progresista y no independentista que pide respuestas sociales (empleo, vivienda...), carece de memoria del pasado traumático reciente y en las elecciones de 2015 y 2016 votó mayoritariamente a Podemos. La formación hoy liderada por Ione Belarra fue primera fuerza en Euskadi en las generales de 2016, pero hoy acusa una escasa implantación territorial y ese voto lo acapara ahora Bildu.

El director del Deustobarómetro considera clave el proceso de institucionalización de la izquierda abertzale: “Bildu ha cambiado drásticamente: de izquierda soberanista y radical a priorizar los problemas sociales sobre los identitarios en dirección socialdemócrata, sin rivales electorales a su izquierda porque GKS no compite electoralmente”. “Se ha visibilizado como alternativa al PNV votando presupuestos, respaldando al Gobierno de Sánchez, rebajando sus exigencias territoriales”, añade.

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