Marruecos simboliza el fin de la crisis con el regreso a Madrid de su embajadora

El Gobierno marroquí llamó a consultas a su representante en mayo de 2021 tras la crisis diplomática por la acogida en un hospital de España de Brahim Gali

Karima Benyaich, embajadora del Reino de Marruecos en España, en una entrevista realizada en noviembre de 2020.
Karima Benyaich, embajadora del Reino de Marruecos en España, en una entrevista realizada en noviembre de 2020.ADOLFO BARROSO

La embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, ha regresado a Madrid diez meses después de su retirada del país a mediados del mes de mayo de 2021. El Gobierno marroquí la llamó a consultas el año pasado, tras la crisis diplomática abierta por la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, que se vio agravada por la entrada de miles de migrantes en Ceuta procedentes de Marruecos. El mismo día en que el Gobierno marroquí facilitaba la entrada en Ceuta de 10.000 emigrantes irregulares, Karima Benyaich declaró que en las relaciones entre países hay actos que tienen consecuencias “y se tienen que asumir”.

La embajadora marroquí regresa a España tres días después de que el Palacio Real de Marruecos difundiera una misiva del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Mohamed VI. El presidente ensalza en su carta la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental “como la base más seria, realista y creíble para la resolución del contencioso”. Marruecos presentó su iniciativa de régimen autonómico en 2007, en detrimento del referéndum de autodeterminación que reclama el Frente Polisario desde que en 1991 se firmó un alto el fuego entre las partes. La propuesta de autonomía reserva para el Estado central marroquí y el monarca las competencias de seguridad nacional, defensa, relaciones exteriores, religión, así como la exploración y explotación de los recursos naturales.

Benyaich declaró a la agencia Efe que Marruecos “aprecia en su justo valor” la nueva posición de España. “Las crisis solo se producen entre aquellos que somos familia, y ahora es un placer volver a trabajar en Madrid”, añadió.

El aterrizaje de la diplomática marroquí se ha producido este domingo, horas después de que el embajador argelino en Madrid, Said Moussi, abandonase España tras ser llamado a consultas por su Gobierno. El ministerio de Exteriores argelino emitió el sábado por la tarde un comunicado donde se declaraba “sorprendido” por el “brusco giro” de la posición española. Durante la tarde del sábado, varios internautas difundieron mensajes en los que resaltaban que en esos momentos no había embajador en Madrid, ni de Marruecos, ni de Argelia, y criticaban la gestión de la crisis por parte del Gobierno español.

Sin asumir ninguna consecuencia

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La llegada de Benyaich está cargada de simbolismo en cuanto al cierre de la crisis. Pero su propio regreso a España podría servir para refutar la frase que la diplomática esgrimió antes de marcharse: en las relaciones entre países hay actos que “tienen consecuencias” y “se tienen que asumir”. La llegada a Ceuta de 10.000 emigrantes irregulares en plena pandemia no ha tenido ninguna consecuencia para Marruecos. De hecho, diez meses después de la crisis, Rabat ha enviado a la misma embajadora que había en esos momentos. Y permanece al mando del ministerio de Exteriores marroquí el mismo ministro que ejercía en esa época, Naser Burita, mientras su homóloga española, Arancha González Laya, fue cesada el pasado julio, tal como exigía Marruecos.

Tanto Burita como Benyaich gozan de la plena confianza del Palacio Real. Burita tiene fama de conocerse al dedillo la cuestión del Sáhara y ha sido quien negoció con la administración del expresidente Donald Trump el reconocimiento por parte de Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Y en el caso de la embajadora, Benyaich cuenta con acceso directo al rey Mohamed VI, con quien mantiene una estrecha relación desde la infancia

Marruecos evitó no solo las consecuencias negativas de la crisis con España, sino que obtuvo diez meses después de aquella entrada masiva la declaración más entusiasta jamás vista en un mandatario español respecto a las tesis de Marruecos sobre el Sáhara. Rabat ha conseguido que Sánchez declare que la propuesta de autonomía para el Sáhara es “la base más seria, realista y creíble para la resolución del contencioso”. El empleo del comparativo “más” es clave, ya que relega de forma indirecta la propuesta del referéndum de autodeterminación.

El intento de cierre de la crisis diplomática se comenzó a escenificar el viernes con un comunicado del Palacio Real marroquí y otro difundido dos horas más tarde desde el Gobierno español. Eran muy pocas las personas del Gobierno español y de su diplomacia que estaban al tanto de las negociaciones. Mientras el comunicado de La Moncloa expresa la necesidad de “garantizar” la “integridad territorial” de los dos países, el del Palacio Real no menciona tal aspecto. La prensa marroquí, que suele reflejar con gran nitidez los intereses del Palacio Real, se refiere siempre a Ceuta y Melilla como los “presidios ocupados”. En los próximos días se verá si cambia no solo el vocabulario de la prensa sino el del Palacio Real respecto a las dos ciudades autónomas españolas.

Fuentes gubernamentales aseguraron que todos los puntos que refleja el comunicado español han sido asumidos por Rabat, aunque no los haya plasmado por escrito. Y añaden que “este es solo el principio de un proceso” en el que habrá que ir llevando a la práctica lo acordado. En las próximas semanas se espera una visita del ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, y del presidente Pedro Sánchez.

De momento, las consecuencias que ha tenido para España la carta de Pedro Sánchez ha sido la llegada de la embajadora marroquí y la partida del argelino.

Sobre la firma

Francisco Peregil

Es corresponsal para el Magreb desde 2015, con sede en Rabat. Antes ejerció desde Buenos Aires durante tres años como corresponsal para Sudamérica. Comenzó en EL PAÍS en 1989, después de trabajar varios meses en 'El Mundo'. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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