DESPOBLACIÓN

Jabaloyas, el pueblo que echó al alcalde al cerrar el bar

La conmoción por el fin del centro de la vida social de este pueblo turolense refleja el pulso de la España vacía por sobrevivir

Los Diezmos, el bar de Jabaloyas (Teruel), sigue cerrado desde finales de agosto.
Los Diezmos, el bar de Jabaloyas (Teruel), sigue cerrado desde finales de agosto.Diego Estebanez García

El silencio domina las calles laberínticas y vacías de Jabaloyas (Teruel, 57 habitantes), interrumpido por el ruido de las vajillas a la hora de comer. Aquí todos se conocen: a los 15 habitantes que se quedan todo el año, se suman los que vuelven a su segunda residencia. Los vecinos, que sueñan con tener banda ancha, se conforman con ver al médico y al panadero dos veces a la semana. La cola para recoger el pan, las fiestas de verano, los concejos municipales y las partidas de cartas dan vida al pueblo. Sin embargo, desde hace más de cuatro meses se ha quedado sin el corazón de su vida social: el bar. La gerente, Marisol Tristán, lo dejó a finales de agosto, tras algunos roces con el alcalde, Enrique Álvarez (PSOE). Su cierre convenció a los vecinos a votar una moción de censura contra el edil el pasado 5 de noviembre. La iniciativa tuvo éxito y ahora desean que Jabaloyas no desaparezca.

Los Diezmos, el bar del pueblo, es de propiedad de la Fundación de Desarrollo de la Comunidad de Albarracín. Desde octubre de 2017 lo regentaba Tristán, de 55 años. La empresaria empezó a hacer de la localidad turolense su segunda residencia, pero en 2016 decidió quedarse definitivamente. “Lo cogí para dar servicio y para ganarme la vida”, cuenta. Allí los vecinos quedaban para tomar algo, utilizar el wifi, trabajar, leer el periódico, comprar los boletos de la lotería o jugar a cartas. Sin embargo, recuerda que desde hace más de un año los rifirrafes con el exalcalde no la dejaban tranquila. “En septiembre de 2019 nos quería tirar”, lamenta. Según su versión, Álvarez no volvió a pisar el suelo del bar: “Lo que ha ido haciendo es machacarnos en vez de apoyarnos”, sentencia. Por su parte, el exedil ha reprochado las críticas. “Yo no les podía echar, han cerrado porque les ha dado la gana”, explica por teléfono. Sostiene que entró en el local hasta el último día y que nadie dijo nada en los concejos del pueblo. “Todo lo demás es mentira”, zanja.

En el salón de su casa, María y Luis (nombres ficticios) explican que “un bar en un pueblo pequeño es un centro social donde se decide todo”. La pareja de jubilados veranea en Jabaloyas desde hace 35 años: al no estar empadronados no votaron en la moción, pero apoyaban un cambio en la política municipal y acusan a Álvarez de no escuchar las exigencias de los vecinos en las reuniones del municipio, que se rige en un concejo abierto. “Hasta nos dijeron que los que no estamos empadronados no tenemos ni voz, ni voto”, reprocha María. “Con el cierre del bar decidimos que algo había que hacer”, lamenta María.

Desde el primer momento Marta (nombre ficticio), exalcaldesa y exvecina del pueblo, rechazó apoyar la moción de censura y sigue defendiendo al anterior regidor. “Culpan a Enrique de problemas que vienen de los Ayuntamientos anteriores”, afirma. “En un pueblo tan pequeño hay que construir en vez de destruir”. La exvecina de Jabaloyas reprocha por teléfono que el pueblo se haya dividido en dos bandos: “Se han mezclado asuntos personales con la política”, concluye.

La moción de censura salió adelante con 25 votos a favor, 18 en contra y una abstención, de un total de 44 censados presentes. Javier Gaspar y Carmen Dumont votaron sí ese 5 de noviembre. La pareja, que se mudó a Jabaloyas hace 18 años después de una vida entre Valencia y Albarracín, explica que temen por el futuro del pueblo. “Con 57 habitantes no podemos tener ciudadanos de primera, de segunda o de tercera. No podemos restar, tenemos que sumar”, sentencia Dumont, desde el salón de su casa rural, Las Leyendas del Jabal. Con los brazos cruzados Gaspar asegura que vivir en un pueblo no es para todos: “Es como ser médico o monja. Es vocacional”.

Hasta hoy las puertas del bar siguen cerradas. Óscar Castillo, el nuevo alcalde del pueblo, afirma que los nuevos gerentes prevén abrir a finales de enero. Mientras tanto, en estos meses ya se hizo un concejo con los vecinos para discutir los proyectos futuros, como la rehabilitación del campamento escolar, la apertura de un albergue para ciclistas y una vía ferrata. “Todo esto es para atraer a la gente, para que no se hunda el pueblo”, concluye.

Entre 2010 y 2019 España ha asistido a un progresivo cierre de bares: más de 21.000 establecimientos echaron el cerrojo, según los datos de la Confederación Empresarial de Hostelería, sobre todo en áreas rurales. En Aragón se estima que los establecimientos de restauración se concentran sobre todo en Zaragoza, con un 68,5% del total. Huesca cuenta con un 19,7% mientras que Teruel un 11,8%.

Ante el miedo a que se vayan más vecinos, Gaspar y Dumont aseguran que harán todo lo posible para apoyar en lo que se necesite: “Estamos en un punto sin retorno. Si seguimos la marcha que estábamos llevando se muere el pueblo. No se cierra el bar, se cierra Jabaloyas”. Para ellos no se trata solo de arreglar cañerías, sino que la localidad vuelva a ser atractiva, sobre todo para los jóvenes. “Una chimenea más aquí, no sabes lo que se agradece”, confiesan.

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