Triste historia del socialismo vasco

A pesar de su lucha contra ETA y en defensa de las libertades, el PSE solo consigue ser la tercera fuerza en votos

La eurodiputada Maite Pagazaurtundua y el filósofo Fernando Savater, en San Sebastián este sábado.
La eurodiputada Maite Pagazaurtundua y el filósofo Fernando Savater, en San Sebastián este sábado. /

Es una mujer valiente. Se esté de acuerdo o no con ella, nadie puede discutir que es una mujer valiente. Licenciada en Filología Hispánica y Vasca, madre de dos hijas, vivió durante muchos años escoltada por ser concejal en un pequeño pueblo de Gipuzkoa. Sí, hubo un tiempo no tan lejano en que ser concejal socialista de un pueblo de 6.000 habitantes era motivo suficiente para figurar en una lista de la banda terrorista ETA y que sus comandos reunieran toda la información posible para atentar. Por eso, no era difícil ver —siempre que se quisiera ver, lo habitual en aquellos tiempos era mirar para otro lado— a un conductor de autobús en San Sebastián con sus escoltas camuflados entre los pasajeros, a un jardinero de Zarautz que solo empezaba su trabajo una vez que los perros adiestrados de la policía descartaban la presencia de explosivos entre las flores, a un albañil de Rentería yendo a comprar el pan acompañado de dos ertzainas. Los tres concejales, los tres amenazados. Los dos primeros llegaron al fin de ETA con vida. El tercero, no. Lo mataron. Precisamente cuando volvía de comprar el pan. Como también mataron al hermano de esta mujer valiente. Se llamaba Joseba, le gustaban las canciones de Suburbano, era socialista y policía municipal en un pueblo de 14.000 habitantes. Así que esta mujer que ahora se sube al escenario con la bahía de La Concha detrás decidió marcharse de Euskadi. No porque le entrara miedo, más bien porque no quería que a su madre —una antigua refugiada de guerra— la banda terrorista ETA le quitara a sus dos hijos.

Ya está en el escenario. No cuenta nada de lo anterior. No hace falta. Los que están aquí ya saben su historia, incluso que dejó de militar hace tiempo en el Partido Socialista de Euskadi, y a los que no quisieron ver entonces su sufrimiento y su valentía tampoco les va a importar ahora, a toro pasado. Ni lo condenaron en su momento ni lo han condenado todavía. Así que ella no se detiene en detalles, para qué, pero sí piensa en voz alta. Más o menos dice esto: “Si un marciano aterrizase en Euskadi y le explicásemos que con el fin del terrorismo los políticos que dirigían la intolerancia y los discursos de la muerte no han sido castigados en las urnas, se sorprendería. Si le dijéramos que quienes teniendo el poder tuvieron prejuicios y no tendieron la mano a los acosados, tampoco fueron castigados en las urnas, se sorprendería…”. Dice que también se sorprendería de que los asesinos que salen de la cárcel sean recibidos en sus pueblos como héroes, y que entre el público haya niños de 10 y 12 años.

Sin pretenderlo quizás, ha contado la triste historia de los socialistas vascos, que en ese aspecto no es tan distinta de la del PP. Durante muchos años pagaron con su vida la defensa de las libertades, y ahora, en cambio, basta con mirar los resultados de las encuestas para comprobar que unos y otros se mueven en el terreno de la irrelevancia. Escaño arriba o escaño abajo, el PNV obtendrá el triple de parlamentarios que el Partido Socialista de Euskadi, y Bildu, el doble. De ahí que Arnaldo Otegi, casi a la misma hora, se ría de los socialistas llamándoles “bastoncillos” del PNV y les pida sin ningún pudor que se unan a ellos —que nunca condenaron ninguna muerte, ningún secuestro, ninguna extorsión— para derrocar a Iñigo Urkullu.

A la espera de que alguien, de este planeta o de otro, resuelva el enigma del voto en Euskadi, Maite Pagazaurtundua se baja del escenario.


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