La crisis del coronavirus

Unos 200 españoles navegan por el Índico en busca de puerto

La crisis sanitaria confina a 1.800 pasajeros en un crucero que pensaba dar la vuelta al mundo

La cubierta del 'Costa Deliciosa', este pasado sábado. CARLOS FAJARDO
La cubierta del 'Costa Deliciosa', este pasado sábado. CARLOS FAJARDO

Cuando zarparon el 11 de enero desde Barcelona, el mundo era distinto al de ahora. El viaje, que daba una vuelta completa al globo en un crucero con unos 1.800 pasajeros, quedó en suspenso en algún punto entre Australia y Madagascar. La pandemia del coronavirus que toca ya todos los rincones del planeta desvió el rumbo de un barco con algo más de 200 españoles a bordo y que hoy no saben ni a dónde se dirigen, ni cuál es su destino final, ni hasta cuándo estarán dando vueltas por la inmensidad del océano Índico.

La última parada del trayecto es Venecia, prevista para el día 26 de abril, pero la mayoría de los pasajeros quieren evitar llegar a Italia, principal foco de la pandemia en Europa. Las opciones intermedias tampoco están claras. Desde hace varias jornadas, el capitán les traslada que la naviera Costa Cruceros trabaja para buscar una solución segura para todos. No es fácil. En España, por ejemplo, una orden publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el 12 de marzo prohíbe la entrada en puertos españoles de cruceros procedentes de cualquier puerto.

Los pasajeros se están movilizando para buscar alternativas a la opción de estar un mes más en el mar, hasta cumplir con la fecha prevista de llegada a Venecia. “Le hemos enviado una carta al capitán para que valore emplear el tiempo que nos queda en hacer puerto en España y Francia en vez de estar dando vueltas por el océano”, explica desde el Costa Deliciosa, de bandera italiana, el gallego Carlos Fajardo. Hace unos días, otro barco de Costa Cruceros pudo desembarcar a los franceses en Marsella, pero Francia denegó la entrada al resto del pasaje.

Este sábado será una jornada importante a bordo. Ese día cumplen la cuarentena de dos semanas los 15 últimos pasajeros que tocaron tierra en Perth (Australia), encerrados en sus camarotes desde que subieron a bordo con mascarillas y trajes de seguridad. El barco, con una media de edad que supera los 70 años, se declarará entonces limpio, sin ningún contagiado. Por el momento nadie ha caído enfermo.

La preocupación crece al ritmo de las noticias que llegan desde Europa. En los primeros dos meses de travesía visitaron puertos de América Latina, islas del Pacífico y Nueva Zelanda. Cuando el reloj global se paró para hacer frente a la llamada guerra contra el coronavirus, estaban en Australia. El Costa Deliciosa hizo este martes una parada técnica en la isla Mauricio para repostar y hacer acopio de alimentos. Es lo único que tienen permitido. El plan que debían seguir desde ahora incluía Madagascar, Scheychelles, Maldivas, Sri Lanka, India, Omán, Jordania, Grecia e Italia. Pero a bordo nadie sabe que pasará a partir de este jueves.

Costa Cruceros asegura que "el único itinerario viable actualmente, y el más seguro, es el de hacer paradas técnicas siempre que esté permitido". La compañía sostiene que está trabajando con las autoridades italianas para encontrar el puerto más adecuado donde atracar, "aquel que garantice la máxima seguridad y la posibilidad de organizar rápidamente el regreso a casa de huéspedes y tripulación, al mismo tiempo que se respeta la situación a la que se enfrentan las regiones italianas más afectadas" por el coronavirus.

"Las medidas dentro del barco también son estrictas, en cuanto a profilaxis y asepsia, pero no impiden la convivencia y el contacto social en las distintas estancias del barco", explica Fajardo. Las fotos enviadas esta semana desde la cubierta, con decenas de personas alrededor de una piscina, parecen salidas de otro tiempo.

El capitán habla todos los días con el pasaje (1.830 personas) y la tripulación (899 personas) y se “preocupa por el estado de ánimo de todos”, asegura Fajardo. La alta edad de la mayoría obliga a extremar los cuidados, físicos, mentales y hasta del alma. El cura, que se limitaba a dar misas, ahora ha fijado una hora diaria para “hablar con quien lo necesite”. Y las misas han pasado de celebrarse en una pequeña capilla al gran teatro, para permitir más aforo. También han aumentado las actividades. Este lunes disfrutaron de cine al aire libre para ver Un pez llamado Wanda. Además de españoles, hay franceses, alemanes, italianos y personas de otras nacionalidades. En el barco se sienten seguros, pero crece la preocupación por cómo y cuándo podrán volver a casa. El Ministerio de Exteriores trabaja desde hace días, y se compromete a seguir haciéndolo, para repatriar a todos los españoles que se encuentran fuera del país, pero no es una labor rápida ni sencilla.

Este martes los pasajeros siguieron desde la cubierta las labores de avituallamiento en la isla Mauricio, que se prolongaron durante horas. Luego zarparon. En el horizonte, solo mar y dudas.

El periplo de los 170 españoles varados en Italia

En el barco Costa Deliciosa, los pasajeros comparten información y miran el destino de otros cruceros a los que esta crisis sanitaria sin precedentes también les cogió en alta mar. El Costa Pacífica, de la misma naviera italiana, es uno de sus precursores y no quieren pasar por lo mismo que están pasando los pasajeros de este barco.

El Pacífica llegó a Savona (Italia) el pasado viernes con 170 españoles a bordo bajo la promesa de ser enviados pronto a España. El barco había pasado de largo por las costas españoles, que tiene cerrados los puertos a cruceros, pero había atracado en Marsella (Francia) para desembarcar a los ciudadanos franceses.

El domingo por la noche pusieron rumbo al puerto de Civitavecchia para estar más cerca de Roma, desde donde, según informaron familiares de los pasajeros, tenían previsto salir en avión destino a Barcelona este martes a las 15.50. No fue así. Los españoles a bordo pasaron el día metidos en el teatro del barco preparados para salir hacia el aeropuerto, pero tras varias horas les informaron por megafonía de que tendrán que seguir esperando al menos un día más. “Es un desastre”, resume Mariana Louro, que espera muy nerviosa que su padre y su mujer, de 85 y 93 años, respectivamente, lleguen por fin a Málaga.


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