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Estel Blay Carreras, la científica de Manresa que comandará una expedición al Ártico para simular una misión a Marte

El objetivo es imitar las condiciones de una futura colonia en el planeta rojo en el sitio de la Tierra que más se le parece

Estel Blay Carreras se prueba su traje de astronauta en su casa, en Sitges.Lupe de la Vallina

El sueño de la infancia de Estel Blay Carreras (Manresa, 39 años) era convertirse en astronauta. Más de la mitad de las niñas que tienen la ambición de dedicarse a las ciencias desisten en la adolescencia, pero no fue su caso, que convirtió una fantasía en un plan de futuro profesional. Se formó en Ciencia Aeroespacial, se doctoró, tuvo varios trabajos. Hoy, esta mujer, que vive en un barrio residencial de Sitges con su familia y dos hámsteres, que nos recibe con una sonrisa y en calcetines, que tiene un estilo de vida aparentemente convencional, en poco más de un año será la próxima comandante de una misión que simulará, en una isla remota del Ártico, una expedición a Marte.

“Me levanto contenta, me voy a trabajar contenta y vuelvo contenta”, afirma Blay Carreras. Y se le nota. Durante el día gestiona uno de los programas europeos en el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña que financia proyectos con tecnología espacial para la resiliencia climática. Al terminar, comienza su trabajo voluntario en Hypatia Mars, una organización catalana sin fines de lucro llevada adelante por mujeres que impulsa la investigación espacial, apoyada por universidades de todo el mundo.

El sitio elegido para la próxima misión es una base en Devon, en el Ártico canadiense. Es la zona en la Tierra más parecida a Marte. El hospital más cercano se encuentra a cuatro horas en avioneta y es la primera vez que acudirá un equipo conformado íntegramente por mujeres. “Aquí saltamos a otro nivel de complejidad y, para ello, cuento con plan A, plan B y plan Z, para no poner en riesgo a nadie. Mi rol es que las cosas pasen y pasen bien”, cuenta quien será la máxima responsable.

Será la segunda simulación en la que participa. El año pasado, con Hypatia, ha estado a cargo de la salud y seguridad en el desierto de Utah durante 15 días, junto con otras seis mujeres, también con el fin de reproducir las condiciones de Marte. Además de velar por la salud de las demás, asumió la responsabilidad de tres experimentos. Con la artista en residencia Anna Bach Valls, participó en el proyecto Woman Leave Their Mark, que consistió en representar una cruz visible desde el espacio hecha con lienzo. La astronauta subraya la dificultad de este último proyecto, por el movimiento (con trajes, guantes y cascos de astronauta), la comunicación entre ellas (a través de ondas de radio) y el transporte de peso (las mochilas de supervivencia) en el desierto, entre rocas, con viento, polvo y sol.

“Debíamos imitar las condiciones de una futura colonia en Marte. Si llegamos a otro planeta, la capacidad que tendremos de construir será muy limitada”, explica. El espacio en el que habitaron era extremadamente reducido. Cada habitación incluía solo una cama y el gimnasio que improvisaron era tan pequeño que debían ejercitarse en dos turnos separados porque no cabían. En un pequeño invernadero cultivaron verduras frescas que crecían rápido, como rúcula o hierbas. Comían medio tomate cherri al día. Por lo demás, se alimentaron de comida deshidratada: hamburguesas, brócolis, mantequilla. Solo se suministraron 13 litros de agua cada día por persona, muy lejos de los cómodos 130 que se calculan en España para la vida ordinaria.

Ha estado aislada, en ambientes muy pequeños, en climas hostiles, alimentándose poco y mal. Cabe interrogarse cómo soporta e incluso desea tanta incomodidad. “Es una explosión de adrenalina y felicidad”, reflexiona. “Cuando te aíslas y te sacan el teléfono de la mano, no hay nada más que no sea la misión. Puedes pensar casi más rápido, porque toda tu atención está puesta solo en una cosa. La capacidad de concentración que tenía era de otro nivel…”, apunta. De otro planeta.

En tal situación, es casi inevitable no pensar en la posibilidad de la muerte ante una emergencia. “No creo que me dé miedo la muerte en el Ártico. Si llamo al hospital, evidentemente estaría rompiendo la simulación. Es más, si tenemos una pierna en dos partes, la simulación, con todo respeto, otra vez será”, responde.

En pocos meses el equipo comenzará a prepararse con una rutina de ejercicios, chequeos médicos y una dieta especial. Hoy no tiene la ambición de ir a Marte, también aplazada por Elon Musk. Con la tranquilidad de quien está en conocimiento de las cosas, y con el optimismo de los que tienen mucho por hacer, afirma: “Hay demasiadas cosas en la Tierra que quiero como para ir en una misión suicida al planeta rojo”.

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