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CREADO PARA FUNDACIÓN LABORAL DE LA CONSTRUCCIÓN
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Construir para la sociedad

Regenerar zonas urbanas, restaurar el patrimonio o crear servicios para la ciudadanía. El sector de la construcción puede jugar un papel importante en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos

Alumnos en la sede y  centro de formación de la Fundación Laboral de la Construcción, obra realizada por Acciona.
Alumnos en la sede y centro de formación de la Fundación Laboral de la Construcción, obra realizada por Acciona.

La construcción está muy presente en nuestro día a día, no solo creando hogares o mejorando nuestras comunicaciones, sino que también es una pieza clave para mejorar la calidad de vida de una sociedad. Zonas en desuso que se renuevan, edificios que se hacen más sostenibles, hospitales y centros de salud o lugares de formación son algunas de las maneras en las que el sector de la construcción ayuda a crear un mejor entorno a los ciudadanos.

En un campo en el que los conocimientos se actualizan constantemente y las profesiones se vuelven más sofisticadas, la Fundación Laboral de la Construcción ofrece a los trabajadores y trabajadoras, tanto nuevos como ya asentados, una formación continua. En su sede y centro de formación de Vicálvaro, en Madrid, Elizabeth Cedrán obtuvo el certificado de profesionalidad que le acredita como especialista en electricidad. “Los electricistas somos de los primeros que entramos en un proyecto, cuando todo está empezando”, explica sobre su trabajo. “Después nos vamos y volvemos al final. Lo que estaba lleno de polvo por todos lados es una obra casi acabada. Es muy satisfactorio ver cómo algo que tú empezaste ahora es una realidad, algo que está pensado para que lo disfruten otros. Porque lo que hacemos es para los demás”.

Inaugurado en 2014, la sede y centro de formación de la Fundación Laboral de la Construcción en Vicálvaro (Madrid) cuenta con 16.000 metros cuadrados en los que se lleva a cabo la formación teórico-práctica de los profesionales del sector.
Inaugurado en 2014, la sede y centro de formación de la Fundación Laboral de la Construcción en Vicálvaro (Madrid) cuenta con 16.000 metros cuadrados en los que se lleva a cabo la formación teórico-práctica de los profesionales del sector.

Cedrán ha sido testigo de los cambios del sector en las últimas décadas. “Cuando empecé, hace 24 años, no trabajaba con ninguna mujer”, recuerda. “Antes, en la época de mis padres, se inculcaba que la mujer no podía hacer ciertas cosas. En cambio, ahora veo cada vez a más chicas que les interesa este sector y quieren formar parte de él. Cuando estuve formándome en la Fundación Laboral de la Construcción, me sorprendió que en un curso de albañilería, de 15 alumnos diez eran mujeres”. Cedrán destaca también el papel de la formación y la variedad de perfiles que integran la construcción. “Mi especialidad, la de la electricidad, nunca termina. Hace años empezó el LED, ahora las placas fotovoltaicas… siempre te estás renovando. Es una profesión en la que, si quieres hacer cosas, no tienes límites”.

Proyectos que mejoran la vida

Dentro de la evolución de la construcción, nos encontramos el ejemplo de Turianova, que hasta 2019 era una zona de la ciudad de Valencia que se había apagado lentamente. “Era un barrio de casas bajas y huertos, la mayoría abandonados. No había servicios públicos y estaba mal comunicado”, explica Lydia Epifanio, jefa de grupo de la empresa de construcción que participó en la tarea de crear un nuevo barrio casi desde cero. Era el tipo de proyectos que le llevaron a trabajar en el sector de la construcción. “Me atraía mucho construir cosas de la nada: calcular, diseñar…”, explica. “Es apasionante, tienes un proyecto en papel, lo ejecutas y, finalmente, lo ves hecho realidad. Es algo que permanece de por vida, y que tú has ayudado a que exista”, cuenta con orgullo.

Turianova, en cuyo desarrollo participó el Grupo Bertolín, es un entorno de 420.000 meros cuadrados de los cuales el 75% está destinado a espacios públicos y que albergará 2.300 viviendas, 800 de ellas de Protección Pública. Está ideado para crear un barrio sostenible, habitable y saludable.
Turianova, en cuyo desarrollo participó el Grupo Bertolín, es un entorno de 420.000 meros cuadrados de los cuales el 75% está destinado a espacios públicos y que albergará 2.300 viviendas, 800 de ellas de Protección Pública. Está ideado para crear un barrio sostenible, habitable y saludable.

El nuevo barrio de Turianova es un ejemplo de la capacidad de la construcción de mejorar la vida de los ciudadanos, pero la jefa de grupo recuerda otros proyectos en los que ha participado. “Solía llevar a un parque a mis hijas y les explicaba que yo lo había ayudado a construir, y uno de mis primeros trabajos fue una urbanización a la que, diez años después, se mudó un amigo mío. Cuando vuelves años después y lo ves lleno de vida dices ‘madre mía’. Es muy gratificante, porque las obras no son un camino de rosas y cuando ves cómo se han transformado en esos espacios la sensación es indescriptible”.

Otro ejemplo de un proyecto que cambia su entorno lo encontramos en la Residencia de Mayores Raiola o Horreo, en Santiago de Compostela. “Encontramos un edificio en un sitio muy céntrico de la ciudad que llevaba 20 años abandonado, y era perfecto para el modelo de residencia que queríamos crear”, explica Inés Moreira, responsable técnico del centro. “El nuestro es un proyecto combinado de residencia y vivienda comunitaria. Las primeras dos plantas están pensadas para personas que necesitan una mayor asistencia y la tercera, la vivienda, para personas casi autónomas”.

El modelo de gestión que ha puesto en marcha este centro está basado en las experiencias llevadas a cabo en países nórdicos. “Se basa en que las residencias son hogares, no hospitales ni hoteles”, apunta Moreira. “El ambiente es como el de un hogar, a nivel constructivo y de mobiliario. Se organiza en unidades de convivencia, de manera que se establezcan grupos reducidos, de 12 a 16 personas, aunque haya unos servicios comunes”.

De esta manera, prosigue Moreira, se posibilita que el personal “conozca a la persona que tiene delante y sus necesidades específicas. Se trata de acercar la organización lo máximo posible a la persona. Para los residentes, no es lo mismo desayunar, comer o cenar con 50 personas que con 12. Se establece una convivencia”. También influye la localización, en el centro de la ciudad. “Las personas más autónomas pueden disfrutar de los servicios de la ciudad y están muy cerca de sus familiares para visitarlos a diario. Tenemos un par de residentes que se conocen y comparten habitación, que salen a tomar el café juntos, a hacer recados… También hay otra persona que entró siendo muy autónoma, tuvo una recaída de salud que requería muchos cuidados, así que cambio a uno de los pisos de residencia, y tras recuperarse volvió a pasar a la zona de vivienda comunitaria”. Todo ello, concluye Moreira, hace que los residentes se encuentren “asentados y a gusto. Se ven allí a largo plazo”.

La residencia de mayores Raiola o Horreo, en Santiago de Compostela, es un proyecto de Abeconsa que ha recuperado un edificio en desuso de la ciudad para adaptarlo a las necesidades de sus residentes. Su modelo de gestión pone a los residentes en el centro del trabajo, basado en los utilizados en países del norte de Europa, como Noruega, Finlandia o Suecia.
La residencia de mayores Raiola o Horreo, en Santiago de Compostela, es un proyecto de Abeconsa que ha recuperado un edificio en desuso de la ciudad para adaptarlo a las necesidades de sus residentes. Su modelo de gestión pone a los residentes en el centro del trabajo, basado en los utilizados en países del norte de Europa, como Noruega, Finlandia o Suecia.

Reinvención profesional

El de Ivana Seoane Chávez es un ejemplo de las oportunidades que ofrece el sector de la construcción. Nacida en Bolivia, se inició como auxiliar de enfermería en España pese a que su vocación era otra. “Mi abuelo era albañil y luego se hizo topógrafo. Me llevaba con él a las obras y era feliz allí, me encantaba, pero mis padres querían que estudiara otras cosas”, recuerda. “Me metí al área sanitaria y me di cuenta de que no era lo que me gustaba”. Durante la pandemia, trabajaba en un hospital público de Madrid, experiencia que le hizo replantearse su futuro. “Fue muy duro. Me hizo pensar que eso no era lo que quería hacer. Estaba tan agobiada que decidí irme al campo para tomarme un tiempo y cambiar de profesión”.

Chávez comenzó a buscar información sobre cursos relacionados con la construcción y actualmente se está formando en la Fundación Laboral de la Construcción. “Es un área fascinante”, cuenta. “No sé cómo la gente no se dedica a eso, hay mucho trabajo y va a haber más”. Explica que se quiere especializar en falsos techos, prefabricados ligeros y paneles solares. “Para empezar estoy haciendo un curso de albañilería, aprendiendo de los materiales, texturas… A la vez, estoy intentando construir algo en un terreno que compré en un pueblo. He aprendido a montar andamios. Si hubiese tenido más información, creo que me habría metido a este sector antes”.

En Salamanca, este proyecto de Construcciones Lavi tenía como objetivo la mejora de la eficiencia energética de un edificio de viviendas. Para ello, se rehabilitó su cubierta, patios y cerramiento. Artistas locales participaron en un mural situado en una fachada ventilada que fue pintado pieza a pieza y que se integra en el paisaje urbano.
En Salamanca, este proyecto de Construcciones Lavi tenía como objetivo la mejora de la eficiencia energética de un edificio de viviendas. Para ello, se rehabilitó su cubierta, patios y cerramiento. Artistas locales participaron en un mural situado en una fachada ventilada que fue pintado pieza a pieza y que se integra en el paisaje urbano.

La trayectoria de Alexander Espada Rodríguez también estuvo influida por la pandemia, aunque en su caso para profesionalizarse dentro del sector. “Me contagié de covid y estuve en la UCI poco más de un mes. Gracias a los médicos pude recuperarme, pero ese episodio me frenó”, relata. “Trabajaba instalando falsos techos, tenía la intención de formar una pequeña empresa, trabajar para mí, y tuve que parar. Cuando me fui recuperando, mi mujer me recomendó hacer algo más, y fue cuando surgió la oportunidad de formarme en estructuras”.

Alexander buscó información y dio con los cursos de la Fundación Laboral de la Construcción. “Me abrió los ojos porque había una parte teórica, que yo ya había trabajado pero que no conocía las bases. Hacía cosas pero no sabía por qué había que hacerlas así. Continué en la convocatoria, me saqué el certificado y, en cuanto me recuperé, me llamaron para trabajar. Ahora estoy trabajando como oficial de primera”. Los planes de Alexander pasan ahora por retomar su proyecto. “En un año o dos me gustaría poder formar mi propia empresa de placas solares y falsos techos. La formación me ha permitido ampliar conocimientos, tanto técnicos como de organización. Saber preparar un presupuesto de organización de una obra, por ejemplo, ha sido muy importante para mí. Este es un sector en el que, si eres bueno, no paras de trabajar y, si tienes conocimientos, puedes emprender por tu cuenta”.

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