La tercera juventud: manual de instrucciones

Conocerse para descubrir una nueva pasión, ejercitarse. Hay personas que florecen tarde. Una existencia activa y con propósito es la mejor vía para morirse a los 100 años siendo joven.

JUÁREZ CASANOVA (EPS)

La historia de Guadalupe Ruiz-Giménez demuestra que la vida nos procura segundas y terceras oportunidades cuando nos mantenemos conectados a nuestras pasiones. Hija y esposa de político —estuvo casada con el ministro Rafael Arias-Salgado—, tras ser profesora de Estructura Social de España en la Complutense, ejerció cargos de responsabilidad en la UCD y el CDS, siendo eurodiputada entre 1989 y 1994. Teniendo 55 años, en 2002 dio un giro sorprendente a su vida, al abandonar la política para dedicarse al mundo terapéutico. Iniciada en diferentes disciplinas orientales y en técnicas cuerpo-mente, en 2003 decidió abrir un centro de pilates en Marbella donde ejercería de instructora. En 2021, con 73 años y en plena forma, ha escrito El arte de envejecer bellamente, donde menciona tres claves para que los años sumen experiencia sin restar vitalidad:

— Descubrir quién eres para poder quererte y cuidarte mejor.

— Vivir el presente con atención plena.

— Equilibrar el dar y recibir amor en las relaciones.

Guady, como la llaman sus amigos, se ha propuesto seguir con esta filosofía hasta el último día de su vida para morir “en perfecto estado de salud”. Su caso no es aislado. Los anglosajones tienen una palabra muy bella para definir a estas personas que viven una nueva juventud gracias a una pasión: los late bloomers, las personas que florecen tarde.

Encontramos un ejemplo de pasión tardía en Mary Delany, que vivió en la Inglaterra del siglo ­XVIII. Tras enviudar por segunda vez, a los 72 años dio inicio a su carrera artística, al darse cuenta de la similitud entre un pedazo de papel rojo en su mesilla de noche y el pétalo de un geranio. Con este humilde impulso, inició un proyecto que le llevaría a crear hasta el fin de su vida 985 collages florales que marcaron un hito en la historia del arte. La misma autora reconocía: “He inventado una nueva forma de imitar las flores”. Sus obras se exhiben hoy en el Museo Británico.

En la actualidad, con una esperanza de vida notablemente mayor, muchas personas tienen ante sí dos décadas o más de “vida útil” que puede llenarse de significado o ser solo la antesala del final.

De hecho, en el estudio sobre el ikigai —propósito vital— que realicé junto a Héctor García en la “aldea de los centenarios”, un pueblo agrícola al norte de la isla japonesa de Okinawa con el récord Guinness de longevidad, su talante activo resultó ser una de las claves para una vida larga y saludable. En nuestro regreso en diciembre de 2019 para rodar un documental con National Geographic que se estrenará próximamente, un anciano de 108 años que regaba su jardín nos regaló una bolsa de fruta con una gran sonrisa.

Existe una relación directa entre el envejecimiento y nuestra actividad física y mental. Las personas que tras su jubilación adoptan una vida pasiva y sedentaria aceleran su desgaste. La falta de movimiento va mermando las capacidades del cuerpo, así como una interacción social pobre va en detrimento de las habilidades intelectuales.

Si a la inactividad se suma la soledad, además, el proceso de envejecimiento se acelera. Pasar el día sin otro estímulo que el televisor o el móvil, sin recibir visitas ni desplazarse a otros lugares hace que muchas personas no tengan motivación para ocuparse de su cuidado personal y su alimentación.

En el extremo opuesto, las personas activas y con propósito se mantienen conectadas a la vida y conservan hábitos saludables. Además de no retirarnos de las cosas que nos gustan, veamos tres consejos para los ancianos de Okinawa que están refrendados por la ciencia.

Ponte en forma para tu próximo cumpleaños. Un poco de ejercicio suave cada día ayuda a mantener en buena forma nuestro vehículo para la vida, además de estimular la producción de endorfinas, las hormonas de la felicidad.

Reconecta con la naturaleza. Practicar al menos una vez por semana el shinrin yoku, los baños de bosque que recomiendan los médicos japoneses, promueve la longevidad al aumentar el índice de células que nos protegen contra el cáncer. Asimismo, las fitoncidas, venenos naturales de las plantas, refuerzan el sistema inmunitario.

Da las gracias. Así como una actitud de queja y enfado constante dispara los niveles de cortisol, la dañina hormona del estrés, una actitud de gratitud hacia la existencia y hacia las personas que nos acompañan promueve la serenidad y las ganas de vivir.

El escolar más viejo del mundo

— Aunque universidades como Cambridge han visto completar un máster a alumnos de hasta 102 años, como fue el caso de Brian Lowe, la persona más vieja en iniciar la primaria fue el keniano Kimani Maruge. A los 84 años empezó a acudir cada día a clase, compartiendo pupitre con otros niños y vistiendo el mismo pantalón corto y polo que el resto de alumnos.

 

— Muy apreciado por sus compañeros, fue elegido delegado de clase y un año más tarde subiría por primera vez a un avión para asistir en Nueva York a un congreso de Naciones Unidas sobre la educación gratuita universal.

 

— El caso de Maruge muestra que, como decía el motivador radiofónico Earl Nightingale, nunca es demasiado tarde cuando tienes un propósito, una meta digna y una motivación (...). Una persona puede llegar más lejos en unos pocos años de lo que ha logrado en toda una vida”.

Francesc Miralles es escritor y periodista experto en psicología.

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