Las fronteras de Ulises

El nuevo libro de Rafael Vilasanjuan ofrece un relato inteligente, compasivo y original de la llegada de refugiados a Europa

La mal llamada crisis de los refugiados que han ido llegando a Europa a partir de 2014 ha dejado algunas joyas (y bastantes ladrillos) en la narrativa de no ficción. Por mencionarles solo dos, todo el mundo debería leer La nueva Odisea, del periodista británico Patrick Kingsley, y La grieta, el deslumbrante trabajo gráfico de Carlos Spottorno y Guillermo Abril.

Hoy les quiero proponer una tercera lectura imprescindible para entender una realidad que nos ha cambiado más allá de lo que estamos dispuestos a aceptar. Se trata de Las fronteras de Ulises, del periodista barcelonés Rafael Vilasanjuan, que acaba de llegar a las librerías.

La verdad por delante, Rafa es un buen amigo y alguien a quien conozco bien. Por eso puedo decir que este libro está escrito con la inteligencia, la información y la compasión de quien lleva décadas bregándose en el mundo humanitario y del desarrollo. El autor ocupó varios cargos en Médicos Sin Fronteras, incluyendo la dirección ejecutiva de MSF Internacional, y fue testigo directo de algunos de los desplazamientos humanos masivos que marcaron el final del siglo XX. Hoy está en primera línea del esfuerzo para hacer llegar la salud y las vacunas a las poblaciones migrantes y otros grupos vulnerables.

Pero este libro, publicado en abril por la editorial Debate, es mucho más que un alegato humanitario, y ese es su principal valor. A diferencia de otros trabajos sobre este tema, Vilasanjuan adopta un enfoque de la movilidad humana en donde la diversidad de las razones para salir –el desplazamiento forzoso o la migración laboral– confluye en una única amalgama en la que el recién llegado y sus sociedades de acogida deben hacer frente a los mismos desafíos y oportunidades. Y en este juego los argumentos prácticos cuentan tanto o más que los éticos: ¿se puede permitir la UE no recibir muchos más inmigrantes de los que ahora recibe? Alemania empezó a contestar esa pregunta cuando acogió, integró y (puristas, tápense los ojos) capitalizó a más de un millón de refugiados en la pasada década.

Las fronteras de Ulises está estructurado como el propio viaje de quienes llegaron o trataron de llegar. Empieza describiendo a las personas, para después relatar sus circunstancias en origen, su trayecto y su destino. A lo largo de algo más de 200 páginas escritas de forma directa y amena, el lector irá asomándose a una realidad cuajada de referencias literarias, consideraciones geopolíticas y rostros humanos.

Alguien podrá decir que todo este asunto es ya agua pasada y que Europa ha vuelto a los espasmos migratorios ocasionales que conoció antes de la crisis siria. Los mismos que estamos experimentando estos días en Ceuta y Canarias. Déjenme explicarles por qué creo que se equivoca quien piense así. El libro del que hoy hablamos tuvo una versión previa y reducida en catalán que se publicó en marzo de 2019. Desde entonces hasta hoy, un partido nacionalpopulista se ha convertido en la tercera fuerza política del Parlamento, las campañas electorales se dirimen con un fondo de discurso racista y de odio, y la reforma del sistema europeo de migración y asilo amenaza con convertir en ley la miserable respuesta de la UE en este campo.

Con franqueza, no se me ocurre un momento más importante para leer a Rafael Vilasanjuan y utilizar la lucidez de sus argumentos en la construcción de la sociedad que queremos ser. A la que yo aspiro está bien expresada en este precioso texto del poeta Khaled Hosseini, incluido en el epílogo:

He oído decir que nadie nos ha invitado.

Que no somos bien recibidos.

Que deberíamos llevarnos nuestra desgracia

a otra parte.

Pero oigo la voz de tu madre

por encima de la marea,

que me susurra al oído:

“Ah, pero si vieran, querido,

solo la mitad de lo que tienes.

Solo que lo vieran.

Dirían cosas más amables, seguro”.

Les dejo con la conversación que mantuvimos el autor, el periodista sirio Ayham Ghareeb (Baynana) y yo a propósito del libro. No dejen de leerlo.

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