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El Bionic Festival une danza experimental con árboles

Henrique Furtado Viera, galardonado con el primer premio en la cuarta edición del certamen que se celebra en Lisboa

A causa de la pandemia la edición de este año se ha celebrado al aire libre y cada participante ha tenido que bailar sólo con plantas y no con otras personas
A causa de la pandemia la edición de este año se ha celebrado al aire libre y cada participante ha tenido que bailar sólo con plantas y no con otras personas(c) Bionic Festival

El bailarín y coreógrafo portugués Henrique Furtado Vieira y el árbol Nerium Oleander se alzaron con el primer premio de la IV edición del Bionic Festival, una competición internacional de danza experimental con plantas móviles, que este año se ha celebrado a finales del 2020 en Lisboa. Henrique Furtado Vieira presentó una coreografía de movimientos lentos, donde el árbol era un ser muy dinámico que se convirtió en el ancla y núcleo de su coreografía, una obra de evocación a los viajes y los sueños con una gran dosis de melancolía y romanticismo.

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Su performance consiguió la máxima puntuación del jurado que este año estaba compuesto por los bailarines y coreógrafos Fabian Thome y Manuel Rodriguez, el comisario y artista Abraham Hurtado, la curadora Violeta Janeiro y la presidenta de la Asociación VidaSana y directora de BioCultura, Angeles Parra. Henrique Furtado Vieira ha compaginado su profesión de ingeniero medioambiental con su formación artística en INSA Lyon y Extensions - CDC Toulouse, y actualmente es miembro de la compañía de danza o Rumo do Fumo de Lisboa.

El bailarín portugués Bruno Morais y la artista y performance indo-austriaca Navina Neverla obtuvieron el segundo y tercer premio en esta cuarta edición de Bionic Festival celebrada a orillas del Tajo. La pandemia mundial impidió la participación de grupos en la competición obligando a los bailarines a danzar exclusivamente en compañía de sus parejas vegetales, y a sacar el evento al aire libre, escogiendo el Campo das Cebolas en el barrio de Alfama como escenario del mismo.

Las plantas que el Bionic Festival donó a Madrid en otras ediciones suponen 150 toneladas menos de CO2 al año

En esta edición se han vivido momentos creativos imborrables como recuerda el artista Honevo, creador de Bionic Festival: “Una de las artistas finalistas, Sabrina Sotelo, ha intentado biomimetizarse como una mariposa, y otro de los finalistas, Andre Garcia, acababa de hacer un curso de permacultura y bailó con su prótesis junto a una palmera de Madagascar”. Este año el evento de danza ha dado un paso más en su propósito de convertirse en una nueva corriente artística internacional, un evento sostenible y multicultural que une la danza, la música y los árboles móviles y que ahonda en el vínculo misterioso entre las personas y las plantas, unidos en el reto de mejorar la calidad de vida de nuestro planeta. Ahora más que nunca.

El portugués Bruno Morais fue galardonado con el segundo premio gracias a una coreografía con una buganvilia
El portugués Bruno Morais fue galardonado con el segundo premio gracias a una coreografía con una buganvilia(c) Bionic Festival

“En las propuestas de Bionic Festival 2020 hay sensibilidad hacia las plantas, hay alegría, hay tristeza, hay mascarillas, hay hedonismo, hay acrobacias, y muchos juegos, pero sobre todo hay talento. Además en esta edición se ha conmemorado el año de la Salud Vegetal proclamado por la Asamblea de las Naciones Unidas”, explica Honevo, director del festival y artista dedicado a investigar la relación de la danza, pintura y fotografía con el mundo botánico.

Las plantas participantes, cómo en ediciones anteriores, han sido donadas a dos comunidades de vecinos del barrio de Alfama en Lisboa. La asociación Biomima, organizadora del Bionic Festival, calcula que las plantas que el Bionic Festival ha donado a las huertas urbanas y comunidades de vecinos de Madrid, en pasadas ediciones, suponen menos de 150 toneladas de dióxido de carbono al año en emisiones para la capital española. Un pequeño impacto positivo que sirve para visibilizar el trabajo sensible de grandes bailarines, artistas y plantas.

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