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Javiera Mena: “Mi vicio es la marihuana, pero como no la tuve a mano en la cuarentena me di a la comida”

La artista chilena fijó hace un año su residencia bajo el cielo de Madrid sin saber que pasaría una temporada bajo techo. Tras dos meses y medio encerrada, apenas se lo creía durante su primera sesión de fotos, en un parque del Retiro salvaje

Javiera Mena posa para ICON en medio de la vegetación salvaje que se ha adueñado del parque del Retiro de Madrid.
Javiera Mena posa para ICON en medio de la vegetación salvaje que se ha adueñado del parque del Retiro de Madrid.Foto: Gianfranco Tripodo

Ha bastado un mes para que el paisanaje madrileño, ahora obedientemente conjuntado con lo último en mascarillas, retome la buena costumbre de salir a las calles, sin miedo y sin mirar el reloj. Tras dos meses y medio encerrada, Javiera Mena (Santiago de Chile, 1983) apenas se lo creía durante su primera sesión de fotos, en un parque del Retiro salvaje, amazónico, inhóspito. La productora y artista chilena, autora de hits como Otra era, se limita a recitar, como en sus canciones, su combativa poética: “Sí, soy joven, mujer, lesbiana y latinoamericana. ¡Y por fin todo eso se ha transformado en algo positivo!”.

¿Qué hace una santiaguina como usted en un Madrid como este? ¡Ha pasado un año volando! Aunque Santiago se parece arquitectónicamente a Madrid, son ciudades bien distintas. El santiaguino es casero y familiar, allá enseguida te invitan a un asado. Acá son más callejeros, en cada esquina tienes un bar, ¡una tentación!

Últimamente, no pasamos mucho tiempo en la calle... Si me hubieran dicho, me hubiera quedado igual. Al principio, estuve en shock, hacía de todo y de nada... mucha procrastinación. En el último mes, empecé a componer con el ordenador, mi instrumento principal, y a producir, algo que me encanta y que no he podido hacer con calma hasta ahora. Me conecté casi de golpe con la realidad y con mi gente más cercana.

“Las lesbianas empezamos a hacernos un hueco en la opinión pública. Yo siempre lo he visualizado porque creo que es una reivindicación política poderosa”

¿Y se encontró consigo misma? Sí, y he terminado por reconocer que soy dual. Puede sonar extraño, pero tiene sentido. Soy una persona lenta con mis rutinas, pero mi cabeza siempre va acelerada. He aprendido a echar el freno en un mundo que exige ir a toda velocidad. Ha sido un gran descubrimiento.

¿Se ha sorprendido de sus vicios? Mi vicio es el azúcar y el chocolate. Bueno, en realidad me gusta la marihuana, pero como no la tuve a mano, aprendí a convivir con la lucidez y me di a la comida. Hay que saber reconocer que el hombre es un animal vicioso.

¿Y el vicio de la poesía? Antes solía poner en mi biografía que la poesía de hoy está en la música. Me siento una poeta melódica. Me gusta recurrir a las técnicas de la poesía, que alterno con imágenes de la vida cotidiana y pinceladas esotéricas. La poesía tiene algo de ensoñación, de introspección, te conecta con las fantasías. Pero parece que no está de moda y, de algún modo, me siento representante de este género.

Pongamos que habla de feminismo... Y yo te hablo de la austriaca Riane Eisler y de su libro El cáliz y la espada, que nos dice que es hora de dejar atrás la sociedad androcéntrica y colaborar entre géneros. Con todo lo que sabemos, lo natural ahora es unir fuerzas. Hasta antes de ayer, las lesbianas ni existíamos. Y ahora empezamos a hacernos un hueco en la opinión pública. Yo siempre he visualizado mi lesbianismo, porque creo que es una reivindicación política poderosa.

¿Produjo Corazón astral, su nuevo single, en casa? Sí, e hicimos un videoclip de animación dirigido por Tomás Aciego y Pzzzastudio. Diseñamos dos avatares míos para ilustrar un viaje astral hacia el erotismo y el autoenamoramiento, y reflejar que, en la primera etapa del amor, uno se fija en cómo es con la otra persona.

¿Y a qué tuvo que renunciar? Tuve que cancelar una gira por Latinoamérica. Por suerte, me dediqué a preparar el disco. Pero pienso mucho en el gremio de los que se dedican a la música en directo, el gran pilar del negocio. La pandemia ha sido demoledora para el sector.

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