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Los medios, la epidemia y el miedo

La prudencia y la buena información son fundamentales, pero también saber los objetivos

Control de temperatura en un aeropuerto de Indonesia.
Control de temperatura en un aeropuerto de Indonesia. REUTERS

La epidemia de coronavirus Covid-19 está teniendo una importante repercusión pública que se magnifica de manera continuada desde los medios de comunicación hasta en la prensa supuestamente más ecuánime. Por ejemplo, entre ayer y hoy, en el periódico que leo habitualmente, ha habido no menos de cuatro referencias al supuesto pánico ciudadano (mascarillas, toses que producen terror...) a más de varias páginas dedicadas al tema.

Para comprobar cómo están las cosas he hecho un trayecto en metro y cercanías en Madrid (14 estaciones, tres líneas de metro y una de cercanías) fuera de las horas punta. Me he cruzado con más de 1.000 personas (luego he dejado de contar) y solo tres con rasgos inequívocamente “orientales” (aunque igual habían nacido en Cáceres) llevaban mascarillas, y se escuchaban las toses habituales en los andenes y vagones sin mayores síntomas de preocupación por el resto de los viajeros. Estuve a punto de fingir un acceso de tos, pero me contuve porque no soy partidario de las provocaciones, y porque el miedo se infiltra de manera insidiosa y nos incita a la prudencia extrema. No pretendo que se trate de una muestra representativa porque tiene sus sesgos (viajé por la zona este, centro y sur de la comunidad, salvo una niña la infancia no estaba representada, y la población laboral tampoco), pero creo que da una idea de la situación, la mayoría de las personas parecían inmunizadas al pánico mediático.

Es obvio que el Covid-19 es un virus nuevo del que sabemos poco y eso nos obliga a la precaución. También que su letalidad, con no ser muy grande, probablemente esta magnificada por el hecho de que muchas personas infectadas no tienen síntomas o los tienen muy leves, con lo que pasan inadvertidas y no se contabilizan, lo que favorece el contagio y dificulta parar la cadena de transmisión.

También que su seguimiento diario magnifica su repercusión. Ya sabemos que es distinto, pero la gripe estacional, según los datos del Sistema de Vigilancia de la Gripe en España, había registrado 779 muertes en todo el país hasta el 24 de febrero de 2020, imaginemos lo que habría pasado si cada una de ellas hubiese sido motivo de portada en los periódicos o de cabecera en los noticiarios, y no digamos si cada nuevo caso de gripe, aunque fuera oligosintomático, fuera recogido a diario por los medios. Eso sí que daría miedo.

¿Por qué se magnifica tanto el Covid-19? Digamos que hay algunas razones objetivas y otras que no lo son: las objetivas son que se trata de una enfermedad nueva cuya evolución lógicamente no se conoce y obliga a la prudencia, y también que el contagio desde personas sin síntomas favorece extremadamente su transmisión. Las otras tienen más que ver con el miedo a lo desconocido en una sociedad desacostumbrada a los riesgos, con el exceso de confianza en la medicina, y con los intereses económicos que se lucran con la epidemia (que van desde la búsqueda sensacionalista de las audiencias hasta las empresas fabricantes de los productos sanitarios relacionados con la misma).

No existe hasta el presente un tratamiento específico, aunque se han probado muchos y algunos se han publicitado desde los medios como si estuviera comprobada su eficacia. Una enfermedad autolimitada y con tendencia a la curación favorece la falsa impresión de que cualquier medida es eficaz, aunque realmente no tenga efecto o simplemente actúe como placebo.

¿Qué podemos hacer? La prudencia y la buena información son fundamentales, pero también tener claro cuáles son los objetivos a alcanzar. Si lo que se pretende es atajar la extensión de la epidemia hay que tomar medidas radicales de aislamiento, que en muchos casos tendrán que ser poblacionales y amplias, y que hasta ahora son las únicas que han demostrado su eficacia, pero que en todo caso, en nuestro país, dado lo que se ha tardado en tomarlas, inevitablemente solo tendrán efecto a medio plazo, es decir, los casos seguirán aumentando durante el periodo de incubación de la enfermedad. Si por el contrario asumimos que se trata de un problema que no es tan grave, habría que tratar a los enfermos y tomar medidas generales (como se ha hecho), asumiendo que los infectados y las muertes aumentarán. No es fácil tomar una opción porque el ruido mediático es muy grande y se ha jugado demasiado a dar una imagen de que era posible contener la extensión del virus sin adoptar medidas rigurosas y amplias de aislamiento, lo que se ha demostrado que es imposible.

La epidemia también tiene efectos positivos sobre la salud, como es la disminución de emisiones de CO2, especialmente en China, que era uno de los grandes emisores.

Por suerte, parece que la mayoría de la población ha normalizado la epidemia y hasta el momento se niega a dejarse llevar por el miedo incontrolado, a pesar de la machacona campaña mediática. Por otro lado, el sistema sanitario público está respondiendo y demostrando, una vez más, que cuando hay un serio problema de salud, real o sobredimensionado, es el único con capacidad de respuesta, mientras el sector privado está desaparecido, porque siempre lo hace cuando hay problemas potencialmente graves y en los que la rentabilidad económica no está garantizada.

Marciano Sánchez Bayle es médico y presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid.

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