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El poder cosmético de la vid

El laboratorio de Caudalie.
El laboratorio de Caudalie.

La uva es el ingrediente estrella de la firma Caudalie. En su 25º aniversario, hablamos con su fundadora, Mathilde Thomas, sobre sus nuevas apuestas sostenibles.

E sta es la aventura de mi vida”. Mathilde Thomas sentencia y luego da un sorbo a su tisana. Una infusión de vid roja, marca de la casa, que la ayuda a entonarse en esta desapacible mañana invernal. Otro sorbo antes de continuar: “Una aventura que empecé hace 25 años con mi marido, Bertrand [Thomas], que es además mi socio y padre de nuestros hijos. Y el balance de esta trayectoria no puede ser más positivo”. Sus palabras resuenan en una de las salas del Laboratorio de Investigación de Biología Molecular y Celular y Formulación Natural, el nuevo sanctasanctórum a mayor gloria de Caudalie, la marca pionera en hacer bandera de la naturalidad en un sector dominado por los agentes químicos. Situado en el corazón del llamado Valle de la Cosmética, a 15 kilómetros de la ciudad de Orleans —epicentro no solo de la industria de la belleza francesa, sino también de la europea—, es la última piedra de un emporio que en 2018 facturó 200 millones de euros y se ha extendido ya a 28 mercados, asiático incluido. Y todo sin injerencia corporativa ajena. “Seguimos siendo una empresa familiar y eso nos da mucho equilibrio e independencia”, proclama su orgullosa fundadora.

Mathilde Thomas.
Mathilde Thomas.

Hay que remontarse a 1995 para entender el porqué de una aventura empresarial que surgió del vino. De los viñedos que la familia de Mathilde Thomas (Grenoble, 1971) posee en la renombrada finca Château Smith Haut Lafitte de Burdeos, en realidad. Sucedió cuando el matrimonio Thomas los recorrían junto con Joseph Vercauteren, profesor de Farmacognosia en la Facultad de Farmacia de Burdeos. En plena vendimia, el investigador se interesó por los restos del prensado de la uva desechados en unas cubas. Que cómo los iban a tirar, si allí había un filón. Y entonces les contó que aquellos hollejos eran un milagro para la salud. O, al menos, que podían convertirse en una milagrosa terapia contra el paso del tiempo. Evitar la oxidación de los principios activos (polifenoles, resveratrol y viniferina) extraídos de las vides fue el primer paso. Convertirlos en patentes cosméticas, el segundo. Situar los productos en el canal farmacéutico, el tercero. Así nació Caudalie, unidad de medida de la duración en boca del aroma de un vino. En enología, un caudalie equivale a un segundo. En dermocosmética, Caudalie es sinónimo de eternidad, o casi.

“Hemos estado explorando los beneficios de la vid durante un cuarto de siglo y, efectivamente, hemos descubierto el poder antioxidante de las pepitas, hemos encontrado las propiedades antiedad de los sarmientos o la profunda hidratación del agua de los racimos”, afirma la señora Thomas. “Se puede decir que tenemos muy, muy buenos activos y todos los ingredientes necesarios que ayudan a potenciar la reacción de las fórmulas. Está demostrado que el resveratrol mezclado con la betaína, por ejemplo, estimula la longevidad de las células de la piel”, remata. Por supuesto que un emporio nacido gracias a los residuos de la vendimia se planteara como objetivo ser pionero en crear una cosmética ética, con 0% de ingredientes nocivos para la salud y el medio ambiente —véanse los muy comunes ftalatos, sulfatos, parabenos y fenoxietanoles— o de origen animal, era lo más lógico. “Estamos orgullosos de haber contribuido con una cosmética cien por cien respetuosa con las personas y el planeta”, rubrica Mathilde, que ha hecho de la sostenibilidad su cruzada particular, consciente de que la industria cosmética también es una de las más contaminantes del planeta. Por eso también dona el 1% de su volumen de facturación a distintas asociaciones ecologistas.

Una placa a alta temperatura para fundir los cuerpos grasos de la fórmula.
Una placa a alta temperatura para fundir los cuerpos grasos de la fórmula.

En el nuevo laboratorio, Thomas y su equipo (formado por mujeres en un 90%) se preparan ahora para ir un paso más allá en su camino hacia la cosm-ética, concepto personal con el que la empresaria designa la composición natural de sus productos. La ingente biblioteca de materias primas que alberga las instalaciones, con más de 1.000 ingredientes y activos procedentes de la naturaleza y las últimas investigaciones biotecnológicas, es su gran baza. “En las fórmulas de Caudalie normalmente se pueden encontrar unos 40 ingredientes de origen vegetal, aparte de los derivados de la vid: café verde, oliva, karité, aceites de aguacate o de argán, hibisco, zanahoria, neroli, rosa, manzanilla… El ácido glicólico, por ejemplo, no es natural, pero sí bio-tec, o sea, limpio y superefi­caz”, detalla. En sus proyectos de investigación, que tienen como objetivo alcanzar un mínimo del 95% de ingredientes sostenibles en la mayoría de sus formulaciones para 2021, sigue contando con la ayuda del profesor Vercauteren, al que se ha unido el doctor David Sinclair de la Harvard Medical School. “Además de eficaz, el cliente demanda cada vez más una belleza limpia, responsable y transparente”, insiste, mientras abre en su teléfono móvil Yuka, la aplicación que escanea los códigos de barras tanto de productos cosméticos como de alimentación para revelar si sus compuestos son perjudiciales o no. “Mira, los nuestros aparecen todos en verde”, dice señalando el color de testado favorable.

El laboratorio y el equipo científico de Caudalie.
El laboratorio y el equipo científico de Caudalie.

Sin pelos en la lengua, Mathilde Thomas tampoco tiene reparos en criticar las distintas normativas gubernamentales que tratan de controlar los ingredientes nocivos en el sector cosmético: “Hay agencias como la FDA estadounidense que aún son muy laxas y pasan como aptos compuestos altamente irritantes como la hidroquinona, que se utiliza para tratar el acné. Por otro lado, creo que las autoridades europeas deberían pedirle a los perfumistas los libros con las composiciones de sus perfumes porque, amparándose en que las fórmulas son secretas, existe un cierto oscurantismo en ese tema”. Pero si hay un asunto que le preocupa ahora mismo, es el de la reducción de plásticos, sobre todo porque, a partir de 2021, la Unión Europea quiere eliminar el desechable. “En cualquier caso, estoy muy esperanzada, porque toda la industria de la cosmética se ha movilizado”, concede. “Nosotros nos hemos puesto como objetivo para 2022 generar cero desechos. No solo motivamos al cliente a devolver a nuestras tiendas los envases vacíos, sino que también estamos reformulando toda la paquetería. Hasta ahora, había elementos como los tapones o las cajas que eran multimateriales, o sea, que contenían plástico o papel con metal y su reciclaje resultaba complicado, pero ya hemos encontrado una alternativa para hacerlo”.

Una muestra de polifenoles de pepitas de uva para la formulación de una crema de Caudalie.
Una muestra de polifenoles de pepitas de uva para la formulación de una crema de Caudalie.

Ahora la pregunta es si las nuevas generaciones de consumidores están igual de concienciadas ante el reto de la cosmética sostenible como con la moda. “La verdad es que la gente joven prefiere pensar antes en verse guapa que en la prevención, por eso estamos trabajando en una línea de maquillaje cien por cien natural”, responde Thomas. “Pero también es cierto que Internet ha cambiado completamente la forma de comprar, y los consumidores quieren conocer todo sobre los productos que utilizan: los ingredientes de la fórmula, la procedencia de las materias primas, la eficacia, que sean inocuos…”.

Caudalie mantiene una relación muy directa con los clientes tradicionales a través de los farmacéuticos, ya que la farmacia es uno de sus principales puntos de venta, pero no descuida a las nuevas hornadas que suelen preferir las compras online: “Son un segmento demográfico emergente y fuerte al que cuidamos bastante. Para nosotros, es muy importante mantener un diálogo con ellos a través de las redes sociales”. Está claro que cuando se trata de mileniales y zetas, ya no hay marca que se cuelgue de la parra.