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Louis Vuitton y su homenaje posmoderno a la Belle Epoque

Con una de las mejores puestas en escena de la semana, Nicolas Ghesquière ofreció su particular versión de la estética Art Nouveau.

Paris Fashion Week
Desfile de Louis Vuitton primavera/verano 2020 celebrado en París el 1 de octubre de 2019. REUTERS

“Quería explorar qué significan hoy las nociones de obsoleto o pasado de moda y cómo podemos recuperar desde el presente una época que no hemos vivido”. Esa época de la que habla Nicolas Ghesquière es la Belle Epoque. “Fue un periodo muy corto, pero que lo cambió todo. Especialmente en París”, dice. En ese pequeño lapso, entre el fin del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, nació precisamente Louis Vuitton. Así que se podría decir que la colección que la casa francesa presentó ayer martes en el Museo del Louvre (y que cerró la Semana de la Moda de París) fue, de algún modo, una revisitación de sus orígenes.

Uno de los elementos que marcan el trabajo de Ghesquière como diseñador es precisamente ese, transitar entre la tecnología y la historia, mezclar artesanía centenaria e innovación para moldear estéticas que coquetean con lo cyber, con lo retro y con lo vintage al mismo tiempo. Si el pasado otoño se propuso hablar a través de sus diseños de los años previos a que la dimensión digital invadiera nuestras vidas (y transformara nuestra estética), y la primavera anterior quiso practicar el retrofuturismo rescatando la obsesión sesentera por la carrera espacial, esta vez retrocede casi un siglo y medio en el tiempo para actualizar esa era de florecimiento del dandismo, de las flappers, de Marcel Proust y Baudelaire a través patrones y siluetas contemporáneas.

El carrusel final de las modelos de Louis Vuitton camina con un fondo de la activista y artista Sophie. ampliar foto
El carrusel final de las modelos de Louis Vuitton camina con un fondo de la activista y artista Sophie. REUTERS

Hay estampados Art Nouveau (con especial hincapié en la orquídea, uno de los símbolos del movimiento), trajes sastre estampados que reinterpretan al dandy canónico y chaquetas brocadas, pero también minivestidos trapecio de corte sesentero y alusiones a los años ochenta en bolsos con forma de cinta VHS. Por supuesto, los guiños a los orígenes de Louis Vuitton estaban implícitos en casi cada accesorio. “La casa familiar de Vuitton en Asniéres y su jardín de invierno con vidrieras fueron una de las inspiraciones”, explica el diseñador. En una época, la nuestra, obsesionada con la nostalgia, la confusión de periodos muy distantes en el tiempo es de algún modo la receta de la novedad.

Porque este homenaje actualizado a la Belle Epoque contrastaba con el escenario del desfile. Las modelos emergían de una enorme pared en la que se proyectaba el rostro de Sophie, cantante, productora y activista transgénero. “La conocimos a través de otro músico, Woodkid. Le pedimos que hiciera una versión de su tema It’s ok to cry especialmente para nosotros. Para mí es como una serenata posmoderna”, asegura el diseñador.

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