Ojos de felino y una flecha a modo de nariz, así se ve a sí mismo Miguel Bosé

Daniel Ochoa de Olza y María Arranz

ESTA ES LA HISTORIA de cómo el dibujo de una cabeza de patata con tres pelos se convierte en el vivo reflejo de una estrella. Bosé posa para la cámara con el mismo descaro que dibuja. Tiene el control absoluto de su imagen. Con soltura, pinta dos discretas orejas y un espigado cuello como soporte para su carismático tubérculo, al que viste con camisa cerrada hasta el gaznate. Continúa el espectáculo con el trazo de un sofisticado pico de viuda dedicado a las entradas que el cantante luce en su madurez. Desde una de sus cejas, lanza una flecha a modo de nariz con la que moldea su fisonomía; puntea una barba de varios días, una boca asimétrica a unos centímetros del inconfundible hoyuelo de su barbilla y… voilà! La extravagante patata cobra vida con los ojos de un poderoso felino al que no se puede dejar de mirar. Don diablo, a la vanguardia, siempre. 

Sobre la firma

Carmen Guri

Es editora gráfica de El País Semanal. Antes en El Viajero, Babelia y el diario EL PAÍS donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional.

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