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La pluma (combinada con la medicación) es más fuerte que la espada

La estimulación mental a través de la escritura, el dibujo y juegos sencillos puede ser un medio terapéutico para los refugiados y migrantes que permanecen encerrados en Libia

Tres hombres pintan y juegan en una celda de un centro de detención, en Libia.
Tres hombres pintan y juegan en una celda de un centro de detención, en Libia.

Bajo el sombrío cielo del barrio libio de Janzour, en Trípoli, una mujer sale a la terraza de su apartamento. Es un quinto piso y tiende con parsimonia una colorida colada para que la seque la brisa de esa mañana. Al otro lado de la calle, un muro coronado por un alambre de púas se interpone a la vista y evita también que la brisa acaricie unas raídas camisas y unos zapatos colgados en una de las paredes del centro de detención de Anjila. Allí, más de un centenar de refugiados y migrantes permanecen encerrados.

Fuera de este recinto altamente vigilado, un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el que he trabajado los últimos seis meses acaba de llegar con medicinas, raciones de alimentos y una caja llena de cuadernos. El objetivo del día: abordar tanto las dolencias físicas como las necesidades de salud mental de quienes están allí retenidos. La variedad de síntomas se ve exacerbada por las condiciones precarias e inhumanas de su cautiverio. Algunos de los más patentes son los crecientes ataques de miedo, alteraciones del sueño, depresión y ansiedad.

Los nuevos enfrentamientos —la tercera oleada de combates en siete meses en Trípoli— no han hecho otra cosa que agravar estas dolencias. Los choques han puesto en peligro a los civiles que viven en la ciudad y han dejado a más de 3.000 refugiados y migrantes atrapados en los centros de detención cercanos a las líneas del frente y bajo un riesgo inminente de morir o resultar heridos de gravedad por los bombardeos, los disparos y los ataques aéreos indiscriminados.

Cuando entramos en las instalaciones de Anjila y comenzamos a prepararnos para el trabajo que tenemos por delante, un grupo de unos 80 hombres sale de la celda donde permanecían hacinados. Los guardias les ordenan que se sienten en el suelo en filas de 10 personas. Muchos de ellos no parecen ni siquiera vivos, con la mirada ausente y sus rostros vacíos de toda emoción. Prestan atención, no sin cierto reparo, a una mujer que está de pie ante ellos con un chaleco blanco con un logotipo rojo. Es Balkees Mgadami, nuestra traductora libia, de 24 años. Habla con una voz tranquila, pero firme, que contrasta con su aspecto frágil.

"Buenos días a todos, somos Médicos Sin Fronteras".

Cambiando con soltura entre el árabe, el francés y el inglés, mi colega explica que los doctores, enfermeros y trabajadores de salud mental acuden al centro todas las semanas para brindar atención médica. Al final de su introducción, Balkees agrega un punto importante, pero que pasa fácilmente desapercibido: “hoy distribuiremos cuadernos y bolígrafos. Si tenéis ideas o dibujos que queráis hacer, eso puede ayudar”.

Algunos de los síntomas más patentes son los crecientes ataques de miedo, alteraciones del sueño, depresión y ansiedad

Es un gesto bastante simple, pero que marca una gran diferencia para las personas que han pasado por tanto y ahora tienen tan poca libertad. Muchos han sufrido torturas que les han generado enormes traumas mientras estaban siendo retenidos por traficantes de personas. Otros han visto a sus seres queridos ahogarse ante sus ojos mientras huían a través del Mediterráneo, solo para ser interceptados y devueltos a Libia poco después.

"Se pasan el día pensando en su situación, pues se les mantiene en un lugar donde no hacen apenas nada", dice Hisham Sofrani, trabajadora social de MSF. "Desde la perspectiva de la salud mental, cuando estás bloqueado en una situación tan difícil como esta y no ves ninguna opción de salida, vuelves a revivir una y otra vez las experiencias que has pasado, sobre todo las negativas”.

La estimulación mental a través de la escritura, el dibujo y juegos sencillos como el tres en raya puede ser un medio terapéutico para ayudar a las personas a expresarse y abordar las peligrosas circunstancias a las que se enfrentan a diario. También puede ayudar a construir tejido social entre las personas detenidas que tienen diferentes nacionalidades, etnias y experiencias. En estos centros resulta que la pluma, combinada la medicación, puede ser más poderosa que la espada.

Contexto en Libia

Se estima que en Libia unos 6.000 refugiados y migrantes se encuentran en estos momentos en centros de detención oficiales y estatales operados por el Ministerio del Interior. Muchos huyeron de sus hogares en busca de un futuro más seguro, solo para darse cuenta de que la extorsión, la tortura, la violencia sexual, la explotación y el trabajo forzoso eran nuevos peligros que los esperaban en Libia y durante sus viajes. A pesar de no haber cometido ningún delito, estas personas vulnerables ahora son retenidas indefinidamente en condiciones que, generalmente, están muy por debajo de los estándares internacionales y son perjudiciales para su salud física y mental.

Desde que los nuevos combates estallaron el 4 de abril, MSF ha pedido a la comunidad internacional que evacúe a los refugiados y migrantes atrapados cerca de las zonas de conflicto al único lugar donde estarán a salvo: fuera de Libia. Hasta el momento, solo 455 personas han sido trasladadas fuera del país, mientras que entre 300 y 400 han sido interceptadas en el mar, devueltas a Libia por la fuerza en violación del Derecho Internacional y puestas en las mismas condiciones de detención peligrosas.

"No estamos diciendo que estarán bien, pero estamos minimizando las consecuencias que supone estar detenidos de este modo". Estamos tratando de darles herramientas y mostrarles mecanismos que les permitan afrontar lo que les ocurre y puedan sobrevivir a esto", explica Sofrani. "Lo más importante es sobrevivir".

Mientras que los médicos examinan a los pacientes para detectar enfermedades que incluyen infecciones del tracto respiratorio, diarrea acuosa aguda, sarna y tuberculosis, un pequeño grupo rodea a un consejero que habla sobre el estrés. Juntos, discuten qué lo causa, cómo se relaciona con otros problemas como el insomnio y las formas en que ellos y sus amigos pueden enfrentarlo. De pie, el grupo respira y exhala prolongadamente, y realiza ejercicios físicos sencillos. Todos están atentos y algunos incluso revelan una sonrisa. Empiezan a parecer vivos.

Después, cuando concluimos la sesión de trabajo, observo incómodamente cómo se ordena a los detenidos que regresen a su celda. Al final, las personas no solo necesitan un médico, necesitan atención. Necesitan saber que alguien, en algún lugar, se preocupa por ellos y los trata con la dignidad que merecen.

Sara Miller es enfermera de Médicos Sin Fronteras (MSF).

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