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Carolina Herrera nos debe los ‘royalties’

El debate sobre los diseños indígenas tal vez no es cultural, sino mercantil

¿Tiene dueño el rock? ¿Le dejó a deber algo Goya a Velázquez? ¿O Picasso a Goya? ¿O Dalí a El Bosco? ¿A quién debe Rosalía extender un cheque tras ser acusada de apropiación cultural? ¿A la Junta de Andalucía, a Los Chunguitos o a alguna asociación gitana? ¿Le debe Camilleri a Chandler, o este a Conan Doyle, o este a Allan Poe o este al Antiguo Testamento, con esos relatos terroríficos en los que el mismo Dios destruía Sodoma? ¿Y Moby Dick no le debe acaso algo a la ballena de Jonás? Y ya puestos, perdóneme, Cervantes, por usar la lengua que engrandeció para esta humilde columna.

Vestidos de la última colección de Carolina Herrera.

 

La cultura crece mirando, versionando y aportando la impronta personal que puede germinar en algo original. O no. Si lo consigue, si esa nueva criatura conecta con un tiempo y un lugar, la irrigación que mantiene vivo el organismo continúa, sin que por ello haya que sacar la cartera y pagar un porcentaje a la puesta de sol, al aire gélido, al pederasta que te inspiró un caso de ficción o a Baudelaire.

México, que no ha tardado ni cinco minutos en desplegar tropas en la frontera para frenar a los inmigrantes y evitar así los aranceles de Trump, parece dispuesto a pasar la cuenta a los demás por el trato a los indígenas. El debate es interesante. Primero, el presidente AMLO, nieto de cántabro, exigió a España que pidiera perdón por la represión de los indígenas hace 500 años. Vox haría bien en incluirlo en su temario, en serio. Esta semana, la acusación ha sido contra Carolina Herrera por sus modelos inspirados en diseños indígenas de Hidalgo, Oaxaca y Coahuila.

El error es tal vez hablar de apropiación cultural cuando estás hablando de royalties. Si Michael Jackson disfrutó de los derechos de los Beatles es porque los había comprado, por mucha rabia que le diera a McCartney; si los supervivientes de Queen se están forrando es porque Mercury murió y ha revivido en el cine. ¿Por qué no habrían de cobrar entonces las indígenas su porcentaje si la firma de moda se va a enriquecer con su creación? La cultura no tiene dueño, pero las obras, sí. Interesante debate que no es cultural, como intenta decirnos México, sino mercantil. Lenguaje de Trump, lenguaje de siempre, en suma.

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