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Más desarrollo sostenible

La Agenda 2030 es tan necesaria como sistémica. No basta con reformas cosméticas, exige transformaciones profundas

Niños elaborando cigarros en Myanmar.
Niños elaborando cigarros en Myanmar. REUTERS

A la hora de conformar el nuevo Gobierno, queremos recordar que la humanidad enfrenta desafíos inmensos en los próximos años. Estamos alterando la vida como la conocemos en nuestro planeta, siendo España uno de los países europeos donde el impacto del cambio climático será más acusado. El futuro del empleo es incierto y el presente, precario para jóvenes que no lo encuentran o para millones de trabajadoras pobres. Los sistemas tributarios nacionales apenas pueden competir con la sofisticada ingeniería fiscal que usan fortunas y grandes empresas para evadir miles de millones, erosionando así las políticas sociales. La biotecnología y la digitalización de la economía tienen consecuencias que apenas anticipamos y que requieren de nuevas respuestas a retos como la privacidad o el control de la información. Son tiempos disruptivos.

Es un hecho que el nuevo Gobierno tiene asuntos candentes en la política doméstica de corto plazo, lo que conlleva siempre el riesgo de una legislatura de reformas menores y un debate político centrado en el asunto territorial. Sería un error. Sería como secar el patio de humedades, mientras se avecina una tempestad.

España es una potencia política y económica media, con desafíos que están más vinculados que nunca con las grandes causas globales, a las que nuestro país debe contribuir con responsabilidad. El marco para ello no puede ser otro que el de la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La Agenda abarca los grandes asuntos: sostenibilidad, desigualdad, modelo productivo…, al tiempo que los conecta y permite su despliegue en cualquier país o territorio. No hay alternativa. O se logran los ODS en tiempo, o la combinación de crisis ecológica y de desigualdad nos pondrá al borde del precipicio.

En apenas un año, el Gobierno ha dado pasos significativos para la adopción de la Agenda 2030. Algunos concretos como la recuperación de la sanidad universal o la propuesta de transición ecológica. Otros de proceso, impulsados por el Alto Comisionado para esta tarea, como darle peso institucional a la Agenda, implicar a ministerios, crear un espacio de participación social y apuntar a la Estrategia de Desarrollo Sostenible. Sentadas las bases, la exigencia para esta legislatura debe ser mayor, en ritmo y profundidad. Es tiempo de aceleración.

Una estructura política fuerte podría asumir el liderazgo de tareas que abarquen los retos domésticos y sus conexiones con desafíos globales

Los cambios se deben impulsar en el terreno legislativo, responsabilidad compartida con otros grupos políticos, aprobando leyes tan relevantes como la de cambio climático. También en el presupuestario, vinculando el gasto público con el desarrollo sostenible. Y en la proyección política, especialmente en la UE, que debe liderar esta transformación y donde España puede desempeñar un papel muy relevante.

El liderazgo desde el Gobierno tendrá que estar a la altura de lo que la Agenda 2030 exige y las nuevas formas de hacer apuntan. El Estado debe ser garante de la defensa y universalidad de los derechos, al tiempo que emprendedor y facilitador de las contribuciones de otros actores: organizaciones sociales, sector privado, economía alternativa, academia y centros de investigación e innovación. Las alianzas entre diferentes, compartir conocimiento y experiencia, arriesgar desde un sentido de urgencia y compromiso, son las actitudes necesarias.

Todo ello exige elevar también el nivel de responsabilidad institucional para liderar una verdadera transformación. En este contexto no sería descabellado considerar la creación de una Vicepresidencia de Desarrollo Sostenible, con el peso político requerido para esta tarea. Esta vicepresidencia podría dirigir la elaboración de la Estrategia de Desarrollo Sostenible, velaría para que esta sea el plan de Gobierno para la legislatura y aseguraría el alineamiento de los ministerios responsables, incluyendo los económicos.

De esta forma, una estructura política fuerte podría asumir el liderazgo de algunas tareas, que abarquen tanto los retos domésticos como sus conexiones con causas y desafíos globales. Los habitantes del planeta nos enfrentamos juntos al colapso ambiental y a sociedades duales, al futuro de la energía y del agua. La Agenda 2030 debe ubicarse como pivote articulador y de coherencia entre las políticas nacionales y la contribución de España al mundo y a los países más frágiles, renovando instituciones e instrumentos.

La Agenda 2030 es tan necesaria como sistémica. No basta con reformas cosméticas para avanzar, exige transformaciones profundas que tensen e ilusionen a cada cual, sea Gobierno, empresa, organización o individuo. Lo mejor para el Gobierno es que la Agenda evita la distracción y marca la dirección hacia los asuntos que de verdad importan a la gente: protección social y trabajo, salud y educación, la lucha feminista y un medio ambiente saludable para nosotros y nuestras hijas e hijos. Asuntos que importan y emocionan. Hay que acelerar el paso hacia el desarrollo sostenible y no dejar a nadie atrás.

José María Vera Villacián es director general de Oxfam Intermón. Además, firman este artículo Gonzalo Fanjul, José Moisés Martín Carretero, Carlos Mataix, Leire Pajín y Rafael Vilasanjuan.

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