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Aquí viven mujeres poderosas

Son educadoras, microemprendedoras, profesionales de la salud. Ellas son el alma de de tres barrios de Saint Louis, en Senegal: Diamaguène, HLM y Léona

El mercado de Saint Louis (Senegal), en las proximidades de la antigua estación de trenes. Ver fotogalería
El mercado de Saint Louis (Senegal), en las proximidades de la antigua estación de trenes.
Saint Louis (Senegal)

Las casas de las vecinas de Fadiagne Diop, en el barrio de Léona de Saint Louis, desde hace algún tiempo se han llenado de pollos. La causa de la epidemia hay que buscarla en la decisión de esta mujer hace un par de meses de crear un grupo de microcrédito y ahorro con otras inquilinas de la zona, dándoles así la oportunidad de lanzarse al comercio de animales, sandalias y otras mercancías.

Diop guarda en el salón de su casa una caja de metal gris cerrada con dos candados. El tesoro es un interior se compone de libretas amarillas, donde las 40 mujeres de los barrios de HLM, Léona y Guet Ndar apuntan la cantidad del préstamo, el dinero devuelto y las ganancias repartidas entre las integrantes del grupo de ahorro. “Las mujeres trabajamos mucho, limpiamos la casa, cocinamos, cuidamos de los niños. Nos tenemos que buscar la vida y los maridos solo nos apoyan un poco. Nos dan algo de dinero para comprar la comida y esto es todo. Pero es importante que trabajemos y que tengamos nuestros ingresos para nuestra autonomía. Estamos cansadas, pero así es la vida”, dice.

Poco distante de su casa se encuentra la asociación que ella misma fundó y en la que trabajó durante 15 años, Jigeen ak Jigeen (cuyo nombre en wolof significa Entre Mujeres). Aquí se viene para hablar de salud, seguir cursos de alfabetización, pero, sobre todo, para trabajar en los talleres de costura, en la producción de joyería y de jabón. Coumba Wade trabaja en el centro y vive al otro lado de la calle, en el barrio de Diamaguène.

Una mujer da de comer al ganado. ver fotogalería
Una mujer da de comer al ganado.

“Muchas personas vinieron a Diamaguène del éxodo rural”, recuerda. “Después de las fuertes inundaciones que azotaron el barrio en 1994, los vecinos decidimos unir fuerzas. Así nacieron la Asociación de Desarrollo de Diamaguène y la guardería de niños. El agua nos dejó claro que juntos podíamos hacer muchas cosas”.

Fadiagne Diop, fundadora de la asociación de mujeres Jigeen ak jigeen. ampliar foto
Fadiagne Diop, fundadora de la asociación de mujeres Jigeen ak jigeen.
Coumba Wade, miembro de Jigeen ak Jigeen, en la sede de la asociación. ampliar foto
Coumba Wade, miembro de Jigeen ak Jigeen, en la sede de la asociación.

El centro de salud de Léona, HLM y Diamaguène, situado en la acera de enfrente, atiende a la población de los tres barrios (casi 19.000 habitantes, según el último censo de la Agencia Nacional de Estadística y Demografía, de 2013). El responsable del centro, Ababacar Sy, estima que un centenar de personas pisan cada día las instalaciones. La mayoría son mujeres que acuden a los servicios de salud reproductiva o que acompañan sus hijos a la consulta de malnutrición, llevada por un equipo al 100% femenino.

Awa Dia está al frente de una clase de 52 alumnos de tres años en la guardería Fonk sa Waejur. La escuela abrió en 2001 y desde entonces mantiene los precios ajustados para que todas las familias puedan aprovechar sus servicios. “Antes muchos niños tenían que desplazarse porque no había escuelas aquí”, dice la educadora, que lleva 18 años en este oficio. “Hoy nos encontramos con menos casos de familias que no pueden pagar, pero sigue habiendo alguno y hacemos la vista gorda. No podemos mandar a nadie a casa”.

El perno de la vida cultural local es la sede del Consejo del Barrio. Mamendack Gueye tiene 13 años y va al centro cada vez que puede para participar en las actividades de ocio y de educación. Su timidez desvanece en cuanto empieza a jugar con las otras niñas en el patio. Mientras, en el escenario, un grupo de niños se exhibe con las percusiones. Khadim Niang es el fundador y presidente de la Academia Ndar Percu, una asociación que trabaja con los jóvenes del barrio entre 8 y 15 años. Los 30 chavales se ponen a prueba con danza, teatro, pintura y música sin tener que pagar por ello.

Wali Diop trabaja como educador para la infancia en el centro cultural del barrio. ampliar foto
Wali Diop trabaja como educador para la infancia en el centro cultural del barrio.
Awa Dia, educadora del grupo de niños de tres años en la guardería Fonk sa Waejur. ampliar foto
Awa Dia, educadora del grupo de niños de tres años en la guardería Fonk sa Waejur.

“Antes se decía que este era el barrio de los pobres. Era un gueto repleto de chabolas y el agua entraba por debajo de las puertas, por eso había que dormir encima de varios colchones de paja para no mojarse”. Así recuerda su infancia Wali Diop, de 58 años, nacido en el barrio. Trabaja en el centro cultural, donde se ocupa de los jóvenes, cuida de los más pequeños, juega al fútbol con los mayores.

“Las mujeres desempeñan un papel central en nuestra comunidad y ayudan a solucionar los problemas entre vecinos. Si el barrio ha mejorado mucho en los últimos años, es sobre todo gracias a su esfuerzo”.

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