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Cómo las máquinas pueden mejorar la ayuda humanitaria

La inteligencia artificial permite recoger más datos y analizarlos con mayor rapidez y precisión, entendiendo mejor las necesidades de cada individuo

La empresa estadounidense Zipline utiliza sus drones para hacer llegar medicamentos y reservas de sangre a los lugares más remotos de países como Ruanda.
La empresa estadounidense Zipline utiliza sus drones para hacer llegar medicamentos y reservas de sangre a los lugares más remotos de países como Ruanda.

“Hola, Raaji. ¿Cuándo te vas a casar?”. Lo que podría ser una pregunta inocente, viniendo de una niña pakistaní de siete años esconde la dura realidad del matrimonio infantil. En Pakistán, según datos de la organización Girls Not Brides, el 21% de las menores de 18 años ya ha contraído matrimonio. Más de un 30%, con primos directos. Desde hace poco, la inteligencia artificial se presenta como una alternativa para erradicar este y muchos otros problemas del mundo, especialmente en países en desarrollo.

El robot consejero 

Raaji es un personaje creado en 2016 por la periodista Saba Khalid, quien, harta de cubrir historias sobre ataques de ácido, matrimonios infantiles y crímenes de honor, decidió crear un contenido que realmente pudiera ayudar a las mujeres. “Algo que las educase sobre sus derechos y cómo lidiar con los problemas a los que se enfrentan”, cuenta Khalid al otro lado del teléfono.

El proyecto empezó como una serie de dibujos animados donde se presentaban distintos escenarios y cómo resolverlos. Hasta que la inteligencia artificial entró en juego. “Creamos un chatbot en el que Raaji es la protagonista. Es como si estuvieras hablando por WhatsApp con una amiga. Las niñas pueden descargar la aplicación o entrar directamente en la web para hacerle sus preguntas a Raaji sobre temas que no pueden hablar ni siquiera con sus madres o hermanas”, explica.

Contra los que insisten en que la automatización de los servicios incrementaría las cifras de desempleo, los defensores de las nuevas tecnologías aseguran que la inteligencia artificial puede hacer todo lo contrario

Los abanderados de la inteligencia artificial aseveran que, construida correctamente, incluso tiene el poder de hacer un mundo mejor y quizás, incluso, erradicar las desigualdades. En Ruanda, por ejemplo, la estadounidense Zipline utiliza sus drones para hacer llegar medicamentos y reservas de sangre a los lugares más remotos del país. Los drones son autónomos y gracias a las nuevas actualizaciones son capaces de servir a poblaciones de hasta 10 millones de personas. 

El robot que entrega medicinas o predice el monzón

“Miles de millones de personas en el mundo no tienen acceso a medicinas”, asegura el director de Zipline, Keller Rinaudo, en declaraciones difundidas en uno de los últimos comunicados de su empresa. “En África, nuestros drones entregan medicamentos y otros productos sanitarios cuando se necesitan y de una manera eficiente, reduciendo costes y salvando vidas. Pronto podremos hacer lo mismo en el resto del mundo”, asegura. La compañía afirma que existe, además, un cambio de paradigma en cuanto a pensar que la inteligencia artificial se genera en países ricos. “África ya está enseñando al mundo cómo se hacen las cosas”, sostiene.

Contra los que insisten en que la automatización de los servicios incrementaría las cifras de desempleo, especialmente en las zonas más pobres, los defensores de las nuevas tecnologías aseguran que la inteligencia artificial puede hacer todo lo contrario. En India, por ejemplo, un proyecto de agricultura digital cofinanciado por Microsoft ha diseñado una aplicación que informa mediante un mensaje de texto enviado a los móviles de los granjeros de cuál es el mejor día para sembrar, incrementando así las cosechas, y por lo tanto sus beneficios. También predice posibles pestes y la llegada de los monzones. Todo ello gracias a la combinación de la inteligencia artificial, las imágenes por satélite y el análisis de datos.

Drones cartógrafos

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU lleva a cabo una combinación de tecnologías similar. En casos de desastres naturales, como un terremoto, una de las prioridades es hacer llegar alimentos a las personas afectadas. “Hace años empezamos a usar drones para tomar imágenes aéreas de las diferentes zonas sacudidas por el desastre. Después analizábamos esas imágenes para valorar la situación y definir la logística. Pero analizar 20 minutos de imágenes le puede llevar a un analista más de medio día”, cuenta Robert Opp, director del departamento de Innovación de la organización.

La inteligencia artificial ahora permite la automatización del análisis de datos. “Estamos testando un modelo que permite analizar de manera sistemática el daño recibido por las estructuras. Así, por ejemplo, sabemos dónde actuar. También podríamos identificar zonas en las que la gente se agrupa, para hacer llegar la ayuda. Gracias a la inteligencia artificial multiplicamos la capacidad de nuestros analistas, al menos en las primeras fases”, dice. La optimización de recursos a través de las nuevas tecnologías ofrece así la posibilidad de monitorizar nuevas zonas y actuar de manera eficiente cuando sea necesario.

Personalizar la ayuda, incluso en la escuela

Para Robert Opp, el futuro aún promete mucho más. Con el apoyo de la inteligencia artificial, las organizaciones son capaces de recoger cada vez más datos, y analizarlos con mayor rapidez y precisión. “Combinando todos esos datos, podríamos entender mejor las necesidades de cada individuo. Ese es el futuro del sector humanitario, la personalización de la ayuda. Igual que Amazon conoce tus intereses y predice qué vas a comprar, o Netflix te recomienda series que te pueden gustar. No hay motivo para que no podamos aplicar esa misma tecnología en nuestro sector”, sentencia.

Esta personalización de la ayuda ya es posible en el sector educativo. La plataforma británica Century Tech, por ejemplo, calcula los puntos fuertes y débiles de los estudiantes gracias a la inteligencia artificial, creando programas educativos a la medida de cada uno de ellos. También permite a los profesores y padres seguir el rendimiento escolar de cada alumno. Recientemente, han lanzado su producto en colegios públicos de Líbano para dar apoyo a los jóvenes refugiados sirios en su integración en el sistema escolar. Según su creadora, Priya Lakhani, los resultados están siendo tan positivos que no descartan continuar trabajando con las comunidades menos favorecidas.

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