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Coreografías pre-post-electorales

Los comicios europeos, autonómicos y municipales dejan en suspenso las consecuencias del 28A

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en La Moncloa.
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en La Moncloa.

En la primera semana de coreografía postelectoral, no es que prolifere la sensación de que todo es mentira… sencillamente todo es mentira. No se trata de una sensación, sino una certeza, que acaso puede formularse con mayor corrección: todo es marketing electoral. Las elecciones europeas y domésticas reparten mucho poder real pero también simbólico al establecer jerarquías, y por eso dejan en suspenso las consecuencias del 28-A. Esto significa que por tres semanas más, de nuevo el objetivo de las urnas se antepone al principio de realidad. El PSOE está en posición desahogada para dejar correr el calendario; y eso es exactamente lo que ha hecho, con su ronda de líderes en La Moncloa o San Jerónimo, para entretener las especulaciones huecas antes de las consultas del Rey. Con la ventaja del centro despejado, tras el desplazamiento de Cs del centroderecha al centro de la derecha —un matiz que son dos puntos en percepción ideológica— Sánchez va a enseñorearse de ese espacio de mayorías con la máxima maniobrabilidad. Desde luego no va a cerrar nada con Podemos, y tanto menos ante la crisis en Venezuela, que destapa la piel de cordero. El PSOE hará gestos calculados para no generar frustración en partidarios y detractores del pacto de izquierdas con los populistas-comunistas.

En el extremo opuesto, las urgencias se imponen a un PP desesperado porque, como decía Trudeau, “el ingrediente esencial de la política es el tiempo”. Y no tienen, con Cs muy cerca —de hecho, ya les han vencido en las grandes plazas de Andalucía, Cataluña y Madrid, más alguna otra— y Vox al otro lado. Thatcher advertía de los riesgos de quedar atrapado entre dos fuerzas. En esa urgencia táctica se entiende el volantazo (des)calificando al fin a Vox como ultraderecha —cuatro días después de invitarlos a su Gobierno y sostener que ningún votante de Vox tenía un motivo programático para no votar PP— en una autoenmienda a la totalidad. Aunque Sánchez o Rivera hayan hecho giros proteicos, este ejercicio de travestismo es demasiado impúdico… y seguramente pólvora mojada con apuestas como Ayuso y con Vox en Andalucía como socio formal. Casado se juega mucho, con el partido en modo ‘sálvese quien pueda’ del naufragio, mientras Cs esperará sin esa presión a conocer sus opciones.

La campaña ha muerto, viva la campaña… Esto es lo que hay, como en una sucesión dinástica, y ya manda el 26-M sobre las soluciones del 28-A. Ahora está por ver si hay síntomas de fatiga en el electorado, o se mantiene la inercia de altísima movilización; si la indignación de la derecha por los efectos de la Ley Electoral es un activo o se impone el desaliento; si en la izquierda su euforia va a prolongarse... Especular es gratis; las respuestas desde la noche del 26-M. A partir de ahí, la política española podrá reubicarse en el principio de realidad. Entretanto toca el territorio virtual de lo pre-post-electoral.

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