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Cuando despertó, el mundo se estaba cociendo

Una mujer inconsciente desde 1991 despierta. A ver quién le hace entender lo que es un 'like'

Imagen utilizada en una reunión científica internacional celebrada en París sobre preservación de ecosistemas.
Imagen utilizada en una reunión científica internacional celebrada en París sobre preservación de ecosistemas. AFP

Después de 27 años en estado vegetativo provocado por un accidente de automóvil, una emiratí internada en un hospital de Alemania ha despertado, según explicaban en el blog Mundo global (perdón por la redundancia). Al parecer, Munira Abdullá, de 32 años en el momento del accidente, protegió con su cuerpo a su hijo Omar, entonces de cuatro años, de la violencia del impacto. Relata la noticia que hace poco Omar —31 años ahora— se había quedado dormido y que le despertó alguien que le llamaba. Era Munira. No sabemos cuáles fueron sus primeras palabras, pero tratándose de una madre hay varias variantes: “Pero... ¿qué te has hecho en el pelo?”, o el clásico “Tráeme ese chisme que está ahí”. Y si al pobre Omar se le hubiera ocurrido preguntar “¿Qué chisme y dónde?”, la respuesta habría sido automática: “Pues ahí, ¿es que me tengo que ocupar de todo? Cualquier día cojo la puerta y os apañáis solos”.

El caso es que Amira ha despertado en un mundo muy diferente al suyo el día del accidente. No se trata solo de que todavía existía la Unión Soviética, que no habían sucedido las primaveras árabes, o que el terrorismo global era algo más propio de los relatos de ciencia ficción que de los telediarios. Y del concepto ‘cambio climático’, ni noticia. Las Torres Gemelas seguían en su lugar; los periódicos de papel, en los quioscos, y los mapas de carreteras, en las guanteras de los coches.

Pero el verdadero cambio no está tanto en las cosas o los sucesos como en las cabezas de quienes las utilizamos o los interpretamos. Por ejemplo, explicar qué es un like a alguien que ha estado fuera del mundo —para Munira, “síndrome de conciencia mínima”— es muy sencillo. Pero que su ausencia puede generar auténticas depresiones, o su presencia dopamina a chorros, es más difícil de asumir.

Dicen que para cocer una rana viva —este experimento no es para casa— no hay que poner agua a hervir y luego echar al animal. Saltará. Es más efectivo poner la rana en agua fría y empezar a calentar. Parece ser que la rana ni se entera. Tal vez, Munira observe que algo parecido nos ha pasado. Que nos hemos sometido a esclavitudes, miedos y ansiedades a partir de objetos y tecnologías que en teoría debían ayudarnos a alejarlos. Que además el mundo se está cociendo. Que el agua hierve y no nos hemos enterado.

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