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MIRADA EXTERIOR ANÁLISIS i

Jornada de deliberación

Se trata de que en este día intercambiemos pareceres sobre las candidaturas en un espacio ajeno a la propaganda y a cualquier golpe de efecto mediático de los partidos

Preparativos en un colegio electoral de Barcelona para las elecciones generales del domingo.
Preparativos en un colegio electoral de Barcelona para las elecciones generales del domingo. EL PAÍS

Unas cuantas decenas de países en el mundo aplican alguna forma de silencio o veda en las campañas electorales. Durante este apagón electoral no se pueden publicar encuestas y/o los partidos no pueden pedir el voto. La no publicación de encuestas suele abarcar varios de los días previos a la jornada electoral (hasta 15 en Italia). El veto a los partidos a hacer campaña afecta, normalmente, al mismo día de las elecciones y, en algunos casos como el nuestro, también a la jornada anterior a los comicios. En algunos lugares, este silencio está regulado por ley; en otros, forma parte de un pacto de buena fe entre los partidos.

En España, se critica cada vez más la existencia de la llamada jornada de reflexión, argumentando que es una rémora del pasado que se inspira en un concepto litúrgico-religioso, infantiliza al electorado y carece de sentido en la época digital y de las redes sociales. Al mismo tiempo, ya sea por inercia o por alguna suerte de cálculo electoral de los partidos, tanto la prohibición de publicar encuestas durante la última semana de campaña como la de pedir el voto la víspera de las elecciones, siguen en pie. Ante esta tesitura quizá, más que una jornada para reflexionar individualmente, en silencio, sobre qué votar, deberíamos concebir la jornada de reflexión como una de deliberación colectiva en la intimidad. Utilizando un símil académico, pensemos en los candidatos a un título doctoral que, tras exponer y defender sus tesis frente a un jurado de académicos, deben abandonar la sala para que este pueda deliberar a puerta cerrada antes de emitir su veredicto. Aquí, los candidatos de los partidos, tras presentar sus programas y tratar de convencer a la ciudadanía de su solvencia, se retiran y la ciudadanía, en sus círculos más cercanos —familia, amigos, compañeros— discute y contrasta las ventajas y desventajas de unos y otros candidatos y sus propuestas, tras lo cual, cada uno tomará, individualmente, su decisión.

Es importante no confundir la deliberación con la expresión pública de un veredicto. Uno de los principios de la democracia representativa es el secreto del voto, al igual que hay jurados cuyos miembros votan en secreto. Frente al concepto de reflexión, que sugiere una actividad más bien introspectiva, asociada al examen interno y la práctica religiosa; consideremos el de deliberación que puede encajar mejor tanto con el ethos como la praxis democrática. En esta jornada, no se trata, ni de encerrarnos a decidir nuestro voto en soledad, ni de compartir nuestro voto con los demás, si no queremos; sino de intercambiar pareceres sobre las diferentes candidaturas en un espacio ajeno a la propaganda y a cualquier golpe de efecto mediático de los partidos. Al fin y al cabo, las consecuencias de uno u otro resultado electoral las tendremos que vivir los ciudadanos de a pie acompañados de nuestras familias, amigos, vecinos y colegas.

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