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¿Un constitucionalismo sin Constitución?

No es constitucionalista quien lo dice, sino quien respeta la Constitución. Incluso aunque no le guste

El candidato de Vox a la Presidencia del Gobierno, Santiago Abascal, durante su intervención en Alicante, el pasado 21 de abril.
El candidato de Vox a la Presidencia del Gobierno, Santiago Abascal, durante su intervención en Alicante, el pasado 21 de abril. EFE

Para ser constitucionalista no basta con no ser activista etarra, militante franquista o hitleriano, defensor activo de la pena de muerte o miembro de Al Qaeda.

Para ser constitucionalista hay que respetar la Constitución. Toda la Constitución. No asumirla como dogma de fe, sino como regla de juego que se cumple a carta cabal. Aunque se pueda modificar, y defender su reforma.

Recordar esto es clave cuando dentro de una semana podrían acceder al Gobierno —directo o indirecto— de este país gentes que predican un constitucionalismo sin Constitución.

No es constitucionalista quien proclama serlo y niega “el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones”, que el artículo 2 consagra a renglón seguido de la unidad de España.

Quien conspira para romper el principio de que “el Estado se organiza territorialmente” en comunidades autónomas (137).

No es constitucionalista quien niega y pisotea el pluralismo de lenguas, un “patrimonio cultural” que debe ser objeto de “especial respeto y protección” (artículo 3).

No es constitucionalista quien viola los derechos de la mujer, protegidos por el artículo 14 de la Ley Fundamental que consagra la “igualdad ante la ley”. Y quien niega que las desigualdades se combaten con mayor (no menor, ni el mismo) apoyo a quienes más las sufren.

No es constitucionalista quien propone ilegalizar a partidos discrepantes del ideario propio, porque los partidos son “libres”, siempre “dentro del respeto a la Constitución” (artículo 6). Y porque los ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos públicos “directamente o por medio de representantes” (artículo 23): aunque pretendan revertir el orden socioeconómico, la unidad de España o la propia Constitución... si lo hacen respetando su ordenamiento.

No es constitucionalista quien suprime los impuestos a los ricos y aumenta los que afectan a los demás, porque esta Constitución obliga a que exista un “sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad” (artículo 31).

No es constitucionalista quien convierte en norma lo que es una excepción, como su artículo 155, de formato temporal “para obligar a cumplir” unas normas conculcadas y hasta que se cumplen: ni eternamente, ni largamente, ni casi siempre.

No es constitucionalista quien lo dice, sino quien respeta la Constitución. Incluso aunque no le guste.

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