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La perdición de Donald Trump

El informe del fiscal especial Robert Mueller es un combustible magnífico para mantener en jaque al trumpismo en lo que queda del actual mandato presidencial y evitar que repita en 2020

El presidente de EE UU, Donald Trump, junto al presidente ruso, Vladimir Putin, el pasado 16 de julio en Helsinki.
El presidente de EE UU, Donald Trump, junto al presidente ruso, Vladimir Putin, el pasado 16 de julio en Helsinki. AFP

Trump no tiene salvación. La escrupulosa investigación del fiscal especial Robert Mueller le permite exhibir la fantasía de su total exoneración de los cargos de conspiración con el Kremlin y de obstrucción a la justicia. No ha sido poca la ayuda prestada por el fiscal general William Barr, nombrado expresamente para esta tarea, gracias al resumen inicial con el que ha vendido la exoneración de un delito y la inexistente inculpación por el otro.

El informe Mueller es una bomba y así ha sido tratado, con la delicadeza y la lentitud que requiere mover material explosivo. Primero con el resumen de Barr y ahora con la publicación del informe censurado, de forma que el Congreso deberá pelearse para la publicación íntegra.

Aun así, la Casa Blanca que Mueller describe, caótica, corrupta y mentirosa, no desmerece de las descripciones más alarmantes realizadas por Bob Woodward en Miedo y por Michael Wolff en Furia y fuego. Pero el fiscal especial no ha buscado una inculpación directa de Trump, consciente de los privilegios presidenciales y de la dificultad de una destitución por el Congreso, el impeachment que necesita el obligado consenso republicano en el Senado.

Trump no conspiró directamente con Putin y no hubo por tanto colusión, un delito por otra parte inexistente como tal. Pero aceptó encantado un auténtico plan de campaña organizado por Rusia para cerrar el paso a Hillary Clinton y darle a él la presidencia. Trump tampoco llegó exactamente a obstruir la acción de la justicia, pero lo intentó e incluso lo ordenó al menos 10 veces, y si no llegó a delinquir fue gracias a que sus colaboradores incumplían y obstaculizaban sus órdenes.

El informe es un combustible magnífico para mantener en jaque al trumpismo en lo que queda del actual mandato presidencial y evitar que repita en 2020. En buena parte depende de los demócratas y de su capacidad para encontrar el candidato que pueda vencerle en las urnas. Pero también depende de la vergüenza torera de los republicanos —e incluso de su patriotismo— para seguir sosteniendo a un presidente tan tramposo, incapaz, tóxico para los intereses de Estados Unidos y perturbador del orden internacional.

El informe constituye un inestimable testimonio de la capacidad de regeneración de la democracia estadounidense, y especialmente del buen funcionamiento de la división de poderes y de los famosos checks and balances (controles y equilibrios). Mueller ha empezado a reparar lo que Trump ha destruido.

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