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Por qué siguen dando tanto miedo los patriotas

Servir los intereses de una parte y no del todo sigue contaminando esa palabra que era el hábitat de Franco

Pablo Iglesias declara en la audiencia nacional por el caso Villarejo, el pasado 27 de marzo.
Pablo Iglesias declara en la audiencia nacional por el caso Villarejo, el pasado 27 de marzo. EL PAÍS

El patriotismo es una cualidad en cualquier país, como la bandera es motivo de orgullo y consenso allí donde los ciudadanos se han unificado frente a un enemigo exterior como los británicos o norteamericanos hicieron frente a Hitler, por poner el ejemplo más visibilizado en nuestra cultura. Pero en España, país de polarización donde aún somos incapaces de abrazar una historia única común, donde a falta de monumentos a los caídos como en los pueblos franceses aún tenemos que ir quitando nombres franquistas a las calles y buscando desaparecidos, ser patriota parece seguir siendo patrimonio de algunos, no de todos.

Analicémoslo. “Patriota” es, según la RAE, la “persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”. Y “patria” es la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. No es patria, por tanto, una cuestión tan jurídica como sentimental en la que pesan los sentimientos y afectos, no las obligaciones.

Viene esto al caso del nombre que se ha extendido para denominar esa falsa “policía patriótica” que investigó supuestamente a la carta para el Gobierno de Rajoy: a independentistas, a Podemos, al banquero Francisco González o a Bárcenas cuando se volvió tóxico para el PP.

Es difícil rastrear el origen del nombre de quienes no tenían membrete, ni dirección, ni respondían a orden judicial alguna, pero la denominación se ha ido colando como representativa de unos agentes que, una vez más, servían supuestamente a una patria, cuando lo que de verdad hacían era servir a una parte de esa patria. Y en ese instante en que servir a una parte se toma por servir al todo es cuando ese todo deja de ser de todos y la patria vuelve a ser patrimonio de algunos. De la derecha. De nuevo.

No por llamarse “Estado Islámico” el estado islámico lo era, pero se coló en nuestro vocabulario. Y no por llamarse “policía patriótica” lo es ese grupo que habitaba en las cloacas de Interior. Quienes así lo consideraron olvidaron las reglas y lo jurídico, eso es obvio, pero también lo sentimental, lo emocional. Y lograron que la palabra “patriota” siga teniendo el toque de contaminación que arrastra desde los tiempos en que la patria no era esa gran novela de Aramburu, sino el hábitat de Franco.

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