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Edificios: cinco 'marcianadas' que se salieron del patrón de los bloques soviéticos

Arquitectura comunista es para muchos sinónimo de colmenas de viviendas y estructuras frías sacadas de una utopía gris. Pero no. Una asociación rumana reivindica edificios únicos a punto de desaparecer

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El Palacio de los Pioneros, en Kiev, pretendía crear un espacio adaptado a las necesidades de los niños. La obra de los arquitectos Edward Bilsky y Abraham Miletsky y los artistas Ada Rybachuk y Vladimir Melnichenko pretendía sacar a la arquitectura de su concepción clásica de "espacio para adultos".

El 7 de diciembre de 1954, Nikita Jruschov dio el discurso inaugural en la (aviso: no lea este nombre en voz alta, podría ahogarse) Conferencia Nacional de Constructores, Arquitectos, Trabajadores de la Construcción y Fabricación, Trabajadores de las Industrias de Maquinaria y Carreteras, y Empleados de las Organizaciones de Diseño e Investigación y Desarrollo. "Se titulaba Sobre la introducción extensiva de métodos industriales, mejorando la calidad y reduciendo los costes de construcción, y fue el punto de inflexión entre los dos periodos que tuvo la arquitectura socialista", explica el arquitecto Dimitri Rusu, que desde la asociación rumana BACU (Bureau for Art and Urban Research) ha promovido el movimiento Socialist Modernism, que pretende trazar un mapa de los edificios destacables para su protección y rehabilitación.

Hasta aquel monólogo, que empezó con el pertinente grito de "¡Camaradas!", el estilo dominante era el muy estalinista realismo socialista. Cuando acabó de hablar Jruschov, que había sustituido al fallecido Stalin al frente de la Unión Soviética pocos meses antes, el tan poco sorprendente como larguísimo aplauso del auditorio puesto en pie dio comienzo a lo que se conoció como modernismo socialista. Otro giro de la historia.

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La sede del departamento de física de Kiev (Ucrania), de 1970, es uno de los edificios señeros del modernismo socialista, obra de los arquitectos M. Budilovsky, V.Ladny, V. Kolomiets V. Katsyn y V. Morozov. |

Tras la revolución, el constructivismo había sido el santo y seña del nuevo orden soviético. Cuando en los años treinta se declaró contrarrevolucionario, llegó el realismo soviético con sus grandilocuentes y pomposos palacios que afirmaban la grandeza del nuevo imperio. Jruschov decidió acabar con aquello, dando prioridad absoluta a las viviendas. El objetivo era que en 20 años cada ciudadano contara con un apartamento gratuito. Los estudios de arquitectura quedaron relegados frente a los institutos de proyectos. Todos los recursos se destinaron a grandes bloques de viviendas miméticos usando estructuras prefabricadas de hormigón. La orden fue eliminar lo superfluo en diseño y construcción. La arquitectura debía ser funcional y resolver problemas sociales.

Esa idea, el modernismo soviético, se mantuvo hasta prácticamente la caída del bloque comunista a partir de 1989. Pero 40 años son muchos y Europa oriental una región gigantesca, así que obras singulares se colaron en el diseño de edificios oficiales, mercados, circos de invierno y salones para bodas. "Aunque la arquitectura del periodo socialista y los conceptos de aquellos años han sido ignorados tanto local como globalmente por los arquitectos y las autoridades, últimamente se han vuelto cada vez más populares entre los profesionales, al menos en Europa del este", explica Rusu. "No solo por razones simbólicas, sino porque creemos en estos elementos que lograron desafiar algunos de los requisitos ideológicos, dando al espacio urbano un cierto sabor característico de aquellos tiempos. Son un claro reflejo del contexto social y cultural del periodo socialista". Es decir, no es nostalgia, es reivindicación.

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Conocido como "el platillo volante de Kiev", el instituto de información es un proyecto de Florian Yuryev, un arquitecto que se enfrentó al sistema. |
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Otro edificio parasitado en Tbilisi (Georgia) tras la caída del boque socialista, en esta ocasión por un taller de recambios de ruedas. |

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