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¿Por qué el hispano es siempre el malo?

Diego Luna (derecha) y Tenoch Huerta, en un fotograma de la serie Narcos: México, que emite Netflix.
Diego Luna (derecha) y Tenoch Huerta, en un fotograma de la serie Narcos: México, que emite Netflix.

La lectura de autores latinoamericanos como Élmer Mendoza o Horacio Castellanos dice mucho del arquetipo negativo de los latinos en las series estadounidenses

NI ANGLOS NI HISPANOS tienen derecho a la redención en series como Breaking Bad, Better Call Saul o Narcos. Pero los primeros sí cuentan con la oportunidad de que alguien al menos explique las razones que les conducen hacia el lado oscuro, mientras los otros parecen fabricados en serie para el crimen. Existe un curioso desajuste en los arquetipos. Las gamas de grises que construyen la personalidad de Walter White o Saul Goodman no son las mismas exploradas por los creadores y los guionistas para perfilar a los mellizos Salamanca en la obra creada por Vince Gilligan. ¿Racismo o sencillamente desinterés hacia un nada desdeñable 17% de la población en Estados Unidos?

Para conocer las razones que explican la oscuridad de los latinos en esas historias fronterizas basta con leer las novelas de Élmer Mendoza u Horacio Castellanos Moya. En Moronga, Castellanos (Tegucigalpa, 1957) narra entre otras cosas la diáspora de varios personajes que huyen de conflictos violentos por Centro­américa hacia una improbable condición de dreamers en el norte.

Son víctimas y verdugos que se ganan la vida delinquiendo o conduciendo autobuses. Seres invisibles con tormentosos pasados y futuros inciertos: “Los personajes anglosajones en series así pueden ser hijos de puta, se les explica, se les da contexto y reflejan un estado de la sociedad”, comenta el escritor, que añade: “Quizá la ética que les define de querer sentirse buenos a toda costa ha permeado todo el primer mundo y esperan de otras literaturas lo exótico o lo pintoresco”. En la obra de Horacio Castellanos, los personajes hispanos cargan sus propias razones para el mal y se abunda en ellas para comprenderlos, lejos de lo que sobre ellos aportan las obras audiovisuales inventadas desde la perspectiva anglosajona. La literatura de los autores hispanos ofrece claves que dejan cojas otras ficciones masivas. “Mis personajes vienen de sociedades descompuestas, en las que las instituciones y el tejido social están profundamente deteriorados. De ahí que la violencia, el crimen y la corrupción siempre estén ­presentes”, comenta el autor de El asco. También está presente siempre el éxodo. “Tal situación genera incertidumbre, mutación de los valores. La consigna en estas sociedades es la supervivencia, en todos los sentidos. Y la supervivencia es una lucha diaria contra la amenaza de la muerte, primero a causa de la ­guerra civil y ahora a causa de los gangs y el crimen generalizado”, asegura Castellanos.

En sus novelas, el lector encuentra el reverso de las fórmulas que con éxito han dado lugar a Breaking Bad y sus descendientes. Todo un género con códigos tan brillantes como peligrosos. En ellas encontramos capítulos enteros dedicados a ahondar en las motivaciones que han conducido a sus protagonistas anglosajones al lado oscuro. Pero se ahorran pistas para entender a los contrarios. Lo hacen con tino, capacidad de seducción y dosis de genialidad en los planteamientos, pero con una insensibilidad manifiesta hacia la condición del otro. Y con excesos incluidos, como en la última entrega de Narcos: México, donde el arco de vocaciones entre la rama mexicana llega al paroxismo reduccionista y se reduce a dos: mafiosos ellos y prostitutas las mujeres. ¿Hasta qué punto todo ese magma no ha contribuido a crear una opinión de rechazo que ha llevado a cuajar discursos como el de Trump?