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La izquierda italiana

La elección de Zingaretti como líder del PD impulsa a la formación de centroizquierda y supone un soplo de aire fresco en la política italiana

Nicola Zingaretti vota en las primarias de su partido.
Nicola Zingaretti vota en las primarias de su partido.

La victoria en elecciones primarias de Nicola Zingaretti como nuevo líder del centroizquierda es una buena noticia porque supone la vuelta a Italia de un estilo de política efectiva pero sin estridencias que contrasta con un convulso panorama dominado por un Gobierno de coalición entre el populismo de izquierdas y la extrema derecha.

Los militantes y simpatizantes del Partito Democrático (PD) han dado un masivo respaldo al actual gobernador de la región de Lacio —cuya capital es Roma—, un político caracterizado por la voluntad de unir antes que por marcar diferencias, y cuyo eje de actuación para derrotar a los discursos extremistas se basa en un proyecto social atractivo e inclusivo, capaz de plantar cara en las urnas al demoledoramente efectivo discurso populista.

Los votantes en las primarias del centroizquierda italiano han dado una extraordinaria muestra de sentido político al preferir a un candidato con ideas sólidas que evite la dialéctica mercadotécnica que está invadiendo la política. Zingaretti huye de las frases facilonas que solo buscan atraer al electorado —“los problemas complejos no tienen respuestas sencillas”, suele asegurar— y representa la moderación, la calma y la paciencia en un partido que ha sufrido numerosas decepciones y enfrentamientos internos en los últimos años. Esa espiral negativa —en la que los personalismos de los dirigentes jugaron un papel clave— tuvo como colofón la pérdida del Gobierno hace un año a manos de una inimaginable coalición formada por la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas. Sin embargo, en la misma debacle electoral del PD, que obtuvo en los comicios de marzo de 2018 los peores resultados de su historia, Zingaretti obtuvo la reelección como gobernador de la región de Lacio.

El PD no dispone de mucho tiempo para rehacer filas porque a las inminentes elecciones europeas puede unirse un adelanto electoral para el próximo otoño. Pero en cualquier caso la ilusión generada por la llegada del nuevo líder del centroizquierda es el primer paso para la recuperación de la política alejada de histrionismos y posiciones extremas en uno de los países más importantes de Europa. Zingaretti ha sido eurodiputado y es por tanto consciente y conocedor no solo del papel histórico que Italia ha jugado hasta ahora en el proyecto de construcción europea, sino de su innegable influencia en políticas comunitarias cruciales tales como las de economía e inmigración.

Si el proyecto de Zingaretti se consolida en las urnas, Italia estará enviando un inequívoco mensaje a las demás democracias europeas de que, una vez que el populismo llega al poder, tiene un recorrido muy corto.

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