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La vida del padre de Serena y Venus Williams, una historia de película

Will Smith interpretará en un filme biográfico al controvertido Richard Williams, el hombre que diseñó un plan para que sus hijas llegaran a ser grandes estrellas del tenis

Robert Williams abraza a su hija Serena, ante la mirada de Venus Williams, después de la final de Wimbledon de 2012.
Robert Williams abraza a su hija Serena, ante la mirada de Venus Williams, después de la final de Wimbledon de 2012. Getty Image

Algunas historias no hacen más que corroborar que el éxito poco tiene que ver con la suerte. Este es el caso de Serena y Venus Williams, las dos tenistas negras que más alto han llegado en la historia del tenis gracias al plan milimétrico de su padre que un día, sin tener que ver con este deporte, decidió que sus hijas serían tenistas y campeonas cuando ni siquiera habían nacido.

Tan sorprendente es la historia que el cine se ha fijado en ella como argumento para una película que estará protagonizada por Will Smith y que se centrará precisamente en el progenitor de las deportistas. Todavía no hay fecha para rodar, ni director, pero según ha publicado el Daily Mail el actor está “apasionado” por el proyecto del que también será productor.

Lo que sí parece decidido es el título del filme: King Richard (Rey Ricardo), una elección muy adecuada al estilo con el que Richard Williams ha llevado la carrera de sus hijas, como un rey absoluto que controló sus vidas desde incluso antes de que decidiera que empezaran a entrenar cuando tenían poco más de cuatro años. Ocurrió un día cuando estaba viendo la televisión; cambió de canal y conectó con otro justo en el momento en el que la tenista rumana Virginia Ruzici recibía un cheque de 40.000 dólares (algo más de 35.000 euros) por ganar un torneo. En ese momento decidió que tendría dos hijos más y que serían tenistas. Y aunque él no tenía ni idea de cómo era ese deporte diseñó un plan de 78 páginas que aplicó a rajatabla cuando nacieron sus hijas, Venus en 1979 y Serena en 1981.

En ese intervalo en el que llegó a organizar cenas románticas para convencer a su esposa para tener más hijos, leyó todo lo que pudo sobre el deporte, se empapó de vídeos de tenis y recibió algunas clases él mismo hasta convencerse del principio que ha guiado su vida y la de sus hijas: “Aunque suene arrogante, si crees en ti mismo puede suceder”. Lo afirmó en varias entrevistas cuando Serena y Venus ya apuntaban maneras de campeonas. También tenía argumentos frente a quienes cuestionaban sus métodos: “Ser mal entendido nunca me molestó, crecí toda mi vida de esa manera. No se trataba de pensar que podían tener éxito, era saber que lo tendrían”, dijo Williams.

Sus defensores le describen como un padre amoroso y un astuto comerciante, sus críticos afirman que es un controlador y un manipulador. Algunos de los que han frecuentado su entorno aseguran que tiene un don especial para fanfarronear o fabricar sueños a medida. A él se le atribuyen frases como: “Estoy pensando en comprar el Rockefeller Center, ahora no tengo tiempo para el tenis”, o “Este fin de semana no estaremos por aquí porque iremos a la Casa Blanca”. Pero eso quedaba para momentos puntuales porque el resto de la evolución de su familia, y de sus hijas campeonas, ha estado basado en lo que él mismo denomina Williams Llife Triángle, algo así como los valores del triángulo de vida de los Williams: compromiso, confianza y coraje. Tres aspectos unidos entre sí por la fe, porque todos ellos son testigos de Jehová y profundos creyentes.

Richard Williams nació en Shreveport, Lousiana en la década de los años cuarenta. Allí vivió con su madre, un padre ausente y cuatro hermanos en una casa sin camas ni cuartos de baño. Sintió a su lado el aliento del racismo más hiriente, fue testigo del linchamiento de un amigo y vio morir a otro atropellado por una mujer blanca que nunca fue investigada. Quizá tenerse que endurecer ante estas injusticias fue lo que le inclinó a ser férreo con sus hijas. Y cuando decidió comenzar su temprano entrenamiento en el mundo del tenis también decidió que toda la familia se mudaría a las peligrosas calles de Compton, una ciudad del condado de Los Ángeles que en aquel momento vivía una guerra de pandillas que se convertía en episodios de violencia con relativa regularidad. La leyenda cuenta que no solo llevaba a entrenar a sus hijas a las pistas públicas, sino que incluso llegó a persuadir a grupos de jóvenes para que las insultaran y se hicieran fuertes mientras aguantaban el chaparrón.

Richard Williams con sus hijas Serena y Venus.
Richard Williams con sus hijas Serena y Venus. Getty Images

Entonces ya las machacaba con sus defectos y les decía “cuando estés en la final del Open y pase esto, tienes que hacer esto otro”. Una educación poco convencional, pero que ha dado sus resultados y que él mismo reflejó años después en un libro titulado Back or White: The way I see it (Blanco o negro: La manera en que yo lo veo). Una forma de vida que no evitó que su hija mayor, Yetunde, fuera asesinada a tiros con 31 años en su viejo barrio de Compton, ni que la misma Serena sufriera una embolia pulmonar en 2011 que estuvo a punto de acabar con su vida. Momentos en los que su padre confió una vez más en su resistencia ante la adversidad y en su creencia en que querer es poder. 

Antes ya había probado en una pista que no andaba equivocado en empoderar a sus hijas. Fue en 2001, Venus estaba junto a él en las gradas y Serena, que tenía 19 años, en la pista dispuesta a disputar la final de Indian Wells, uno de los torneos más prestigiosos del circuito. La multitud abucheaba al padre y a las hijas. Él mantiene que fue por racismo, otros justificaron la actitud del público porque sospechaban que el padre podía haber arreglado que Venus se retirara minutos antes de salir a la cancha, alegando una tendinitis, en la semifinal que la debió enfrentar a su hermana. Serena escribió en su autobiografía que "solo veía un mar de personas ricas, en su mayoría mayores, en su mayoría blancas, de pie y abucheando, como un gentío linchador". Serena ganó a la belga Kim Clijsters, y la familia vetó ese torneo hasta 2015. 

Richard Williams consiguió que sus hijas triunfaran y también que sus propias arcas (fue su entrenador durante años) crecieran como él había imaginado. Incluso quienes llegaron a pensar que estaba loco, se pararon a reflexionar y concluyeron que su familia parecía sana, él debía saber algo que ellos no llegaban a entender. Keven Davis, que asesoró legalmente a los Williams durante 11 años ha explicado en alguna entrevista que a pesar de su forma de comportarse siempre defendió que no había que menospreciar a Richard Williams: “Su locura tiene un método. Todo lo que dice está muy bien pensado y noventa y nueve veces de cada cien obtiene ese resultado. No hay que subestimarlo”.

Richard Williams lo tenía claro: "Ser mal entendido nunca me molestó, crecí toda mi vida de esa manera", dijo hace años en una entrevista. Dejó de entrenar a sus hijas hace años y en 2016 sufrió un accidente cerebrovascular, aunque su actual esposa –un año mayor que su hija Venus– asegura que se encuentra bien. Venus y Serena nunca han hablado mal de su padre sino todo lo contrario: la familia se ha mostrado como una piña incluso después del complicado divorcio de los progenitores y han viajado juntos y compartido espacio en las gradas como espectadores de los triunfos deportivos de sus hijas. Venus ha ganado 49 torneos individuales de la WTA, entre ellos cinco Wimbledon y dos Open de Estados Unidos. Serena ha conseguido vencer en 23 torneos de Gran Slam, marca solo superada por la australiana Margaret Court. Entre las dos hermanas poseen ocho medallas olímpicas  y sus ganancias se estiman en unos 36 millones de euros, en el caso de Venus, y casi 77 millones, en el de Serena. Está claro que Richard Williams tenía un plan y no paró hasta conseguirlo. Sus hijas siguen soñando con el cielo.

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