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La “asesina” Serena

Aprendió a jugar a tenis escuchando el ruido de las mismas balas que mataron a su hermana mayor. Empezó a ganar de adolescente y hoy, con 32 años

Ha superado los 50 millones de dólares en ganancias, récord en el deporte femenino Profundamente religiosa, Williams es brutal en la cancha y “encantadora” en su vida privada

Serena Williams, durante un partido en el Open de Estados Unidos.
Serena Williams, durante un partido en el Open de Estados Unidos. AFP

Ya no silban las balas que acompañaron sus entrenamientos infantiles en el barrio de Compton, Los Ángeles. Ya se ha apagado el eco de sus críticas al novio de Maria Sharapova, el búlgaro Dimitrov, una esperanza del tenis al que definió como “el chico del corazón negro”. Ya ha celebrado 17 títulos del Grand Slam, entre ellos el último Abierto de EE UU, cuatro oros olímpicos y el número uno. Ya ha superado la frontera de los 50 millones de dólares en premios, una bolsa única en la historia del deporte femenino. Ya está en las pantallas la película que recoge su vida y la de su hermana Venus, se han visto sus cameos en Urgencias o Ley y Orden y siguen trayendo cola las descripciones que hace de sí misma y de su cuerpo (“Ninguna deportista tiene unas tetas como las mías”, dijo en septiembre en Du Jour). Sin embargo, son tantas sus caras, tantos los ángulos de su vida, que la pregunta sigue abierta. ¿Quién es Serena Williams, campeona de campeonas?

“A nivel psicológico, he trabajado con muchos jugadores y jugadoras, y nunca vi a nadie como ella”, contesta Patrick Mouratoglou, su entrenador e íntimo confidente, el hombre que pilota su carrera. “Su determinación, su fuerza mental, su profesionalidad, su rechazo a la derrota alcanzan niveles desconocidos”, prosigue la descripción de la campeona de 32 años. “Ella considera que cometer errores directos [sin que medie un gran golpe del rival] no es profesional, y se niega a cometerlos. Ella considera que no debe perder y rechaza las excusas. Es ambiciosa, determinada, con voluntad, reniega del fracaso”, añade, coincidiendo en el retrato que Serena pinta de sí misma, el del “animal” en la pista. ¿Su personalidad? “Es encantadora, una persona feliz de vivir, divertida en su vida privada y una verdadera asesina en la pista. Tiene esa capacidad de pulsar un botón de un instante a otro y de pasar así de una de sus personalidades a la otra”.

Serena es una mujer sin pelos en la lengua. Apoyó a Barack Obama cuando se presentó a la presidencia, pero a la vez anunció que sus creencias religiosas le impedirían votarle. La campeona es testigo de Jehová y discute temas de lo más variopintos con sus seguidores de Twitter (casi cuatro millones), a los que a veces regala citas de la Biblia. Su tenis mercurial y su fuerte personalidad le alejan de los jugosos cheques que las marcas más glamurosas reservan para la rusa Maria Sharapova. Los patrocinadores saben que en Serena tienen a una competidora total que fuera de las canchas mezcla inocencia, candidez y orgullo. Ella, que siempre defendió al circuito femenino del tenis como un potente altavoz en la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades, tuvo que disculparse en público por decir lo siguiente en Rolling Stone de una chica violada: “No culpo a la chica, pero si tienes 16 años y estás así de borracha, tus padres deberían enseñarte a no aceptar bebidas de otra gente. Tiene 16 años, ¿cómo estaba tan borracha como para no acordarse de nada? Pudo ser mucho peor. Tiene suerte”.

"Pulsa un botón y pasa de una de sus personalidades a la otras”, dice su técnico y confidente

Su padre fue su primer entrenador y probablemente la mayor influencia de su vida. Divorciado de su madre, que la sigue acompañando a los torneos, Serena está acostumbrada a verle con mujeres de su edad. Alrededor de la campeona hay un extenso y protector grupo en el que caben un sparring serboalemán (Aleksandar Bajin), su técnico francés (Mouratoglou) y su extensa familia. Gente que la ha visto sufrir cuando murió su hermana Yetunde, asesinada a tiros con 31 años en su viejo barrio de Compton. Gente que la ha visto al borde de la muerte cuando sufrió una embolia pulmonar, en 2011. Gente que quizás no recuerda un momento más bajo que cuando perdió en primera ronda de Roland Garros 2012 y decidió reconducir su vida y su carrera.

“Hay varias etapas en mi colaboración con ella”, explica Mouratoglou. “Cuando empezamos, ella venía de fracasar en la primera ronda de Roland Garros. Era necesario hacer ajustes técnicos porque le faltaba mucho equilibrio en el juego. Golpeaba muchas bolas en una situación de desequilibrio y era importante remediarlo. Como aquella derrota le había hecho dudar, le faltaba agresividad y le pegaba a la pelota demasiado tarde. Ese fue mi primer objetivo, mejorar esos dos puntos: el equilibrio y la transferencia del peso del cuerpo a la pelota”, prosigue. “Luego, le propuse a Serena un proyecto con el fin de encontrar consistencia en todo el año, para que aumentara su nivel de juego en general para evitar las derrotas en los días malos. Finalmente, le propuse un trabajo de prevención para limitar el riesgo de lesiones. En el plano táctico, la idea ha sido aumentar su consistencia durante los intercambios con el fin de que aumentara la presión sobre su adversaria (...)”.

Es la vida de Serena, campeona en 2013 de Roland Garros y el Abierto de Estados Unidos. Como dijo ella misma nada más imponerse en Nueva York, justo después de saludar al expresidente Bill Clinton y de celebrar haber ganado títulos grandes como adolescente (17 años), veinteañera y treintañera: “Creo que mi padre me metió en el tenis por el dinero, pero como yo era naif y tonta, nunca pensé en ello. Solo pensé una cosa: ‘Quiero ganar”.