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El hijo de Margarita de Inglaterra quiere lavar la imagen frívola de su madre

David Linley prepara un libro para paliar el perfil juerguista con el que la serie 'The Crown' retrata a la hermana menor de Isabel II y enfatizar sus servicios a la Corona británica

La princesa Margarita en una visita a Jamaica en agosto de 1962.
La princesa Margarita en una visita a Jamaica en agosto de 1962. Getty Images

Extremadamente atractiva, rebosante de glamur y toda una estrella en su condición de una de las mujeres más retratadas de su tiempo. También una fumadora empedernida, caprichosa, egoísta, infiel y amante de las fiestas interminables. Ese es el retrato de la princesa Margarita, la fallecida hermana menor de Isabel II, que ha quedado grabado para la posteridad y que su hijo quiere contrarrestar con la firma de una biografía más favorecedora. El éxito televisivo de The Crown, la serie de Netflix que ha vuelto a traer a primera línea la figura de su madre, ha convencido al conde Snowdon de escribir ahora ese libro.

A David Linley —el nombre civil del conde— le exaspera "la imagen que las futuras generaciones puedan tener" de su madre, un perfil poco halagüeño que ha derivado de los libros y artículos de la prensa del cotilleo divulgados a lo largo de las últimas décadas, y ya incluso antes de la muerte de Margarita en 2002, a la edad de 71 años. El hijo mayor de la princesa nunca se había pronunciado antes al respecto, pero el fenómeno mundial que ha supuesto la producción de The Crown ha sido la gota que ha colmado el vaso. Califica de "barata" su recreación de la historia y le reprocha que confunda al público con un relato imaginado por los guionistas de la serie que se presenta como hechos verídicos.

La millonaria audiencia de la serie de Netflix pudo recorrer, a lo largo de las dos primeras temporadas, los años jóvenes de Margarita, el trauma que le supuso el veto de palacio a su romance con un capitán divorciado (Peter Townsend) y su entrega, a partir de entonces, a una vida bastante disoluta. Acabó casándose, en 1960, con el fotógrafo Antony Armstrong-Jones, el primer plebeyo en contraer matrimonio con una hija de rey en 400 años de historia británica y también encarnación de una personalidad tan conflictiva como la de ella. De las tensiones y desintegración final de ese matrimonio, que terminó divorciándose en 1978 tras una larga retahíla de infidelidades por ambas partes, se ocupará la serie en sus próximas entregas, un punto que preocupa especialmente al primer hijo de la pareja, de 57 años.

David Armstrong-Jones, el pasado septiembre en una exposición en Londres. ampliar foto
David Armstrong-Jones, el pasado septiembre en una exposición en Londres. Getty

Su hermana, lady Sarah Chatto, es tres años menor y la sobrina favorita de la monarca de Inglaterra por su proverbial discreción: nunca ha abierto la boca para hablar de la familia Windsor y probablemente nunca lo hará. Pero el conde Snowdon se revela ahora dispuesto a terciar, máxime cuando la colorida vida de su madre —incluida su relación con el mucho más joven Roddy Llewellyn, o sus juergas con Mick Jagger en la isla de Mustique— están a punto de exhibirse como jugoso material en la pequeña pantalla.

"Mi madre fue mucho más que esa mujer a la que sólo le interesaban las fiestas. Dedicó una cantidad ingente de tiempo a la promoción de las artes y a sus deberes oficiales en nombre de la reina", ha subrayado el conde Snowdon a la hora de anunciar que está preparando un libro sobre Margarita —y en el que también reivindicará la figura de su padre— con la asistencia de acreditados historiadores. Para ello ya está escrutando la correspondencia de la progenitora y contará, además, con el privilegiado acceso a los archivos reales del castillo de Windsor.

Arriba, Antony Armstrong-Jones, conde Snowdon, con su hija, Lady Sarah; abajo, David Armstrong-Jones y su madre, la princesa Margarita, en 1972. ampliar foto
Arriba, Antony Armstrong-Jones, conde Snowdon, con su hija, Lady Sarah; abajo, David Armstrong-Jones y su madre, la princesa Margarita, en 1972. CORDON PRESS

El perfil de esa madre que, según su visión, rompió con muchas convenciones al llevar a sus hijos "a visitar fábricas, al ballet, al teatro y a galerías de arte", es el que pretende proyectar en su libro, todavía sin fecha de publicación. Probablemente se rememorará a esa Margarita esplendorosa, a quien la cámara de Cecil Beaton retrataba por su 21º cumpleaños embutida en un vestido de tul blanco de Christian Dior y un cinturón que ceñía su cintura de avispa. Más de seis décadas y media después, esa imagen se ha convertido en el principal reclamo publicitario para una exposición sobre el costurero francés en el museo Victoria & Albert.

Tal es la fascinación que todavía hoy ejerce el personaje de Margarita entre los británicos. Y su hijo se dispone a contarles una historia mucho más amable de lo que sugiere la biografía de la princesa, aunque con el peso de ser de primera mano. David Linley es un empresario de éxito hoy volcado en su producción de muebles para clientes selectos que no necesita ni la publicidad ni el dinero que puedan reportarle el libro. El biógrafo real Hugo Vickers ha expresado mejor que nadie las motivaciones del conde: "Los amigos de Margarita están soliviantados por el modo en que está siendo retratada. Creo que ella y los suyos se merecen una visión más equilibrada sobre quién fue". Con sus sombras, pero también con sus luces.

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