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AGENDA PÚBLICA ANÁLISIS i

Negociar no es traicionar

Se ha lanzado a una campaña de hostigamiento a todo aquello que huela a diálogo con el soberanismo

El líder del PP, Pablo Casado, esta semana.
El líder del PP, Pablo Casado, esta semana. EFE

El relator ha despertado las iras de la derecha española y la preocupación de ciertos sectores del PSOE que ven peligrar sus respectivos feudos. ¿Por qué esta propuesta ha generado tantas alarmas? ¿Qué supuesta concesión se está haciendo con la incorporación de esta figura? Las respuestas a estas preguntas podrían explicar, quizá, por qué los líderes de la derecha se permiten insultar e incluso acusar al presidente del Gobierno de Alta Traición (que no conozcan el alcance del tipo penal ahora es lo de menos).

El anuncio del relator se hizo mal, qué duda cabe, lo que favoreció que algunos dieran por sentado que el Gobierno se rendía a la petición independentista de un mediador internacional. La cosa ha quedado, en cambio, en que el relator sería una persona que se limitara a tomar notas y a poner un poco de orden en una mesa de partidos. En el actual escenario político, con el juicio al procés a la vuelta de la esquina y con una propuesta de Presupuestos Generales del Estado en el aire, cualquier medida que intente cierta distensión y algo de diálogo puede fracasar, el riesgo existe. Sin embargo, Ciudadanos, principal partido de la oposición en Cataluña, no ha sido capaz de proponer ninguna estrategia política que favorezca el acercamiento entre las partes. Por el contrario, se ha lanzado a una campaña de hostigamiento a todo aquello que huela a diálogo con el soberanismo. Por su parte, el Partido Popular tiene responsabilidad en el desastre político y judicial en el que nos encontramos, prueba de que su fórmula no funcionó.

Ciudadanos y PP se encuentran sumidos en una competición por la derecha, que cuenta ahora con un nuevo jugador. Sin embargo, Casado no parece haber leído correctamente que una parte importante de sus votantes más duros se han ido a Vox; si sigue endureciendo su discurso competirá por electores que ya se fueron y puede que pierda votantes del centroderecha. Ciudadanos también ha entrado en esta deriva reaccionaria, en vez de redirigirse al centro moderado, espacio del que se autoerigía titular. Todo ello sin desmerecer que estos días se han hecho de nuevo evidentes las fisuras en el PSOE respecto del modelo de organización territorial y sobre cómo resolver el conflicto catalán.

Unos y otros olvidan tres cosas. Uno, que el PSOE ha sido un partido fuerte en España cuando también el PSC ha obtenido buenos resultados; dos, que hacer política, dialogar y buscar nuevos instrumentos que ayuden, también, a desarmar algunos argumentos de los independentistas nunca puede ser traicionar a España ni humillarla, más bien todo lo contrario: se demuestra la fortaleza democrática del sistema; y tres, que hoy los catalanes y las catalanas no independentistas necesitamos, más que nunca, de toda implicación política del Estado.

Argelia Queralt es profesora de Derecho Constitucional en la Universitat de Barcelona. Este artículo ha sido elaborado por Agenda Pública para EL PAÍS.

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