Columna
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Mujeres en conflicto

Todos los que aseguran que la mujer en España está sobreprotegida deberían ver la exposición de José Manuel López

Sabiha llora ante la tumba de su hijo asesinado el día de Navidad de 2016 en Irak.
Sabiha llora ante la tumba de su hijo asesinado el día de Navidad de 2016 en Irak.JM LOPEZ (AFP/Getty Images)

En el Museo de León (no todo tiene que pasar en Madrid y en Barcelona) se acaba de inaugurar una exposición de fotografías cuyo título puede parecer una redundancia, pero no lo es. Mujeres en conflicto habla de esas mujeres que por el hecho de serlo sufren por partida doble las consecuencias de los conflictos bélicos. El autor, José Manuel López, sabe de lo que habla, pues como fotoperiodista ha trabajado en diferentes países en guerra, sufriendo él mismo un secuestro en Siria de varios meses junto a otros dos periodistas españoles que algunos recordarán aún por reciente. ¿Qué se les perdería en la guerra?, esa pregunta que muchos se hacen cuando ven a profesionales jugarse la vida para captar una imagen o enviar una crónica periodística desde el lugar de los hechos, quizá tenga una respuesta en las 16 imágenes que en la exposición de López se cuelgan y que muestran a mujeres desoladas, desprotegidas y mudas ante la tragedia que están viviendo, en países tan diferentes como Siria, Etiopía, Somalia, Irak o Ucrania. También una de España correspondiente a una anciana que vivió la Guerra Civil y a la que el fotógrafo retrató en el escenario de una de las batallas en las que participó de joven.

Como dice el comisario de la exposición, David Rubio, son “instantes que el fotógrafo le ha robado al olvido y nos trae desde alguno de los múltiples infiernos que se reparten por el mundo, como quien saca una conversación impertinente (…) Miradas que hablan todos los idiomas, retratos de la rabia y el miedo, paisajes llenos de ausencias, la muerte siempre asomando, a veces antes, a veces después, como un filo que corta la luz”. El propio José Manuel López, reacio a dar mucha información de lo que contextualizó en su momento cada imagen concreta, añade que todas las mujeres de las fotografías comparten el mismo sufrimiento, sean de donde sean, pues como mujeres todas comparten también su condición de eslabón más débil y por lo tanto más vulnerable en cualquier conflicto, ya sea bélico o social. Muchas han sido violadas, marginadas o explotadas sexualmente, y no sólo en el curso de la guerra.

La exposición de José Manuel López no descubre nada nuevo, pero quizá convendría que la vieran todos esos que consideran que en las guerras todos sufren por igual. Convendría también que la vieran todos esos españoles que aseguran que la mujer en España está sobreprotegida, discutiendo incluso las cifras de feminicidios que continuamente publica la prensa y que dicen que las mujeres muertas a manos de sus parejas o en el intento de su violación por desconocidos superan ya a las de los asesinados por ETA, cuya memoria reivindican, sin embargo, incluso por encima de los familiares de algunas de las víctimas, mientras les niegan el derecho a hacer lo propio a los de los asesinados por la represión franquista, calificándolos de revanchistas y rencorosos. Todos los muertos merecen la misma consideración, pero los vivos merecen mayor o menor protección de la sociedad en función de sus circunstancias y las de las mujeres hoy por hoy no son las mismas que las de los hombres, ni siquiera en países en los que pretendidamente están sobreprotegidas, como algunos en España últimamente se empeñan en sostener. Las fotografías de José Manuel López no sólo nos hablan de guerras remotas, de conflictos bélicos olvidados, sino del que día a día continúan viviendo muchas mujeres, de países en guerra y de países en paz, porque el conflicto las acompaña desde que nacen hasta que se mueren.

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