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OPINIÓN i

Sin miedo al fracaso

En el Perú, uno de cada tres estudiantes de carreras científicas es mujer. El empoderamiento ayuda a cerrar la brecha, pero no es suficiente.

Una mujer trabajando en un laboratorio.
Una mujer trabajando en un laboratorio.

“Me emocionó que una estudiante me confesara que la había convencido de estudiar biología”, señala Norma Salinas, ganadora del Premio L’Oreal/UNESCO Por las mujeres en ciencia. Le sucedió al final de una charla en un colegio secundario de Jicamarca, al extremo este de Lima (Perú).

La discriminación laboral de género es un problema que persiste en nuestros países y se traduce en menores posibilidades de empleo, ingresos y, en general, posibilidades de desarrollo profesional. En el campo de las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM), la brecha es aún mayor, pues son considerados terrenos tradicionalmente masculinos. Ello genera el tristemente célebre techo de cristal o el efecto que se conoce como tubería con fugas, en la cual las mujeres que optan por estas carreras van abandonándolas en distintas etapas de su trayectoria.

En Perú, de cada tres estudiantes de carreras de CTIM solo una es mujer. Y aunque este promedio está por encima del iberoamericano (20%), es ciertamente bajo. En algunas carreras, precisamente las más ligadas directamente a las transformaciones digitales (como ingeniería de sistemas) o las más vinculadas al crecimiento económico del país (como ingeniería de minas), la proporción puede llegar a ser de seis a uno. Esta segmentación por género se replica de modo similar en la región, que encuentra una concentración de mujeres en áreas de ciencias naturales, agricultura y veterinaria, y menor en ingeniería y cómputo.

Pero, ¿dónde y cuándo comienza la vocación CTIM? El descubrimiento de estas vocaciones se gesta y desarrolla en dos espacios primordiales y uno complementario: la escuela, el hogar y los medios de comunicación. Con relación a la escuela, los últimos resultados de la prueba PISA, mostraron el aún incipiente logro de los estudiantes peruanos en ciencias y matemáticas, pero destacaron la continua reducción de las diferencias entre varones y mujeres.

A su vez, los entornos familiares y escolares son una fuente significativa de imágenes y modelos de roles para las jóvenes, y pueden ser cruciales en fomentar (o desalentar) su interés por las ciencias. Y, de modo similar, son cada vez más relevantes los modelos que se obtienen a través de los medios de comunicación. Al respecto, un reciente reporte del Instituto Geena Davis, evidenció que los medios audiovisuales (televisión, cable, cine y streaming) duplicaban la presencia de personajes científicos masculinos antes que los femeninos.

Ana Obregón, veterinaria, recuerda que, en la clase de semiología, la profesora la excluyó de las prácticas de maniobras de derribo de ganado, bajo el pretexto de que podía lastimarse y que no era necesario que aprendiera

Actualmente, la oficina de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en Perú viene apoyando dos proyectos que buscan promover y visibilizar la participación de las mujeres en carreras CTIM. El primero, junto con el Consorcio de Investigación Económico y Social y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, busca promover la divulgación de conocimiento sobre este tema y articular su incidencia en la política pública. El segundo, en alianza con la Asociación En Órbita y la Embajada Británica en el Perú, viene acercando a profesionales de carreras CTIM a las escuelas para que, a través de la narración de sus propias historias, sensibilicen a las estudiantes de últimos grados de secundaria a seguir estas especialidades.

Aunque se espera que iniciativas como estas ayuden a sensibilizar, posicionar y promover una mayor participación de las mujeres en carreras científicas y técnicas, el esfuerzo que se requiere es aún mayor. Dado que, la escuela, pero sobre todo los ambientes laborales son aún hostiles a la presencia femenina.

Por ejemplo, en las universidades es usual que los profesores seleccionen a los hombres para las actividades de campo o las que demanden mayor esfuerzo físico, y no a las mujeres. Ana Obregón, veterinaria, recuerda que, en la clase de semiología, la profesora la excluyó de las prácticas de maniobras de derribo de ganado, bajo el pretexto de que podía lastimarse y que no era necesario que aprendiera, pues “en los establos siempre habría un hombre dispuesto a ayudarla”.

Las circunstancias se hacen más complejas cuando las mujeres asumen puestos de liderazgo, obligándolas en muchos casos a tomar una actitud que luzca autoritaria y que no refleje debilidad. Como señala Jeannine Anderson para el caso de las docentes en las ciencias sociales, la pérdida de credibilidad y autoridad se puede vincular, entre otras cosas, a “sonreír demasiado”.

Pese a la subsistencia y dimensión del desequilibro al que se enfrentan las mujeres dedicadas a las carreras de CTIM, ellas no dudan respecto a su vocación y volverían a elegir sus carreras profesionales si tuvieran la oportunidad. En ese sentido, es muy importante animar a las jóvenes a escoger estas carreras, así como promover más modelos de rol femeninos en estas disciplinas. A la vez, es crucial trabajar en cambios estructurales de la sociedad que combatan directamente los prejuicios de género que siguen poniendo vallas al pleno desarrollo de las mujeres.

La participación femenina en todos los aspectos de la sociedad es de vital importancia. Su ausencia no solo intensifica las desigualdades, sino que nos priva de su pasión por el saber, enseñar y compartir.

Jorge E. Arrunátegui es representante permanente y director de la Oficina de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) en Perú.

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