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Desesperanza

Una solución para el conflicto israelo-palestino parece cada vez más alejada

Soldados israelíes detienen a un palestino en Hebrón, en febrero de 2018.
Soldados israelíes detienen a un palestino en Hebrón, en febrero de 2018. REUTERS

La violencia se ha convertido en una rutina en los territorios palestinos, que se encuentran al borde de un estallido de imprevisibles consecuencias en el conflicto más antiguo de Oriente Próximo. Con el proceso de paz paralizado desde abril de 2014, una profunda crisis económica acelerada por los recortes drásticos decretados por la Administración de Trump y la multiplicación de asentamientos en Cisjordania, los palestinos avanzan sin horizonte, sin que puedan agarrarse a ninguna esperanza de que su situación vaya a mejorar en el corto, medio o largo plazo. En diez días, según datos de Naciones Unidas, han muerto tres israelíes y cinco palestinos en diferentes ataques, enfrentamientos u operaciones militares en Cisjordania. Cuatrocientos palestinos y 13 israelíes han resultado heridos y más de 200 palestinos han sido detenidos en ese mismo periodo. En Gaza, más de 200 palestinos han muerto por disparos israelíes desde el 30 de marzo, cuando se multiplicaron las manifestaciones junto a la verja de separación. En total, en 2018 han muerto 14 israelíes y 284 palestinos.

Editoriales anteriores

El espejo de Netanyahu (18/10/2018)

Un Israel solo para judíos (19/07/2018)

Matanza en Israel (14/05/2018)

Ninguna de estas cifras, ni las imágenes de las víctimas de ambos bandos, han cambiado un ápice la situación, más bien todo lo contrario, dado que en las últimas semanas la violencia se ha multiplicado. La pobreza y la desesperanza a la que están condenados los palestinos enclaustrados en Gaza o sometidos a una ocupación en Cisjordania, donde viven entre controles militares, detenciones y agresiones de colonos, solo pueden hacer pensar que las cosas van a ir a peor, aunque es demasiado pronto para hablar de nueva Intifada.

Lo ocurrido a lo largo de 2018 ha alejado la posibilidad de avanzar hacia una solución. La gestión de la presidencia de Trump ha sido nefasta, tanto por el traslado de su embajada a Jerusalén, lo que provocó un estallido de violencia, como por la reducción de los fondos que destina a los refugiados palestinos. De los 365 millones de dólares prometidos, solo ha entregado 60 antes de cerrar el grifo, lo que ha llevado a Naciones Unidas a realizar una petición de ayuda humanitaria urgente para 2019. Mientras, el Gobierno israelí de Netanyahu se ha convertido en el más nacionalista de la historia del país con su política de autorización de asentamientos ilegales —más de 400.000 colonos viven entre 2,6 millones de palestinos en Cisjordania— y el cierre de cualquier canal de diálogo.

Si los palestinos no pueden esperar nada actualmente de los Gobiernos de Trump o Netanyahu, solo que sean derrotados en las urnas y que no venga nada peor, su única esperanza reside en la comunidad internacional y que, en un mundo multilateral, nuevos actores se nieguen a resignarse ante la violencia y la injusticia.

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