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‘Fake Spain Great Again’

Vox recuerda a otros partidos nacionalpopulistas europeos: sensacionalismo xenófobo, rechazo al 'establishment' y confusión entre incorrección política y pensamiento crítico

Santiago Abascal, líder de Vox, durante la reunión de la ejecutiva del partido en Madrid.
Santiago Abascal, líder de Vox, durante la reunión de la ejecutiva del partido en Madrid. GTRES

La irrupción de Vox en las elecciones andaluzas ha supuesto el fin de la excepción española: ya tenemos extrema derecha parlamentaria. Recuerda a otros partidos nacionalpopulistas europeos: sensacionalismo xenófobo, rechazo al establishment (aunque algunos de sus dirigentes vengan de la élite), y confusión entre incorrección política y pensamiento crítico. Pero la neocarcundia se adapta a la forma tradicional local. En España asume características del nacionalcatolicismo, con una visión centralista y uniforme: el primer problema de los líderes de Vox es que hay un montón de españoles que no les gustan. No defiende el chovinismo de bienestar, sino menos Estado: es otra característica de nuestra derecha. Como todos los imaginarios nacionalistas, el suyo se basa en un relato pseudohistórico y kitsch. Lo que para los expertos es falaz para ellos es hablar sin complejos: Fake Spain Great Again.

Ignacio Jurado ha analizado las razones del ascenso: factores culturales como la reacción a cambios sociales, la crisis catalana, la inmigración; factores económicos como la inseguridad; elementos de competición política como la fragmentación de la derecha; la combinación de un Gobierno muy duradero y corrupción que facilitaba un discurso antiélite. Se ha explicado también según criterios de partido: hacen pensar que seguiremos más o menos igual, centrados en el beneficio inmediato. El PSOE ha tratado el asunto con cinismo: quienes llegaron al poder con apoyos de Bildu, el independentismo catalán y Podemos señalaban la inmoralidad de alcanzar acuerdos con fuerzas contrarias a la Constitución. Iglesias, al hablar de alerta antifascista, se mostraba tan partidario del recreacionismo histórico como de la irresponsabilidad democrática; Errejón era más astuto cuando decía que en vez de demonizar a los votantes de Vox había que atender a las causas de su elección. Ciudadanos, que se define como un partido liberal y racionalista, no debería acercarse a una formación esencialmente antiliberal, construida de metafísica nacionalista y nostalgia de la hombría. Si cuando surgió Podemos parte del PSOE lo trataba como el partido de sus hijos, el PP trata a Vox como su hermano pequeño: quizá podamos cenar todos juntos en Navidad. Unos parecen resignados a racionalizar de antemano el apoyo a la ultraderecha; para otros, la situación, convenientemente exagerada, es una oportunidad de desgastar al contrario. Y entre todos lo acabaremos normalizando. @gascondaniel

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